Sobre la luz; de Jorge Eduardo Eielson

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Sobre la luz

A María, Eva, Marigola, Julio, Luciano, Lorraine, Aliocha, Placido, amigos.

La luz que solamente es luz
Cuando ilumina una cosa
No es luz verdadera. La luz
Que pasa velozmente y no deja sombra
Que todo lo sostiene y lo anima
Es quizás la luz divina. Pero la luz
De que hablo es otra luz
Hundida en mi memoria como un anillo de oro
En la espesura. Es una luz que brilla
Muy rara vez en la vida
Que no tiene peso ni medida
Pero que convierte el corazón
En una estrella
Una luz que no se explica que no
Se explica que improvisadamente aclara
Todo lo que existe
Como si fuera un espejo
Ante un vaso de agua pura
Un fulgor escondido
Un diamante que nos duele
Dulcemente y que nos nubla la mirada
Una suerte de esplendor vacío
Que sólo se percibe como oscuridad
O ceguera. Una luz
Más clara que la misma luz
Del cielo pero más humilde
Más cercana a nuestra mano
A nuestra pobre luz de cada día
Hecha de millares y millares
De cosas sencillas
De átomos que nacen
Y átomos que mueren
De centelleantes fragmentos
De otras cosas
Que igualmente nacen resplandecen
Y perecen


Jorge Eduardo Eielson.
Celebración, 2001.
Foto: Baldomero Pestana.

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