Así, luche con el silencio: la poesía en una carta de Octavio Paz

[Artículo por: Jesús Lévano]

Cuando el joven escritor español [de 22 años] Pere Gimferrer publicó su primer libro Arde el mar en 1966 —libro que le hizo merecedor del Premio Nacional de Poesía de España y que fue alabado por la crítica de su país— creyó necesario enviarle un ejemplar a un poeta mexicano que admiraba y que sería una influencia importante en su vida literaria, este escritor era Octavio Paz.

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Paz, que ya tenía 52 años y era un escritor reconocido por obras como Libertad bajo palabra, Salamandra, El laberinto de la soledad, o El arco y la lira, recibió con cariño este singular libro, y empezó una amistad y una correspondencia con Pere Gimferrer que duraría más de 30 años, hasta el momento de la muerte de Octavio Paz.

Estas cartas, que en palabras de Gimferrer mostraban algunas de las mejores, más conmovedoras, más bellas y más apasionantes páginas de prosa que haya escrito jamás Octavio Paz no fueron publicadas hasta 1998, un año después del fallecimiento de Paz, cuando fueron recogidas por Seix Barral bajo el título Memorias y palabras.

En estas cartas encontramos detalles de la vida de Octavio Paz, sus viajes, sus proyectos, y sobre todo sus impresiones sobre literatura, política y un centenar de personajes literarios, artísticos e intelectuales, en sus más de 400 páginas.

De estas cartas hemos seleccionado la escrita el 23 de abril de 1967 [fecha considerada Día del libro desde 1996]. Una carta en respuesta a otros poemas que envió Pere Gimferrer a Octavio, que se diferenciaban de su primer libro Arde el mar. Una carta que sorprende por la pasión con la que Paz analiza los poemas de Gimferrer, y que toma como partida para explicar su visión de la poesía, los poetas y la fascinaciones producidas en el mundo después de las vanguardias.

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Portada de Memorias y palabras, cartas de Octavio Paz a Pere Gimferrer 1966—1997. Seix Barral, 1999.

 

Delhi, a 23 de abril de 1967

[Embajada de México]

Querido amigo:

Me apresuro a contestar su carta. De otro modo no lo haré nunca.

Espero con impaciencia la aparición de su artículo en Ínsula. Una impaciencia natural: su artículo anterior fue de tal modo generoso que no sé si le di las gracias como debía…

Recibí también Tres poemas.* Me pide usted un juicio sobre ellos. Le daré algo menos pero tal vez más directo: mi impresión. Ante todo: usted es un poeta (de eso no hay duda) y todo lo que usted escriba será escritura de poeta. La cita o epígrafe es irónica pero no sé si los poemas, salvo en momento aislados, lo sean realmente. El tono es muy distinto a Arde el mar. Quiere ser más recogido y proceder por alusiones más que por menciones. Quiere usted contar —no sucesos sino emociones o descubrimientos psíquicos dentro de un contexto real, preciso, prosaico. Todo eso me parece muy bien como programa —aunque me recuerde el programa de cierta poesía en lengua inglesa. Pero me parece que entre su programa y su lenguaje, entre su idea y su temperamento, hay un espacio en blanco. No lo veo en ese realismo psicológico —como no veo a Aleixandre, que ha intentado algo parecido recientemente. Además, su lenguaje no se presta a esa clase de realidades. Habría que hacerlo más sobrio, y más coloquial, por una parte, y, por la otra, más <<científico>>.** Ustedes —perdóneme la franqueza y acéptela como lo que es: interés apasionado— ven la realidad o como algo grotesco y terrible (ahí casi siempre aciertan) o de un modo sentimental. Y ese género de poesía reclama objetividad extrema. Es lo que no encuentro en sus tres poemas —ni en la mayoría de los que ahora se escribe en España bajo el rótulo del <<realismo>>, sea o no <<social>>. Habría que usar un lenguaje más ascético, más decididamente prosaico o más desgarrado, más seco… y sobre todo, que no se oiga la voz del autor, que la moral la extraiga el lector sin que el poeta se lo diga. Yo veo en la actual poesía española dos notas que no son modernas: el sentimentalismo y el didactismo —juicios sobre el mundo y expresiones sentimentales. Por otra parte, en sus poemas la frase, a mi juicio, es demasiado larga, abundan los adjetivos y muchas veces son los previstos. Pero como usted es poeta, una y otra vez la poesía vence al estilo, destruye la manera e irrumpe: <<planeta de agua incandescente>> = espejo con sol o luz, es memorable. La alusión a la muerte de Hitler también es eficaz pero la descripción que la precede es demasiado larga y convencional. (Ya sé que usted quiere que sea convencional pero podría lograrlo con mayor economía, y de una manera que hiera más al lector). Aquello de la iglesia saqueada, el dragón y demás, merecía más que una enumeración —y sustantivos y adjetivos más enérgicos… Pero es posible que me equivoque.

A mí me gusta más, muchísimo más, Arde el mar. Ese libro me entusiasmó. Rompía usted, precisamente, con esa poesía a la que ahora regresa y con la que estoy en desacuerdo, ya le dije, por dos razones; la primera porque no encuentro en ella la precisión, la ironía, las iluminaciones de ciertas zonas sombrías del alma o de la vida diaria, que me da la poesía de lengua inglesa y de la cual la española es, a un tiempo, una adaptación y una amplificación, a veces romántica (Cernuda, usted) y otras, las más, retórica; la segunda, porque esa poesía, inclusive en lengua inglesa, no es moderna ni representa la <<vanguardia>> (para emplear ese vulgar y antipático término). La poesía moderna en lengua inglesa es lo que está después, no antes, de Pound y W.C Williams; en Francia, lo que viene después del surrealismo (que es bien poco); en lengua española, lo que hay después de Poeta en Nueva York, Altazor, La destrucción o el amor, Poemas Humanos, Residencia en la tierra. En Hispanoamérica sí han ocurrido cosas después de esos libros: Lezama Lima, Parra, Enrique molina y otros más. Pero ¿en España? En españa hubo un regreso y por eso yo saludé su libro con entusiasmo. Me pareció, me parece, que reanudaba la gran tradición moderna de la poesía de nuestra lengua y que no era un regreso —como dice la nota de Tres poemas— a la vanguardia de 1914 (eso es no saber lo que fue esa vanguardia), sino una ruptura del pseudorrealismo. Arde el mar fue inactual en España porque usted escribió un libro de poesía contemporánea y con un lenguaje de nuestros días, hacia adelante, en tanto que la poesía de la España actual es inactual por ser una poesía pasada. De nuevo: perdone la brutalidad de mis juicios pero crea que no se los comunicaría si no contase de antemano, primero, con su inteligencia y, en seguida, con su generosidad.

Por último: los poetas contemporáneos en todo el mundo —excepto en España, en donde el realismo descriptivo, nostálgico y didáctico sigue imperando como si viviésemos a fines del siglo XIX— están fascinados por las relaciones entre la realidad y el lenguaje, por el carácter fantasmal de la primera, por los descubrimientos de la lingüística y la antropología, por el erotismo, por la relación ente las drogas y la psiquis y, en fin, por construir o destruir el lenguaje. Pues lo que está en juego no es la realidad sino el lenguaje. Y lo está de dos modos: la realidad del lenguaje y el no menos formidable lenguaje de la realidad. En ese sentido —no en el de la retórica verbal— el surrealismo ha pasado —aunque, como es natural y con otro nombre, reaparecerá, reaparece ya en la búsqueda de los poetas nuevos. Querido Gimferrer: ponga en duda a las palabras o confíe en ellas —pero no trate de guiarlas ni de someterlas. Luche con el lenguaje. Siga adelante la exploración y la explosión comenzada en Arde el mar. Hoy, al leer en un periódico una noticia sobre no sé qué película, tropecé con esta frase: el hombre no es un pájaro. Y pensé: decir que el hombre no es un pájaro es decir algo que por sabido debe callarse. Pero decir que un hombre es un pájaro es un lugar común. Entonces… entonces el poeta debe encontrar la otra palabra, la palabra no dicha y que los puntos suspensivos de <<entonces>> designan como silencio. Así, luche con el silencio.

El destino de un poeta —como el de todo ser humano— es imprevisible y misterioso. Quizá usted debería haber escrito Madrigales. Quizá sin Madrigales usted no escribirá lo que un día debe escribir y que será la negación de esos poemas y de Arde el mar. Si es así (y no lo dudo) esta carta es una necedad que no tiene otra excusa que ésta: la he escrito como si me la escribiera a mí mismo.

Su amigo,

 
Octavio Paz


*Opúsculo mío publicado en Málaga en 1967 por Ángel Caffarena, con una nota de presentación de Alfonso Canales. Dos de estos poemas pertenecían a mi libro Madrigales, que he dejado inédito como tal, al igual que otros poemas de aquella època, a consecuencia de las observaciones de Octavio en esta carta y la siguiente. (Nota de Pere Gimferrer)
**Por ejemplo, en Lowell: lenguaje coloquial + lenguaje científico (psicológico) + Biblia + tradición poética europea. (Nota de Octavio Paz)


 
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Los escritores Octavio Paz y Pere Gimferrer.

Octavio Irineo Paz Lozano (Ciudad de México, México, 31 de marzo de 1914 – 19 de abril de 1998) poeta, ensayista y diplomático mexicano.

Ha escrito los poemarios Libertad bajo palabra, Salamandra, Ladera este, Topoemas, El mono gramático, Pasado en claro, Vuelta, entre otros.

Además destacan sus ensayos El laberinto de la soledad, El arco y la lira, Las peras del olmo, Los hijos del limo, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, y La llama doble.

Octavio Paz nació en el año 1914, en plena revolución mexicana. Al unirse su padre al movimiento zapatista, su madre Joséfina Lozano lo llevó a vivir con su abuelo, Irineo Paz —reconocido historiador y escritor mexicano— para luego mudarse a Estados Unidos, donde comenzó sus estudios primarios. En el artículo Poesía de circunstancias, publicado por la revista Vuelta, Paz hablaría de esta infancia llena de cambios, a raíz de su libro El labertinto de la soledad.:

Ya le dije que viví, durante mi niñez, algunos años en Los Ángeles. Mi padre era desterrado político. Me enviaron a una escuela y como yo no hablaba una sola palabra de inglés me costó mucho comunicarme con mis compañeros. El primer día hubo burlas y, claro, una pelea. Regresé a mi casa con el traje desgarrado, un ojo semicerrado y la boca rota. A los dos años volví a México y sufrí lo mismo entre mis compatriotas: otra vez burlas y puñetazos.

Su adolescencia sería marcada por la política y la literatura, adherido al pensamiento libertario, se convierte en activista de la Unión de Estudiantes Pro Obreros y Campesinos, y más tarde con el movimiento zapatista. Aunque décadas más tarde su afición política sería el liberalismo.

Además, en esos años leería por primera vez La tierra Baldía de T.S.Eliot, traducida como El páramo, por la revista Contemporáneos. Empezaría a publicar a los 16 años en revistas, y a los 19 años presentaría su primer poemario Luna silvestre, libro que Octavio decide ignorar en reuniones posteriores de su obra.

En 1937 es invitado al II Congreso internacional de escritores para la defensa de la cultura, en Madrid, Barcelona y Valencia. En este evento se encontraría con escritores como Tristan Tzara, Ernest Hemingway, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, César Vallejo, Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Antonio Machado, Rafael Alberti, entre otros.

Ese mismo año publicó Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España, libro que recogería en su antología más popular Libertad bajo palabra.

En 1943 recibe la Beca Guggenheim. En 1945 como diplomático mexicano reside en Francia hasta 1951, años en los que se relacionó con los surrealistas franceses como Bretón y Péret, quien tradujo partes de Piedra de sol al francés. Este acercamiento sería fundamental en su carrera, y se vería reflejado en su obra posterior.

En 1950 publica El laberinto de la soledad, un importante ensayo donde trata de buscar los orígenes del comportamiento mexicano, su psicología y su moralidad. En este ensayo Octavio Paz indicaría:

No pretendo justificar a la sociedad colonial. En rigor, mientras subsista esta o aquella forma de opresión, ninguna sociedad se justifica. Aspiro a comprenderla como una totalidad viva y, por eso, contradictoria. Del mismo modo me niego a ver en los sacrificios humanos de los aztecas una expresión aislada de crueldad sin relación con el resto de esa civilización: la extracción de corazones y las pirámides monumentales, la escultura y el canibalismo ritual, la poesía y la “guerra florida”, la teocracia y los mitos grandiosos son un todo indisoluble. Negar esto es tan infantil como negar el arte gótico o a la poesía provenzal en nombre de la situación de los siervos medievales, negar a Esquilo porque había esclavos en Atenas. La historia tiene la realidad atroz de una pesadilla; la grandeza del hombre consiste en hacer obras hermosas y durables con la sustancia real de esa pesadilla. O dicho de otro modo: transfigurar la pesadilla en visión, liberamos, así sea por un instante, de la realidad disforme por medio de la creación.

Este sería el libro que marcaría su inicio en el género del ensayo, actividad a la que dedicaría tanta pasión como a la poesía, donde publicaría más de 25 títulos, entre los que destacan El arco y la lira, Las peras del olmo, Marcel Duchamp o el castillo de la pureza, Los hijos del limo. Del romanticismo a la vanguardia, La llama doble y su monumental Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe.

En 1960 publicaría su más popular colección de poesía llamada Libertad bajo palabra, donde recopilaría su obra entre 1935 y 1957, destaca el libro ¿Águila o sol? y su poema Piedra de sol. Más tarde publicaría Salamandra, Ladera este, Topoemas, El mono gramático, Pasado en claro, Vuelta, entre otros.

Entre sus distinciones resaltan la Beca Guggenheim 1943, Premio Xavier Villaurrutia 1957, Premio Jerusalem 1977, Premio Nacional de Letras 1977 y el Premio Cervantes 1981.

En 1990 se le concede el Premio Nobel de Literatura: por una apasionada escritura con amplios horizontes, caracterizada por la inteligencia sensorial y la integridad humanística.

El domingo 19 de abril de 1998, fallece Octavio Paz a los 84 años, víctima del cáncer. Sus cenizas fueron acogidas por la Fundación Octavio Paz, la misma casa donde vivió Octavio Paz, y que ahora alberga la Fonoteca Nacional de México.

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