Hormigas devorando el sol: 4 poemas de Estiven Medina Ortiz

[Artículo por: Roberto Valdivia]

Junior Estiven Medina Ortiz es uno de los poetas peruanos jóvenes más interesantes y prolíficos de los últimos años. Perteneciente a esa ola de escritores post-internet, influenciados por la cultura pop y provisto de una sensibilidad abierta y sincera, denominada ‘Lo Sentimentalito’. Junto a Kevin Castro, es uno de los autores más representativos de la estética de este grupo.

Luego de haber publicado una cantidad casi imprecisable de pdfs a través de plataformas digitales desde 2014,  Estiven Medina publica su primer libro en formato físico en 2017: Hablemos de mí, mientras las hormigas devoran el Sol, Parte II (Sub25 Editores).

Hablemos de mí… es su trabajo más conciso y pensado, un breve tratado sobre la juventud rumbo a la adultez, un viaje en el cual la adolescencia se vuelve obsoleta y los personajes caen para romperse los huesos. Para Estiven Medina solo hay un aprendizaje, y este es posible luego del dolor de crecer.

La estética de Estiven Medina en Hablemos de mí… rechaza la inteligencia y el hermetismo de los poetas peruanos de los 90s y los 2000s, situándose más bien como una especie de poeta ‘amateur’, dinámico y lúdico, dueño de una técnica que parte del hazlo tú mismo de los punks y el indie.

Los siguientes poemas han sido extraídos de Hablemos de mí, mientras las hormigas devoran el Sol (Parte II).

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Portada de Hablemos de mí, mientras las hormigas devoran el sol; de Estiven Medina Ortiz. Sub25 Editores, 2017.

 

*

En mis venas llora el deseo/ torrentes de exclamados corazones/ el abismo con anteojos sonríe mientras mis labios no sirven como puente/ cruzar al vacío es maldecir contra una pared donde la humedad ha dejado tu rostro/ he besado despacio tus pies/ quiero ser tu camino/ luego rezo tan terrible/ pierdo la fe/ palabras emergen como náufragos de mi boca/ desesperados huesos de recuerdo que astillan/ corazones pintaba yo/ viviré más en un campo de fresas oxidadas dentro de tu vientre/ dormiré como un vagabundo mordiendo tus senos mientras el reloj se atasca en aquel minuto que llevaremos como símbolo de una época/ de suciedad luminosa/ las luces que evidencian tu piel en el murmullo de la mañana/ la ventana está abierta/ y nos pensamos como suicidas enamorados y atravesar la ventana de un salto es tan tierno como cantar el himno de las venas cortadas/una ráfaga de fuego ha anunciado la depresión del sol/ salto de una altura deliberadamente desgraciada y me quiebro un hueso y corres soltando lagrimitas a la farmacia a comprar un hueso que con suerte será de mi medida y nos hemos gastado todos los ahorros y ya no nos drogaremos y eso será tan triste ☹ y te veo en borrosa historia colocarme el hueso que compraste con tanto amor mientras deshechas el quebrado/ (y un perro que salta del hoyo del universo lo ha cogido) / y nos hemos reído pensando lo grandiosos que somos/ reímos y todas las nubes sonríen y es tan idiota ahora/ quiero sangrar/ quieres sangrar y/ el corazón debe latir y llamarse desgraciado/ así/ como un cumplido. Sabes que ya no puedo leer ☹ / que duermo tanto y luego al despertar estoy tan afligido por haberme traicionado/ y sorbo a sorbo termino el mate y me digo así no llegaré a ningún lugar/ sólo me queda ser tan honesto hasta ser un gusano despreciable y ovillarme y escupirme las manos y escupir hasta el techo y contemplar a esa masa de baba siempre a punto de caer.

…/ una vez te conté algo que me pareció curioso pero que evidentemente no te sorprendió/ te dije que mi timidez había sido derrotada al consentir el impulso/ tus ojos impasibles acariciaban mi pecho/ le pedí a una chica que me dijera que cuántos años tiene/ entiendes?/ aparecida esa pregunta en mi cabeza hubo eso que la reprimió de golpe pero yo volví a intentarlo/ ya sé que el truco es actuar de inmediato/ pero ésta vez me fue más difícil/ lo logré y casi me río de la sonrisa de aquella chica que en el fondo tenía pintado un arcoíris de puro amor/ creo que no te importa/ me dijo/ en verdad me importa mucho/ le mentí/ y como un charco profundísimo ella me dijo que su edad le dolía/ no sabes lo que es estar frustrada y no poder suicidarte/ me dijo/ en el cielo se puede ver un reloj vencido/ le dije/ y ella hizo un gesto por no decir que ya lo sabía/ y le dije te amo/ ella sonrió arreglándose el pelo que se le había soltado por el lado izquierdo de su amargura/ no respires por favor/ le supliqué/ ella fue entendiendo un poco mi capricho/ 20 tengo/ 20 qué? Le pregunté/ 20 años Me respondió/ y yo me emocioné tanto que la besé mientras mi corazón dejaba de latir

 

¿En qué momento la muerte es celebración?

Tomas mi mano

Y adivinas el ritmo de mi pulso

te pones a bailar la danza ancestral de corazón y
dices: no pienso soltarte

y piensas: tal vez llegue a soltarte

luego me devoras con un par de besos

y yo respiro por última vez

me sonrojo por el nerviosismo y

pienso en un cementerio que pueda haber cerca
adónde podamos ir a exhumar más emociones
mientras cantamos el himno de la sombra

y yo te espero sintiéndote a un milímetro de distancia
mis ojos se dilatan siguiendo el juego del reflejo/
no tengo por qué temer

y temo.

 

Creo que deberías amarme

(fragmento)

No creas que soy insensible, soy más bien un poco tonto.
Hace mucho hubiera pensado:
“¡Es como si llegara tarde!”
Como si escribiera cartas a deshora a un cadáver que duerme ya en
mi espalda
La próxima vez te buscaré ni bien nazca y no me largaré
hasta hacerte reír
y pensaré “qué buen tipo soy” y luego escribiré el siguiente poema:

Escribir un poema bajo la lluvia es tan gratificante como fumar un cigarro bajo la lluvia mientras recito un poema
Debimos despedirnos con un abrazo o algo
Porque en el fondo sé que es la última vez.
Pero ni tú ni yo dispusimos los brazos para eso,
forzarte hubiera sido tosco y me hubiera hecho quedar como un desesperado.
De modo que te digo chau casi odiándote, pero odiar de tristeza es como amar muy temprano.
Apuro los pies y busco en mi bolsillo el cigarro
lo enciendo y llueve como si las nubes vomitaran conmovidas
y me empapo todito el cuerpo poeta
y grito palabras ininteligibles que constituyen el poema
más conmovedor jamás oído”

Un poema es el autor huyendo de sí mismo

(Todo lo revierto, porque prefiero el otro lado.
Si digo estoy triste
Tal vez quiero decir: quiero estar triste porque esta alegría no me deja escribir).

Si me preguntaras en qué pienso
Respondería:
Soy la portada de mi libro, pienso en eso.

El séptimo síntoma fue pensar: “acaso esa serie de textos que supuse perdida
se encuentre en mi viejo librero donde cultivé el noble hábito de apilar
manuscritos indistintamente de su tema o propósito”
Y de pronto
recuerdo la ubicación exacta y
hago todo lo posible para volver allí,
a aquella habitación donde está el librero
(Esto implica: conseguir dinero, disponer del tiempo
necesario. Pedir prestado y urdir un montón de
mentiras).
Viajo, caviloso.
Pensando inútilmente:
Espero sigan las cosas como antes…
esto es como viajar en el tiempo…
es grandioso/ y me siento solo…
estoy viajando a cuando no me sentía solo…
va a ser extraño…
Y me encuentro desconcertado al encontrar mi habitación ocupada por un personaje extraño que me hace gestos obscenos desde la puerta
Y le digo con la voz ruidosa: éste es mi cuarto, debes largarte, no sé por qué estás viviendo aquí.
Él ignora lo que voy diciendo y persiste en su manía de amenazarme desde una distancia inútil.
Yo saco del bolsillo el encendedor que utilicé para prender el cigarro que fumé en el poema que escribí arriba
El fueguito sale sosteniéndose débilmente en el aire.
Mientras miro al tipo algo asustado
voy diciendo cosas como:
Voy a tirar esto/ huye, amigo/ no puedes plantar tu existencia en mi soledad/ / éstas son las ruinas de mi gloria.
El personaje extraño corre aterrado por un camino que pareció bifurcarse en segundos y mientras voltea el rostro hacia mí
Me recuerdo viéndome en el espejo y preguntándome:
Seré éste en los días del futuro? / Huiré amedrentado por algo?/
La oscuridad lo absorbió con displicencia.
Quizá haya actuado de la forma menos inteligente y no tengo más que lanzar el encendedor a mi habitación vacía / se consume todo, muy rápido.

(Y luego intento inútilmente rescatarlos del fuego).

El octavo síntoma fue una canción que anunciaba la pérdida de memoria que habría de sufrir tres años después mientras iba a la mitad de una novela que trataba sobre un hombre que se pasaba la vida sentado sobre un reloj inservible/ en un mundo aún desconocido…
hubo alguna desconexión en mi cerebro que hizo que perdiera todo interés por terminarla.
Me pasé días enteros frente a las páginas/ intentando descifrarlas cada cierto tiempo/ sabiendo que era inútil y esperando que acabara pronto.
Me sentía tonto cuando cogía un libro y lo abría por la mitad para leer una línea, como un conjuro inservible y luego lo tiraba sintiendo muchas ganas de llorar y me disponía a continuar con el aseo de mi cuerpo.
Mi vida, en ese entonces, fue un conjuro inútil.
Quiero que mi cerebro sea una gran bestia que devore al tiempo (bis)
En serio lo quiero, porque sino el tiempo me ha de devorar
Y mi cerebro quedará tan triste que al reventarse como una vieja bolsa (bis)
Saldrán papelitos con inscripciones:
…La tristeza es el corazón de mi cerebro.
…Mi cerebro pudo haber sido una gran bestia.
/… estoy haciendo un esfuerzo para escribir esto (bis)
…Mi cerebro es una habitación donde ya no soporto estar….
…Estoy perdiendo la memoria (bis).

Puse un aviso en la pared que decía:

REQUIERO DE UN MÉDICO QUE HAGA
POSIBLE EL RETORNO DE MI MEMORIA

Y al final coloqué una carita triste para que comprendieran que estaba muy afectado por lo que me ocurría.

Sólo se presentó un hombre flaco que aparentaba muchos años:

—Soy el doctor J. vengo por el anuncio.

—Qué bien, ya no soporto esto.

—Lo entiendo, también me pasó un par de veces.

—Es horrible.

—Lo sé.

—Y qué puede hacer por mí?

—Primero tengo que verificarlo.

—Sí.

—Quítese el cerebro.

—Bueno.

—Démelo. A ver, ha disminuido el volumen considerablemente…

—Hey, no lo vaya a soltar, cuidado.

—Descuide, soy un experto. Esta textura no me gusta para nada.

—Creí que era normal. Empiezo a preocuparme más.

—Nada que un buen sueño no pueda recomponer.

—He dormido mucho y no he notado ninguna mejoría.

—Dije un buen sueño, no dormir mucho.

—Se ha masturbado últimamente?

—Ya no, con la tristeza no puedo.

—Jaja
—Jaja ☹

—Bueno, como le dije, un buen sueño lo sanará.

—Una vez soñé que escribía un libro.

—Entonces escríbalo.

—No sé sobre qué escribir.
—Sobre cualquier cosa, hombre. Algo. Sobre una conversación estúpida, puede ser.

—Bueno, lo intentaré.

—Eh, ahora hablemos de mis honorarios.

—Ni siquiera sé si es usted un médico de verdad. Devuélvame el cerebro.

El noveno síntoma fue un retrato que me hicieron en el momento exacto de mi recuperación y que ahora yace sobre tu mesa y extiendes tu manito y con los dedos repasas los trazos como si fuera mi rostro vivo.

Del poema Creo que deberias amarme de Estiven Medina Ortiz

 

En aquél entonces todavía recibías mis llamadas.
Te dije una vez que sospechaba que algo malo me iba a suceder
Me dijiste que dejara de pensar en tonterías
Lo intenté/ pero no pude/ era como si tendría el deber de pensar en la sospecha y desmentirla por donde se pudiera/ haciendo razonamientos desordenados e insustentables sobre lo dañino que resultaban las supersticiones.
Me preguntaste sobre cómo iba el poema que estaba escribiendo.
Te dije que había empezado bien, que en la mitad perdí el hilo y no lo hallaba aún. Que me había puesto muy conversacional y me dijiste que conversacional me tendría que poner cuando estoy contigo, no cuando escribo y yo
sonreí y tú pensaste que había una interferencia en la llamada.

—Sabes qué quisiera antes de morir? Pedir a alguien que quemara todo lo que he escrito y que no me hiciera caso y los publicara igual.
Mejor publícalos mientras estés vivo.
—Es que sospecho que nadie va a querer hacerlo.

El décimo síntoma fue la oscuridad
La bombilla eléctrica quebró como si una mano la hubiese aplastado en su palma/
una mano salida de mi cabeza como un impulso inconsciente/
La bombilla eléctrica abrió la boca y mientras cerraba los ojos la luz corría a su interior/
he sido abandonado sin más medio de desahogo que mi cuerpo comprimiéndose /
lacerado por la oscuridad/ amado por la oscuridad/ con toda esa luz naciendo en otro lado/
una oscuridad que penetra la piel puede encender pequeñas reverberaciones de luz una fe sutil no secará la herida/ actúan como un remedio///las palabras son un placebo.

Uno sintiéndose solo sólo hace el ridículo. Una mosca se posa en mi cabeza
Y soy una montaña gigante Por donde el sol no despunta/
Sentirme solo en la oscuridad es ridículo/
La bombilla eléctrica abre los ojos y sonríe en lo alto:

Mientras el sol
me da en la espalda
estoy decidiendo
entre sentir la derrota
o un poco de calor.

Me recuerdo…

 

Mientras me cuentas lo bien que te ha ido, yo apunto al sol con una pistola que formo con los dedos

La vida fue un desperdicio que nos dejó contentos
Hazme un espacio para ver juntos el horizonte que se guarda en nuestra mente
O inclina tu cuerpo al mío para confirmar que algún día sospecharon con irse.
Hemos leído nuestros poemas irradiando esa luz que se descompuso al contacto del sol
El sol fue cruel
pero eso no nos impidió ser felices y hacernos cosquillas y besarnos sólo para sentir cómo la vida se nos escapaba de nuestras manos.
Luego seremos nosotros los que exijan ser sepultados!
El trabajo ha dejado su olor nuestro cuerpo
Hablo de ti para no sentirme solo
Y porque además has ejercido la confianza que nunca tuve
No he trabajado con ánimo porque la muerte llamaba a mi puerta
nunca quise abrirle
pero un día le abrí
porque pensé que sería como el sexo brutal entre nosotros.
Hemos sido optimistas y tachado algunas palabras
Y nos hemos contado todo con una resignación respetable
Que no lo hemos hecho tan mal
hubiera sido peor no haber hecho nada
Quizá el sol es un globo que quema nuestras cabezas porque está triste.
Nunca tratamos de explicar ese rencor que le tuvimos:
Si no fuera por él
Estaríamos muriéndonos de frío
Somos unos desagradecidos que no tienen el mínimo reparo en usarlo en metáforas tontas.
Es como si te dijera
Cambia esa canción
Que me recuerda a esas cosas desagradables
Y luego nos pusiéramos a bailar por siempre.
Mi corazón
Es un montón de hormigas
Yendo a devorar el sol
que es la muerte.

El escritor peruano Estiven Medina Ortiz.

Junior Estiven Medina Ortiz (Abancay, Perú, 1995 — ♥) Ha publicado de manera virtual los poemarios Hablemos de mí mientras las hormigas devoran el Sol, Parte I (2014), Apaguen el Fuego (2015), Día de los Muertos (2015), Delirios de Grandeza (2016) así como los fragmentos de una novela-poemario en la plataforma Palimpsesto.

En 2017 publicó Hablemos de mí mientras las hormigas devoran el Sol, Parte II; con Sub 25 Editores.

Junto a su actividad de escritor, Estiven Medina Ortiz es también un músico y artista gráfico, la totalidad de su proyecto musical lo-fi “Señor Piedra” puede ser escuchado en su canal de Youtube.

Él mismo ha diseñado el arte de cada uno de sus libros incluyendo la portada de su último libro en formato físico, valiéndose por lo general únicamente de programas como Paint. Estiven Medina suele describirse a sí mismo como una persona “hiper-activamente creativa”, hecho comprobable si revisamos la cantidad de pdfs, discos y dibujos que libera a través de sus proyectos artísticos en Internet.

Sin duda, ser un artista multidisciplinario ha influido decisivamente en la escritura de Estiven Medina. A la par de referentes literarios, en sus poemas pueden ser rastreadas la lírica del indie más sentimental, avenida donde transitan las letras de Daniel Johnston, Sonic Youth o de Will Toledo (Car Seat Headrest). Influencias que a estas alturas son en realidad naturales para un autor aparecido en el mundo post-internet, pero que por diversas razones en el Perú y Latinoamérica son tomadas como raras o poco literarias.

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