Las cartas de la ayahuasca: el viaje de Burroughs y Ginsberg

[Artículo por: Jesús Lévano] [Agradecimientos especiales a: Crhistian Bafomec]

Mucho antes de haber publicado su popular novela Naked Lunch (El almuerzo desnudo) el escritor William Burroughs llevó a cabo una serie de experimentaciones con diversos tipos de drogas, su búsqueda de otras conciencias (o la conciencia mayor) lo llevó a viajes inimaginados, cuyas experiencias apuntaría y daría forma en libros como Yonqui.

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Sin embargo, había un tipo de droga que no había consumido y de la que había oído mucho, una planta ancestral cuyos poderes alucinatorios y curativos llamaban cada vez más la atención, una droga que necesitaba de un guía o maestro al momento de consumirla y que solo podía encontrar en latinoamérica: la ayahuasca.

Es así como William Burroughs emprende su viaje por toda latinoamérica en busca de información y de una sesión con esta planta, y que mantiene una correspondencia especial con su compañero de generación Allen Ginsberg, recopilada en el libro Las cartas de la ayahuasca.

El libro se divide en dos partes:

La primera parte En busca del Yagé son cartas únicamente de William Burroughs escritas en 1953, que empiezan en Panamá y terminan en Perú, testimonios de Burroughs de sus investigaciones sobre la preparación de la ayahuasca y sobre todo su búsqueda de curanderos locales con quienes realice una sesión reveladora con esta planta, esto mientras cuenta su visión personal sobre su estancia en cada país, la gente y la infraestructura del lugar.

La segunda parte Siete años después son correspondencias entre Allen Ginsberg y Burroughs en 1960, que nos muestran a un Ginsberg en Pucallpa—Perú, pidiendo consejo a Burroughs sobre las sensaciones que experimentaba en cada sesión, y que Burroughs contesta tranquilizando a Ginsberg.

El libro recoge su valor como un documento importante para seguir las carreras de Ginsberg y Burroughs, sus búsquedas por la conexión universal o expansión de la conciencia —que sería también expansión de la palabra— y que se plasmaría finalmente en sus obras futuras. Y de modo más directo, como presagio de Naked Lunch (El almuerzo desnudo) de Burroughs, al mostrar en las cartas un creciente interés por el Método del recorte:

Corta el papel a lo largo de las líneas. Vuélvela a armar colocando la sección uno junto a la sección tres y la sección dos junto a la cuatro. Léela entonces en voz alta y oirás Mi Voz. ¿La voz de quién? Escucha. Corta y vuélvela a armar en cualquier combinación. Lee en alta voz. Yo no puedo elegir sino oír. No pienses sobre ello. No teorices. Ensaya.

La idea de trasladar el collage a la obra escrita, sugerida por su amigo y colaborador Brion Gysin, que tendría su máxima expresión en Naked Lunch.

Por otro lado, la información que se da explícitamente sobre la Ayahuasca es superficial. Ninguno de los dos la conocía —en teoría— a la profundidad. Son sobretodo testimonios personales en cuanto a las sesiones realizadas con sus curanderos, que a veces terminaban en estafas o fracasos rotundos, y donde la experiencia contada con más intensidad podría ser la primera carta de Ginsberg en 1960 desde Pucallpa (Perú), donde comenta las visiones y sensaciones que experimentaba en el instante mismo de la sesión.

Hemos seleccionado tres cartas del libro Las cartas de la ayahuasca, y el epílogo escrito por Allen Ginsberg.

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Portada de Las cartas de la ayahuasca, correspondencia de William Burroughs y Allen Ginsberg. Editorial Anagrama.

 

José Leal 930, Lima, 8 de julio

Querido Allen:

De vuelta en Lima después de tres días de viaje en ómnibus. Los últimos cinco días en Pucallpa esperando salir, pero estaba atrapado por la lluvia y los caminos impracticables y el avión lleno.
El Teniente de Fragata hizo un “stripteasse” odioso con su uniforme. Todo el mundo gritaba: “Por Dios, no te lo quites”. Empezó por tantearle el traste al camarero y a la mañana cada vez que yo pasaba frente a su cuarto corría a la puerta, me mostraba su erección y decía: “Hola, Bill”. Hasta los otros peruanos estaban incómodos.
El vendedor de muebles quería dedicarse al negocio de la cocaína, hacerse rico, vivir en Lima y tener un Cadillac bien largo. ¡Dios mío! La gente cree que no hay más que meterse en un negocio sucio para hacerse rico de la noche a la mañana. No comprenden que los negocios, honestos o deshonestos, son el mismo dolor de cabeza de mierda. Y el viejo alemán seguía y seguía con el asunto del tesoro. Me estaba volviendo loco con su charla tonta y sus estúpidos chistes hispánicos. Me sentía como Ruth en medio del trigo ajeno. Cuando dijeron que la literatura norteamericana era inexistente y la inglesa muy pobre, perdí los estribos y les dije que el lugar de la literatura española era la letrina, colgada de un gancho junto con los catálogos viejos de Montgomery Ward. Estaba temblando de rabia y me di cuenta hasta qué punto el lugar me estaba afectando.
Conocí a un joven dinamarqués y tomé yagé con él. Lo vomitó de inmediato y desde entonces me ha evitado: evidentemente pensó que había tratado de envenenarlo y qué únicamente se había salvado gracias a la rápida reacción de su higiénico estómago escandinavo. No he conocido nunca un escandinavo que no fuera tonto de nacimiento.
Un terrible viaje en ómnibus de vuelta a Tingo María donde me emborraché y donde me ayudó a meterme en la cama el más encantador ayudante de camionero.
Pasé dos días en Huanaco. Un basural horrible. Pasé el tiempo dando vueltas y sacando fotos, tratando de conseguir las montañas secas y peladas, el viento en los álamos polvorientos, las plazas con cupidos y estatuas de generales y los indios descansando con el particular abandono sudamericano, mascando coca —el gobierno la vende en establecimiento controlados— sin hacer absolutamente nada. A las cinco tomaba unas copas en un restaurante chino, donde el propietario se escarbaba los dientes y revisaba sus libros.
Qué sensatos son y que poco esperan de la vida. Me pareció que tenía aspecto de opiómano, pero con los chinos nunca se está seguro. Todos tienen básicamente aspecto de opiómanos. Entró un loco al bar y empezó a hacerme un largo cuento incomprensible. Tenía la cifra $ 17.000.000 escrita en la espalda sobre la camisa y se dio vuelta para mostrármela. Luego se puso a hablarle al propietario. El propietario estaba sentado escarbándose los
dientes. No demostró ni desprecio, ni diversión ni simpatía. Siguió sentado escarbándose un molar y de vez en cuando sacaba el escarbadiente y le observaba la punta.
Pasé por algunas de las ciudades más altas del mundo. Tiene un aspecto exótico y curioso, mogol o tibetano. Un frío horrible. Tres veces pidieron a “todos los extranjeros” que bajaran del ómnibus para un control policial: número de pasaporte, edad, profesión. Todo esto pura formalidad. Ni asomo de sospecha o de interrogatorio. ¿Qué harán con esas planillas? Supongo que las utilizarán como papel higiénico.
Lima fría, húmeda y deprimente. Fui al Mercado. Ninguno de los muchachos estaba por ahí. Depresión al ir a un bar que solía gustarme, nadie allí que conozca o quiera conocer, al mostrador lo han trasladado al otro lado sin ninguna razón comprensible, mozos diferentes, nada que tenga ganas de oír en la máquina automática (¿estaré en el mismo bar?), todo el mundo se ha marchado y yo estoy solo en un lugar perdido. Cada noche la gente será más fea y estúpida, los tratos más horribles, los mozos más groseros, la música más chillona, sonando y sonando como una cinta acelerada en un vértigo de pesadilla de desintegración mecánica y de cambios sin sentido.
Sin embargo, vi en el Mercado a uno de los muchachos que conocí antes de salir de Lima. Parecía años más viejo (yo había estado ausente seis semanas). Cuando lo había conocido no quería beber, diciendo con una sonrisa tímida:
“Soy todavía un chico”.
Ahora estaba borracho. Una cicatriz debajo del ojo izquierdo. La toqué y pregunté: “¿Cuchillo?”
Dijo “Sí”, y sonrió, los ojos vidriosos e inyectados.
Bruscamente desee irme de Lima en ese mismo momento. Esta sensación de urgencia me ha estado siguiendo como mi culo por toda la América del Sur. Tengo que estar en algún otro lugar en un momento determinado (en Guayaquil saqué al cónsul peruano de la casa después de las
horas de oficina para tener la visación y marcharme un día antes).
¿Dónde voy con tal prisa? ¿Cita en Talara, Tingo María, Pucallpa, Panamá, Guatemala, México? No lo sé. Bruscamente tengo que marcharme de inmediato.

Cariños
Bill

 

Estafeta de Correos, Pucallpa, Perú, 10 de junio de 1960

Querido Bill:

Todavía estoy en Pucallpa; di con un tipo bajo y gordo. Ramón P…, que fue amigo aquí de Robert Frank (fotógrafo de nuestra película [Pulí my daisy]  aproximadamente en 1946). Ramón me llevó a su curandero, en el que tiene mucha fe y acerca de cuyos poderes de curación sobrenaturales habla a montones, demasiado, el Maestro, como lo llaman, un individuo de unos treinta y ocho años, de aspecto pacífico y simple, que noches atrás nos preparó una bebida para nosotros tres; anoche asistí a una sesión habitual del curandero durante la cual se bebe la noche íntegra con unos treinta hombres y mujeres en una choza en las afueras selváticas de Pucallpa, detrás del terreno de la usina de gas.

La primera vez —mucho más fuerte que la bebida tomada en Lima— la ayahuasca puede embotellarse para el transporte y conserva su fuerza, con tal de que no fermente —se necesita una botella bien tapada. Tomé una taza, un líquido un poco viejo, preparado hacía varios días y por consiguiente algo fermentado; me acosté y al cabo de una hora (en una choza de bambú afuera de su cabaña, donde cocina), empecé a ver o sentir lo que me pareció el Gran Ser, o algún sentido de Eso, que se aproximaba a mi mente con una gran vagina húmeda, me acosté en ella durante un rato, la única imagen que puedo identificar es la de un gran agujero negro de la Nariz-Dios a través del cual yo atisbaba un misterio, y el agujero negro rodeado por toda la creación, en especial, serpientes de colores, todo real.

Su sentido era de tal manera real que me pareció ser de algún modo lo que esa imagen representaba. El ojo es una imagen imaginaria, que da vida al cuadro. También una gran sensación de bienestar en mi cuerpo, nada de náuseas. Se prolongó en distintas fases unas dos horas, los efectos pasaron al cabo de tres horas, la fantasía misma duró desde tres cuartos de horas después de haber bebido hasta dos horas y media más tarde aproximadamente.

Regresé y hablé con el Maestro, le di treinta y cinco soles (un dólar y medio) por sus servicios y hablé con él sobre el peyote y el LSD —había oído hablar del peyote. Es un mestizo que estudió en San Martín (arriba en el territorio de Huallaga), me dio muestras de la mezcla, emplea plantas tiernas de ayahuasca cultivada en su huerta y la mezcla en cantidades iguales con un catalizador conocido bajo el nombre de mescla, que es otra hoja que en la lengua india chama se llama cáhua (pronunciado coura) y que es llamada por él en Pucallpa chacruna. Me dijo que me conseguiría más muestras para que llevara al Museo de Historia Natural de Lima para que la estudien. Cocina la mezcla todo un día y cuela el caldo, y hace cocer por segunda vez las hojas ya cocidas. En todo caso la preparación no es excesivamente secreta; creo que Schulter vio y conocía la preparación. Suelen añadir también hojas de otras plantas, no conozco esas combinaciones para probarlas, parecía interesarse por las drogas en general, serio y nada mercenario, buen tipo, tiene muchos adeptos aquí, realiza curaciones físicas, su especialidad.

En todo caso, para abreviar, volví a una reunión formal de grupo anoche en sus chozas; esta vez el líquido estaba recién preparado y fue ofrecido con toda ceremonia; el maestro entonó una tierna letanía (y sopló humo de cigarrillo o de pipa sobre el borde de la taza) durante unos minutos antes, (una taza de hierro esmaltado, recuerdo tu taza de plástico), luego yo encendí un cigarrillo y eché una bocanada de humo sobre la taza y bebí. Vi una estrella fugaz —aerolito— antes de “irme” y una luna llena, y él me sirvió primero y luego me acosté esperando Dios sabe qué otras visiones placenteras y luego empecé a “elevarme” y luego todo el maldito Cosmos enloqueció a mi alrededor,

El gran ser. Dibujo de Allen Ginsberg, en Las cartas de la ayahuasca.

creo que lo más fuerte y lo peor que haya tenido (todavía reservo las experiencias de Harlem, siendo Naturales, en suspenso. El LSD era la Perfección pero no me llegó tan profundamente ni tan horriblemente adentro). Primero comencé a comprender que mi preocupación por los mosquitos y los vómitos era una tontería ya que existía la gran cuestión de la vida y la Muerte. Me sentí frente a la Muerte, mi cráneo en mi barba sobre el jergón sobre el porche moviéndose de un lado a otro y deteniéndose finalmente como en una reproducción del último movimiento físico que hiciera antes de quedar inmóvil en la verdadera muerte… tuve náuseas, salí corriendo y empecé a vomitar, todo cubierto de serpientes, como un Serafín Sierpe, con serpientes de colores en una aureola alrededor de mi cuerpo, me sentía como una serpiente vomitando el universo o un jíbaro con tocado de colmillos que vomitara al comprender el Asesinato del Universo, mi muerte próxima, la muerte próxima de todos, todos sin preparar, yo sin preparar, todo a mi alrededor en los árboles el ruido de esos animales espectrales y los otros que habían bebido vomitando (parte normal de las sesiones de Cura) en la noche en su horrible soledad dentro del universo, vomitando su voluntad de vivir, de ser conservados en este cuerpo, casi… Volví y me recosté, se acercó Ramón muy tierno y solícito (no había bebido, actúa como una especie de ayudante para auxiliar a los pacientes) y me preguntó si estaba OK y “bien mareado” (¿bien y mareado?) Dije “Bastante” y volví a escuchar al espectro que se estaba aproximando a mi mente… La choza íntegra parecía rayada de presencias espectrales todas ellas sufriendo transfiguraciones al contacto de una Cosa Única misteriosa que era nuestro destino y que tarde o temprano habría de matarnos —mientras el curandero entonaba una letanía, manteniendo un canto muy simple suave, repetido y luego cambiante, especie de consuelo, Dios sabe qué significaba— parecía significar algún punto de referencia con el que yo era incapaz aún de entrar en contacto… Yo estaba asustado y  simplemente estaba tirado con oleadas tras oleadas que pasaban sobre mí de temor a la muerte, terror, hasta que apenas lo podía soportar, no quería buscar refugio rechazándolo como una ilusión, porque era demasiado real y familiar, en especial como ensayo del Ultimo Minuto de la Muerte, la cabeza moviéndose de un lado al otro sobre la manta y finalmente deteniéndose en la última posición de inmovilidad y resignación sin esperanza de Dios sabe qué Destino, para mi ser, sentí el alma completamente perdida extraviada, fuera del contacto con alguna Cosa que parecía estar presente; finalmente tuve la sensación de que podría hacer frente a la Cuestión allí mismo en ese momento,

El vomitador. Dibujo de Allen Ginsberg, en Las cartas de la ayahuasca.

y elegir entender y morir, a abandonar mi cuerpo para que lo encontraran por la mañana —supongo que para congoja general— no podía soportar dejar a Peter y a papá tan solos —con miedo de morir sin embargo entonces— y así no aproveché la Oportunidad (si es que había una Oportunidad, tal vez la hubiera en alguna forma) —también como si todo el mundo en la sesión estuviera en contacto radio telepático central con el mismo problema, el Gran Ser en nuestro interior… Volví de vomitar vi a un hombre con las rodillas sobre el pecho, pensé que veía como rayos X su cráneo, comprendí que estaba acurrucado ahí como en una mortaja (una toalla sobre la cara como protección contra los mosquitos), que sufría la misma prueba y escisión… Pensé en gente, vi sus imágenes con  claridad, tú —misterioso, sabes al parecer más que lo que yo ahora sé y ¿por qué no comunicas o no puedes o yo lo he ignorado?.. . Simón como un ángel en su aniquilación de la vanidad y originando nueva vida en sus hijos. “Si llega alguna noticia interplanetaria”, dijo, “yo seré el primero en trasmitirla por los alambres de modo tal que no la estropeen”. Francine su mujer, una especie de Serafín Mujer, todas las mujeres (como todos los hombres) lo mismo, criaturas espectrales puestas aquí misteriosamente para vivir, para ser los Dioses vivientes y sufrir la crucifixión de la Muerte como Cristo, pero que se pierden o mueren en su alma o entran en Contacto y originan nuevo nacimiento para la continuación del Proceso del Ser (aunque ellos mismos mueran, ¿o no?) —y yo perdido y el pobre Peter que depende de mí para algún Cielo que no tengo, perdido— y sigo rechazando las mujeres que acuden a cuidarme —decidí tener hijos de algún modo, una revolución en la Alucinación— pero el sufrimiento era casi cuanto podía soportar y el pensamiento de más sufrimiento todavía más profundo por venir me hizo desesperar … me sentí, me sigo sintiendo, como alma perdida rodeada por ángeles custodios (Ramón, el Maestro, tú, todo el Mundo Corriente de los Mortales)— y mi pobre madre que murió Dios sabe en que estado de sufrimiento, no lo puedo soportar… vomité de nuevo (Ramón se había acercado y me indicó que vomitara fuera de la galería en que me hallaba tirado, si tenía que hacerlo de nuevo, una situación amable muy cuidadosa). Quiero decir, es éste un buen grupo —recuerdo que tú decías cuida de quién es la visión que tienes— pero Dios sabe que no sé a quién dirigirme finalmente cuando espiritualmente las Fichas se hayan terminado y tenga que depender de mi propia memoria de Serpiente de las Alegres Visiones de Blake, o no depender de nada y entrar como nuevo —¿pero entrar dónde? ¿la Muerte?, y en ese momento, todavía vomitando, sintiéndome como un Gran Serafín— sierpe perdido que vomita con conciencia de la Transfiguración que había de venir, con el sentido Radio telepático de un Ser cuya presencia yo no había todavía percibido completamente, demasiado horrible para mí, todavía, para aceptar el hecho de la comunicación total con digamos todo el mundo, un serafín eterno macho y hembra a la vez, y yo un alma perdida en busca de ayuda… muy lentamente la intensidad comenzó a amenguar, yo incapaz de moverme en ninguna dirección espiritualmente, no sabiendo a quien buscar, o qué buscar, sin suficiente confianza en él para preguntar al Maestro —aunque en la visión de la escena era él quien lógicamente era el Espíritu Oficiante local en quien se debía confiar, si en alguien se debía —me acerqué y me senté junto a él (como lo sugirió amablemente Ramón) para ser “soplado”— es decir él entona una canción para curar tu alma y sopla humo hacia ti, una presencia más bien consoladora, aunque para ese entonces el miedo agudo había pasado… cuando eso pasó me levanté y cogí el pedazo de tela que había llevado contra los mosquitos y me fui a casa a la luz de la luna con el gordo Ramón, quien dijo cuanto más uno se satura con ayahuasca más hondo se llega, se visita la luna, se ve a los muertos, a Dios, se ve a los Espíritus de los Árboles, etc.

Casi no me animo a volver, temeroso de alguna locura real, un Universo Cambiado, permanentemente cambiado, aunque creo que tendrá que cambiar para mí algún día, mucho menos como antes fue planeado, ir río arriba seis horas para beber con una tribu india, supongo que iré, entre tanto aguardaré aquí otra semana en Pucallpa y tomaré algunas veces más con el mismo grupo… desearía saber si hay alguien con quien trabajar que sepa, si alguien sabe, quien soy o qué soy. Desearía recibir noticias tuyas. Creo que estaré aquí lo bastante como para que me llegue una carta, escribe.

Allen Ginsberg

Si me voy de aquí antes de dos semanas y llega carta, me será despachada de inmediato a Lima, de modo que sabré de ti allí pero de veras quiero saber de ti Bill, de modo que por favor escribe y aconséjame lo que puedas, si puedes. Yo no sé si me estoy volviendo loco o no y es difícil enfrentar más —aunque supongo que seré capaz de protegerme tratando a esa conciencia como una ilusión temporal y de volver a la conciencia normal temporal cuando el efecto pase (comencé a atisbar el llamado del Vudú haitiano), pero esta alteración casi esquizofrénica de la conciencia es terrible, y  también la sensación de no saber a quién, personalmente, a mi alrededor confiarme. Había tomado disposiciones para llevar algo conmigo a NY pero casi tengo miedo, yo no soy un curandero, yo mismo estoy perdido y tengo miedo de causar a otros, como Peter, una pesadilla que no pueda detener.

No sé cómo te suena todo esto a ti pero tú me conoces bastante bien así que escribe, rápido, por favor.

Todo está OK, supongo, en caso de que todo esto te inquiete innecesariamente, que andaré bien…

Cariños
Allen

P. S. En las últimas horas, esta mañana en una librería donde compré esta pluma escuché el viejo y nostálgico disco de Nelson Eddy “Maytime” que solía tocar en mi niñez y fue como un recuerdo de la Muerte, tan triste, “¿me querrás siempre?”

Atracción extra suplementaria: algunos fragmentos de las notas para Ether que tomé hace dos semanas en Lima, en tono menor.

El sonido que suena en todos los sentidos
de todo cuanto haya sido Creado
todas las combinaciones que se presentan una
y otra vez de nuevo como antes  —
Toda posible Combinación del Ser — todas
las viejas:  —todas las antiguas hindúes.
Los universos plurales-Sabahadabadie
que suenan en Grandilocuente
Juxtaposición Barbada
con todos sus minaretes y torres
iluminadas por la luna
entrelazados con el hierro
o el encaje de porcelana,
todos han existido  —
y los Sabios de
blancos cabellos sentados con las piernas cruzadas en
un diván femenino —
escuchando con atención cualquier música que llegara
del bosque o de la calle,
cualquier pájaro que silbara en la plaza del mercado
cualquier nota que diera el reloj para decir
Tiempo  —
cualquier droga, o aire, que respiraran
para hacerlos pensar tan profundamente
u oír tan simplemente lo que
había pasado
como un coche que pasa por la calle 1960
junto al Palacio Gubernamental
en Perú, aquí en Lima,
en el año que escribo  —
Un Buda como de antes, con las sirenas de
cualquier maquinaria que hace ruido sonando en
la calle.
Y la luz de la calle reflejada en la estación RR
frente fachada ventana en un
puerto roñoso en Backwash
de la olvidada lobreguez
de cualquier fabulosa
Civilización de
la Eternidad;  —
con el reloj de la estación RR sonando la medianoche,
como ahora,
y esperando por el sexto golpe,
para escribir una palabra,
y terminar con el último sonido  —recuerda
estas únicas doce horas sonaron
antes
y nunca más; ambas
y yo regreso del balcón donde estaba
mirando la Cruz (temeroso)
y las estrellas
pensando en el BONG de medianoche
Sabios del Asia o blancas barbas de Persia
garabateando en el margen de los rollos
con tinta delicada
recordando con lágrimas las antiguas campanas de sus
ciudades
y las ciudades que habían sido  — y
Afirman con ojos rientes  —
el mundo es como lo vemos,
masculino y femenino, pasa
como pasa a través de los años,
como lo ha hecho antes y lo hará, quizá
con todas sus perlas innumerables Y todas las malditas narices de la Eternidad
y todos los viejos errores
inclusive
esta vieja conciencia, que se ha visto
a sí misma antes (así el ruido de la langosta
del reloj nocturno de la antigüedad en mi tímpano)
Estoy garabateando
nadas,
página tras página de la más profunda
nada,
como inscribió el Antiguo Hebe, cuando
escribió Adonai o Uno —
todo para entretener o ganar dinero o engañar —

OH CAMPANA DEL TIEMPO,
REPLICA TU MEDIA NOCHE POR BILLONÉSIMA
RESONANTE VEZ,
DE NUEVO OIGO!

 

21 de junio de 1960 — Tiempo presente

 

Querido Allen:

No hay nada que temer. Vaya adelante. Mire. Escuche. Oiga. ¿Tu conciencia ayahuasca es más válida que la “conciencia normal?” ¿La “conciencia normal” de quién? ¿Para qué volver a ella? ¿Por qué te sorprendiste al verme? Estás siguiendo mis pasos. Conozco tu camino. Y sí, conozco la región mejor que tú. Más de una vez traté de decirte de comunicarte lo que sabía. Tú no quisiste o no pudiste escucharme. “No puedes mostrar a nadie lo que él no ha visto”. Brion Gysin* en nombre de Hassan Sabbah. ¿Escuchas ahora? Toma la copia adjunta de esta carta. Corta el papel a lo largo de las líneas. Vuélvela a armar colocando la sección uno junto a la sección tres y la sección dos juntoa la cuatro. Léela entonces en voz alta y oirás Mi Voz. ¿La voz de quién? Escucha. Corta y vuélvela a armar en cualquier combinación. Lee en alta voz. Yo no puedo elegir sino oír. No pienses sobre ello. No teorices. Ensaya. Haz lo mismo con tus poemas. Con cualquier poema cualquier prosa. Ensáyalo. Quieres “Ayuda”. Aquí está. Recoge de allí. Recuerda siempre. “Nada es Verdad. Todo está permitido”. Ultimas palabras de Hassan Sabbah El Viejo De La Montaña.

ESCUCHEN MIS ÚLTIMAS PALABRAS TODOS LOS MUNDOS. ESCUCHEN TODOS USTEDES: JUNTAS, SINDICATOS Y GOBIERNOS DE LA TIERRA. Y USTEDES: PODERES DEL PODER DETRÁS. QUÉ SUCIOS TRATOS CONSUMADOS. EN QUÉ LAVATORIO PARA QUE SE APODEREN DE LO QUE NO ES SUYO. PARA VENDER LA TIERRA DE ABATO DE PIES NO NACIDOS. ESCUCHEN. LO QUE TENGO QUE DECIR ES PARA TODOS LOS HOMBRES EN TODAS PARTES. REPITO PARA TODOS. NADIE ESTÁ EXCLUIDO. GRATIS PARA TODOS LOS QUE PAGAN. GRATIS PARA TODOS LOS QUE NO PAGAN.

¿QUÉ ES LO QUE LES HA GUSTADO A TODOS USTEDES HACIENDO QUE ENTREN EN EL TIEMPO? ¿QUÉ ES LO QUE LES HA ASUSTADO A TODOS HACIENDO QUE ENTREN EN SUS CUERPOS? ¿DENTRO DE LA MIERDA PARA SIEMPRE? ¿QUIEREN PERMANECER ALLÍ PARA SIEMPRE? ENTONCES ESCUCHEN LAS ÚLTIMAS PALABRAS DE HASSAN SABBAH. ESCUCHEN, MIREN O QUÉDENSE EN LA MIERDA PARA SIEMPRE. ¿QUE LES HA ASUSTADO HACIENDO QUE ENTREN EN EL TIEMPO? ¿EN EL CUERPO? ¿EN LA MIERDA? SE LOS DIRÉ. LA PALABRA. LAS PALABRAS DE USTEDES MISMOS. EL PRINCIPIO DE TODOS USTEDES FUE LA PALABRA. LOS ASUSTÓ A TODOS Y LOS HIZO ENTRAR EN LA MIERDA PARA SIEMPRE. SALGAN PARA SIEMPRE. SALGAN DE LA PALABRA TIEMPO PARA SIEMPRE. SALGAN DE LA PALABRA CUERPO PARA SIEMPRE. SALGAN DE LA PALABRA MIERDA PARA SIEMPRE. TODOS FUERA DEL TIEMPO Y EL ESPACIO. PARA SIEMPRE.

NO HAY NADA QUE TEMER. NO HAY NADA EN EL ESPACIO. ESO ES TODO TODO TODO HASSAN SABBAH. NO HAY NINGUNA PALABRA QUE TEMER. NO HAY NINGUNA PALABRA. ESO ES TODO TODO TODO HASSAN SABBAH. EN SUS LUGARES YO ANULO TODAS SUS PALABRAS PARA SIEMPRE. Y LAS PALABRAS DE HASSAN SABBAH YO TAMBIÉN LAS ANULO. SOBRE TODOS SUS CIELOS MIREN LA ESCRITURA SILENCIOSA DE BRION GYSIN HASSAN SABBAH. LA ESCRITURA DEL ESPACIO. LA ESCRITURA DEL SILENCIO.

MIREN MIREN MIREN
AMIGOS MUCHACHOS A TRAVÉS DE TODOS SUS CIELOS VEAN LA ESCRITURA SILENCIOSA DE BRION GYSIN HASSAN SABBAH. LA ESCRITURA DE SILENCIO LA ESCRITURA DE ESPACIO. ESO ES TODO TODO TODO HASSAN SABBAH.
VEAN VEAN VEAN

¿Cuándo piensas volver …? El Método del Recorte está explicado en Minutes to go que ya ha aparecido en los Estados Unidos. Te enviaré un ejemplar, pero ¿dónde? George Whitman dice que busques a su viejo amigo Silvester de Castro en la ciudad de Panamá. Vinculado con la sinfónica municipal y la Universidad. Hasta La Vista Amigo.

Afectos
William Burroughs
por Hassan Sabbah
¡Adelante! Hassan Sabbah

P. S.
NADIE QUE ESTÉ CUERDO PODRÍA CONFIAR EN “EL UNIVERSO”. LLEVADOS POR LA MENTIRA LOS MILLONES ESTABAN BAJO LOS SIGNOS. ¿QUIÉN JAMÁS PAGÓ A UN MONIGOTE UNA BASURA UN MONO UN ANIMAL HUMANO? NADIE EXCEPTO HASSAN SABBAH.

 

San Francisco, 28 de agosto de 1963

A quien puede interesar:

Esta correspondencia se descifra así: la visión de los ángeles oficiantes mi congénere hombre y mujer por primera vez íntegramente entrevista mientras el curandero amable y humanamente canturreaba en el estado de trance de la ayahuasca en 1960 fue profética de la transfiguración de la autoconciencia de una sensación mental desamparada de eterno terror a la presente sensación de bienaventuranza corporalmente encarnada hecha ahora realidad en 1963.

Mis cariños, como siempre
Allen Ginsberg

 

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William Burroughs y Allen Ginsberg en 1964. Foto: Fred McDarrah.

William Seward Burroughs (Misuri, EE.UU, 5 de febrero de 1914 — Kansas, EE.UU, 2 de agosto de 1997) ha escrito las novelas Yonqui, Nova Express, Los chicos salvajes, Queer, entre otros.

Aunque su obra más aclamada es El almuerzo desnudo, una novela — collage que significó una revolución del lenguaje narrativo en la literatura estadounidense de los últimos años, elegida por la revista Time como una de las 100 mejores novelas en inglés de 1923 a 2005, y que tuvo una adaptación al cine en 1991, por el reconocido director David Cronenberg.

Irwin Allen Ginsberg (Newark, EE.UU, 3 de junio de 1926 — Nueva York, EE.UU, 5 de abril de 1997) ha escrito Aullido y otros poemas, Kaddish, Sandwiches de la realidad, Noticias del planeta, entre otros.

Al publicar Aullido y otros poemas, la editorial City Lights Bookstore se vio envuelta en un juicio por considerarse el contenido obsceno, ese hecho, en vez de truncar la carrera del joven poeta, no hizo más que incrementar su popularidad de manera inmediata.

Los percances del juicio y la publicación del libro, y la lectura del famoso poema Aullido, pueden verse representados en la película Howl de Rob Sptein y jeffrey Friedman, estrenada en el 2010.

Ambos escritores fueron integrantes de la llamada generación Beat, un movimiento literario que tuvo su auge en los años 50-60 en EE.UU y que tenía como integrantes a Jack Kerouac, Gregory Corso, Lucien Carr, Elise Cowen, Denise Levertov, Neal Cassady, Lawrence Ferlinghetti, y que fue una gran influencia para artistas generacionales como Bob Dylan, Patti Smith, Janis Joplin entre otros.

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