Puerta o corazón abierto: todos los poemas de El Río de Javier Heraud

[Artículo por: Jesús Lévano]

Perteneciente a la generación peruana del 60, integrada por autores como Arturo Corcuera, Luis Hernández, Antonio Cisneros, César Calvo, Rodolfo hinostroza, Marco Martos, Hildebrando Pérez, Juan Ojeda, Winston Orrillo, Livio Gómez, entre otros. Javier Heraud destacaría por mostrar una escritura fresca y original que proponía una ligera ruptura frente a su generación anterior, por ser además uno de los primeros en este grupo en publicar —mostrando dos libros en 1960— y por su repentina y lamentable muerte, que impactó a todos sus compañeros de generación cuando apenas tenía 21 años.

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La vida de Javier Heraud fue bastante intensa, entre 1958 y 1963 ingresó a la Facultad de Letras de la Pontificia Universidad Católica del Perú (con 16 años), se dedicó a la docencia en ese mismo tiempo —siendo probablemente el profesor más joven del país—. Ingresó también a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para estudiar Derecho, viajó por Europa, Asia y terminó en Cuba con una beca para estudiar cine, antes de regresar nuevamente a Perú. Y en este periodo escribió tres poemarios.

En la década del 60 también se creó el prestigioso Premio El Poeta Joven del Perú, por el poeta y editor Marco Antonio Corcuera, que dio como ganador en la primera edición a Javier Heraud y César Calvo, por sus libros El viaje y Poemas bajo tierra, ambos autores con 18 y 20 años.

Aunque su libro El río —publicado el mismo año que El viaje— se convertiría en el poemario más citado y homenajeado de su carrera, un libro con un extenso poema del mismo nombre, donde juega describiéndose como un río y yendo de la vida a la plenitud y la muerte, y que fue aceptado de inmediato por los circuitos literarios de su época.

Hildebrando Pérez —amigo y compañero de generación— definiría su éxito así en una conferencia sobre su obra:

Cuando nos preguntamos por qué la crítica recibió con alborozo El río fue porque la textura de su lenguaje, las formas discursivas, no son del lenguaje coloquial. Este poema, de nueve estancias, es un texto fundador de lo que luego vendrá en la poesía peruana. Es un poema que evidencia una crisis del sistema poético en nuestro país porque este texto, este acento, ya no tiene raíces muy visibles con la tradición de la lírica española. Hay una suerte de ruptura, de cambio, una suerte de tratar de poetizar con otro lenguaje pero que todavía no está visible en ese estilo.

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Portada de El río, de Javier Heraud. Editorial Peisa.

 

la vida baja como un ancho río
Antonio Machado

 

El río

 

1

Yo soy un río,
voy bajando por
las piedras anchas,
voy bajando por
las rocas duras,
por el sendero
dibujado por el
viento.
Hay árboles a mi
alrededor sombreados
por la lluvia.
Yo soy un río,
bajo cada vez más
furiosamente,
más violentamente
bajo
cada vez que un
puente me refleja
en sus arcos.

 

2

Yo soy un río
un río
un río
cristalino en la
mañana.
A veces soy
tierno y
bondadoso. Me
deslizo suavemente
por los valles fértiles,
doy de beber miles de veces
al ganado, a la gente dócil.
Los niños se me acercan de
día,
y
de noche trémulos amantes
apoyan sus ojos en los míos,
y hunden sus brazos
en la oscura claridad
de mis aguas fantasmales.

 

3

Yo soy el río.
Pero a veces soy
bravo
y
fuerte
pero a veces
no respeto ni a
la vida ni a la
muerte.
Bajo por las
atropelladas cascadas,
bajo con furia y con
rencor,
golpeo contra las
piedras más y más,
las hago una
a una pedazos
interminables.
Los animales
huyen,
huyen huyendo
cuando me desbordo
por los campos,
cuando siembro de
piedras pequeñas las
laderas,
cuando
inundo
las casas y los pastos,
cuando
inundo
las puertas y sus
corazones,
los cuerpos y
sus
corazones.

 

4

Y es aquí cuando
más me precipito
Cuando puedo llegar
a
los corazones,
cuando puedo
cogerlos por la
sangre,
cuando puedo
mirarlos desde
adentro.
Y mi furia se
torna apacible,
y me vuelvo
árbol,
y me estanco
como un árbol,
y me silencio
como una piedra,
y callo como una
rosa sin espinas.

 

5

Yo soy un río.
Yo soy el río
eterno de la
dicha. Ya siento
las brisas cercanas,
ya siento el viento
en mis mejillas,
y mi viaje a través
de montes, ríos,
lagos y praderas
se torna inacabable.

 

6

Yo soy el río que viaja en las riberas,
árbol o piedra seca
Yo soy el río que viaja en las orillas,
puerta o corazón abierto
Yo soy el río que viaja por los pastos,
flor o rosa cortada
Yo soy el río que viaja por las calles,
tierra o cielo mojado
Yo soy el río que viaja por los montes,
roca o sal quemada
Yo soy el río que viaja por las casas,
mesa o silla colgada
Yo soy el río que viaja dentro de los hombres,
árbol fruta
rosa piedra
mesa corazón
corazón y puerta
retornados,

 

7

Yo soy el río que canta
al mediodía y a los
hombres,
que canta ante sus
tumbas,
el que vuelve su rostro
ante los cauces sagrados.

 

8

Yo soy el río anochecido.
Ya bajo por las hondas
quebradas,
por los ignotos pueblos
olvidados,
por las ciudades
atestadas de público
en las vitrinas.
Yo soy el río
ya voy por las praderas,
hay árboles a mi alrededor
cubiertos de palomas,
los árboles cantan con
el río,
los árboles cantan
con mi corazón de pájaro,
los ríos cantan con mis
brazos.

 

9

Llegará la hora
en que tendré que
desembocar en los
océanos,
que mezclar mis
aguas limpias con sus
aguas turbias,
que tendré que
silenciar mi canto
luminoso,
que tendré que acallar
mis gritos furiosos al
alba de todos los días,
que clarear mis ojos
con el mar.
El día llegará,
y en los mares inmensos
no veré más mis campos
fértiles,
no veré mis árboles
verdes,
mi viento cercano,
mi cielo claro,
mi lago oscuro,
mi sol,
mis nubes,
ni veré nada,
nada,
únicamente el
cielo azul,
inmenso,
y
todo se disolverá en
una llanura de agua,
en donde un canto o un poema más
sólo serán ríos pequeños que bajan,
ríos caudalosos que bajan a juntarse
en mis nuevas aguas luminosas,
en mis nuevas
aguas
apagadas.

 

Una piedra

Piedra fría,
solenme piedra
¡si pudieras hablar
en mi costado,
si pudieras cantar en
tu vertiente!
Si desembocaras en un
ancho río,
Y trajeras la paz al
mundo entero,
al cantarte en tus
aguas destiladas,
alma serías en mi
frente oscura,
brazo serías
de mi antigua
cabellera.

 

Solo

En las montañas o el mar
sentirme solo, aire, viento,
árbol, cosecha estéril.
Sonrisa, rostro, cielo y
silencio, en el Sur, o en
el Este, o en el nacimiento
de un nuevo río.
Lluvia, viento, frío
y azota.
Costa, relámpago, esperanza,
en las montañas o en el
mar.
Solo, solo,
sólo tu sola risa,
sólo mi solo espíritu,
solo
mi soledad
y
su
silencio.

 

Mi casa

 

1

Mi cuarto es una
manzana,
con sus
libros,
con su
cáscara,
con su cama
tierna para
la noche dura.
Mi cuarto es el
de todos
es decir,
con su
lamparín que
me permite reir
al lado de Vallejo,
que me permite ver
la luz eterna de
Neruda.
Mi cuarto, en
fin,
es una
manzana,
con sus libros,
sus papeles,
conmigo,
con su
coraazón.

 

2

Por mi ventana nace
el sol casi todas
las mañanas.
Y en mi cara,
en mis manos,
en el dulce
clamor de la luz pura,
abro mis ojos entre la
noche muerta,
entre la tierna
esperanza de
quedar vivo un
día más,
un nuevo día,
para
abrir los
ojos ante la
luz eterna.

 

Unas cosas

Mariposas, árboles
calles angostas y
venideras, ¡cómo decirles
que a la hora del crespúsculo
sus ramas vivideras volverán
a crujir en la tormenta!
Si en la noche
remontaran el más ancho río,
¡cómo negarles su candor
sangriento,
su pecho claro
esclarecido!
Mariposas, árboles en la
tormenta, en el río claro
merced vuestras alas al
ruidoso viento
que entre los dos saldrá
la madrugada.

 

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El escritor peruano Javier Heraud.

Javier Heraud Pérez (Miraflores, Lima, Perú, 19 de enero de 1942 — Madre de Dios, 15 de mayo de 1963) fue un poeta, profesor y guerrillero peruano. Ha escrito El río, El viaje y Estación reunida.

En 1958 —con 16 años— ingresó a la Pontificia Universidad Católica del Perú, y ese mismo año ejerció como profesor de inglés y castellano en el Instituto Industrial No. 24, siendo probablemente el profesor más joven del Perú.

Publica en 1960 sus dos primeros libros, El río y El viaje, ganando con el segundo el Premio Poeta Joven del Perú, compartido con César Calvo.

En 1961 ingresa a estudiar a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y ese mismo año realiza una serie de viajes por Moscú, China, París y Madrid. En 1962 viaja a Cuba gracias a una beca para estudiar cine, donde conoce a Fidel Castro.

Al volver a Perú en 1963 se une al grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional, con el seudónimo de Rodrigo Machado.

Solo meses más tarde, el lunes 15 de mayo de 1963 en Puerto Maldonado —mientras estaba con miembros del Ejército de liberación— libra una discusión con la Guardia Republicana. Esto termina en una persecución donde, tras recibir 19 disparos de metralleta, fallece Javier Heraud a los 21 años.

Póstumamente se publica su libro Estación reunida, que ganó los juegos florales de la Universidad de San Marcos.

Sobre su repentina muerte comentó Sebastián Salazar Bondy:

“Ayer no más una noticia nos sacó de nuestro resignado acatamiento de la muerte anónima, la de la víctima sin rostro, comunero, indio, minero mestizo o estudiante revolucionario. Una ráfaga de odio había acabado con un poeta. Y no lo quisimos creer. Hasta hace apenas un año estaba entre nosotros, era un joven compañero, todavía un adolescente, y su talento nos sorprendía, nos enorgullecía.”

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Saludos amigos poetas y gracias por permitirme estar con ustedes.
Sobre Javier Heraud, les diré que lo conocí por allá por los años 60 cuando yo trabajaba en el restaurante, ” EL HUECO EN LA PARED” que quedaba en la primera cuadra del jirón Moquegua en el cercado de Lima, para entonces, el era muy joven y acudía, de vez en cuando, a ese local con su señor padre y un tío; y bueno, en ese entonces yo también era joven y no había pensado en publicar algunos de los poema, que de vez en cuando escribía.
Hasta pronto

Excelente pagina, me permite conocer y saber sobre grandes personajes de la literatura, esto amplia mis horizontes y aumenta mi conocimiento. Deberían Los peruanos apostar por la cultura y el conocimiento, esto nos haría mejores y nos permitiría contribuir a mejorar el mundo.