Romeo y Julieta (1595): el amor trágico de Shakespeare

Romeo y Julieta. Pintura de Francesco Hayez. Libros de William Shakespeare en PDF.
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Romeo y Julieta de William Shakespeare, es la historia de dos adolescentes, cuyo amor —apresurado y prohibido— conmoverá a sus familias tras la mayor de las tragedias.

Introducción

William Shakespeare es una de las figuras más sobresalientes de la literatura occidental junto a personajes como Homero, Dante o Cervantes. A lo largo de la historia la mayoría de sus obras se han convertido en clásicos vivos que aún hoy siguen siendo estudiados y reinterpretados.

En 1597, Shakespeare escribe una de sus obras más recordadas: Romeo y Julieta, cuya historia se influencia de obras como Il novellino, de Masuccio Salernitano (1476), o Píramo y Tisbe, una leyenda incluida en La Metamorfosis de Ovidio (Año 8 d.c). Todas comparten el tema del amor juvenil y la imposibilidad del mismo.

Un amor frustrado para siempre

El Romeo y Julieta de Shakespeare se centra en el amor entre dos jóvenes pertenecientes a familias enemigas. La historia se desarrolla en la ciudad italiana de Verona, donde la autoridad al parecer no es más que nominal.

Los jóvenes se conocen en una fiesta y se enamoran desde el primer momento. Su amor es un amor apresurado, muy próximo al error, apasionado y frágil.

Estar juntos se hará cada vez más difícil; a medida que avanza la obra, vemos cómo el destino frustra su amor de todas las formas posibles.

El final conocido por todos llega con la epítome de las tragedias; los dos jóvenes amantes mueren y su amor queda frustrado para siempre.

Aunque la muerte de los jóvenes amantes propiciará la conciliación entre las familias enemigas.

Rodrigo Guzmán y Andreza Randisek interpretando a Romeo y Julieta. Ballet de Santiago, Chile.
Rodrigo Guzmán y Andreza Randisek interpretando a Romeo y Julieta. Ballet de Santiago, Chile.

Acto I: escena IV

Entran Romeo, Mercucio y Benvolio, con otros cinco o seis enmascarados y portadores de antorchas.

Romeo

¿Qué? ¿Les largamos un sermón de disculpa
o entramos todos sin más ceremonia?

Benvolio

No están los tiempos para peroratas.
No hemos traído un Cupido vendado,
con su arco de madera y decorado
(que a las damas, seguro, espantaría),
ni un prólogo aprendido de memoria
para poder declamarlo al entrar;
que piensen lo que quieran de nosotros:
bailamos con sus chicas y nos vamos.

Romeo

A mí, dadme una antorcha; yo no bailo.
Tan apagado estoy que me urge luz.

Mercucio

Te hemos de hacer bailar, gentil Romeo.

Romeo

Disculpadme. Vosotros lleváis suelas
ligeras, mientras yo estoy por los suelos;
mi alma de plomo impide que me mueva.

Mercucio

¿No estás enamorado? Con las alas
de Cupido podrás volar muy alto.

Romeo

Tanto me ha herido su flecha que para
nada me sirven sus alas. Y ahora estoy
muy embotado para ir a botar.
Me hundo bajo el peso del amor.

Mercucio

Eso es porque lo cargas con tu peso;
demasiada opresión para algo tan tierno.

Romeo

¿Tierno el amor? Es demasiado rudo,
tan brusco, tan punzante y turbulento…

Mercucio

Si él es brusco contigo, selo tú igual con él.
Y si él te pincha, pínchalo tú y túmbalo.
Dadme una máscara para cubrirme.
Se pone una máscara.
¡Una careta para un malcarado!
¡Van a burlarse igual de un rostro u otro…!
¡Que se sonroje este rostro postizo!

Benvolio

Llamad y entremos y, una vez dentro,
que cada cual haga bailar sus piernas.

Romeo

A mí, dadme una antorcha; que los frívolos
le hagan cosquillas al entarimado
con sus pies; yo prefiero ir a la antigua:
alumbrar con la antorcha y observar;
ese es el mejor juego. Ya estoy listo.

Mercucio

¿Listo? ¡Estás al olor y no al sabor!
Si estás listo, sacúdete ese lodo
(ay, perdón: ese amor) en que te enfangas
del todo. Vamos, que se va la luz.

Romeo

No es verdad.

Mercucio

Quiero decir que estamos
despilfarrando luz en pleno día.
Entiéndeme: este sentido es cinco
veces mejor que los cinco sentidos.

Romeo

Entiendo vuestras ganas de ir al baile,
pero acudir carece de sentido.

Mercucio

¿Y eso?

Romeo

Anoche tuve un sueño…

Mercucio

También yo.

Romeo

¿Cuál fue el tuyo?

Mercucio

Que los que sueñan duermen.

Romeo

Claro, es verdad; y sueñan en sus camas.

Mercucio

Ya veo que la partera de las hadas,
la reina Mab, te ha visitado: viene
(más diminuta que una piedra ágata
en el dedo anular de un concejal)
conducida por una recua de átomos
y entra por la nariz de los que duermen.
Su carro es una cáscara de nuez
que la ardilla ebanista o que la larva
(las carroceras de hadas) construyeron;
sus radios son las patas de una araña,
y su capota, alas de cigarras;
las riendas son de tenue telaraña,
y la argolla, de rayos de agua y luna;
es la tralla de hueso y piel de grillo,
y, el cochero, un mosquito con librea
y de menor tamaño que el gusano
en el dedo holgazán de una muchacha.
Cada noche cabalga con gran fasto
por cerebros de amantes, que sueñan con amores,
por rodillas de hidalgos, que sueñan con doblarse,
por dedos de abogados, que sueñan con minutas,
por labios de señoras, que sueñan con los besos,
y que la airada Mab cubre de pústulas
porque el aliento les huele a confites.
Cabalga a veces por la nariz de un cortesano,
que sueña que olfatea algún favor;
o, con el rabo de un lechón del diezmo,
le hace cosquillas en la cara a un clérigo,
que sueña con lograr un beneficio.
Cabalga a veces por el cuello de un soldado,
que sueña con cortarle el cuello a sus enemigos,
con emboscadas, con luchas, con armas
españolas, con brindis de diez brazas;
y si un tambor le espanta y le despierta,
sobresaltado, jura unas plegarias
y se duerme. Este es la misma Mab
que trenza las crines de los caballos
y enmaraña a los duendes en las greñas
que, alisadas, traerán mala fortuna.
Y, a las doncellas que duermen de espaldas,
las aplasta y enseña a soportar,
haciéndolas mujeres de buen porte.
Ella es la que…

Romeo

¡Basta, basta, Mercucio!
Hablas sin sentido.

Mercucio

Cierto, hablo de sueños,
que son los hijos de una mente ociosa,
engendrados de vanas fantasías,
de sustancia tan fina como el aire,
más volubles que el viento, que tan pronto
corteja el seno del helado norte
como, enfadado, vuela a soplar lejos
y va hacia el sur cargado de rocío.

Benvolio

Este viento nos ha llevado lejos:
la cena ha terminado; y se hace tarde.

Romeo

Me temo que es temprano, pues presiento
que de los astros penden consecuencias
que me traerán su terrible destino
con esta fiesta de hoy, y pondrán fin
a mi indeseada y miserable vida
con una muerte inoportuna. Pero
¡que quien gobierna el rumbo de mi nave
hinche mi vela! ¡Vamos, caballeros!

Benvolio

¡Suena, tambor!

Acto II: Escena I

Julieta

Oh, Romeo, Romeo, ¿por qué has de ser Romeo?
Niega a tus padres, rechaza tu nombre;
o, si no quieres, júrame tu amor
y yo renunciaré a ser Capuleto.

Romeo (Aparte.)

¿Sigo escuchando, o debo responderle?

Julieta

Mi enemigo no es otro que tu nombre;
tú eres tú mismo, ¿qué importa el Montesco?
¿Qué es ser Montesco? No es mano, ni pie,
ni brazo, ni facción, ni parte alguna
que pertenezca a un hombre. ¡Sé otro nombre!
¿Qué vale un nombre? Lo que llaman rosa
con otro nombre olería igual.
Y si Romeo no se llamase así,
¿no sería la misma su excelencia
sin ese nombre? Renuncia a tu nombre,
que no forma parte de ti, y, a cambio,
tómame a mí.

Romeo

Te tomo la palabra:
llámame «Amor», bautízame de nuevo;
no volveré jamás a ser Romeo.

Julieta

¿Quién eres tú, que, oculto por la noche,
perturbas mi secreto?

Romeo

Con un nombre
yo no sabría decirte quién soy.
Mi nombre, oh adorada, me es odioso
porque es el mismo de tus enemigos.
Escrito en un papel, lo rompería.

Julieta

Aún no he oído cien palabras tuyas
y ya conozco el eco de tu voz.
¿No eres Romeo y, además, Montesco?

Romeo

No, hermosa dama, si eso te disgusta.

Julieta

¿Cómo has entrado, dime, y para qué?
Estos muros son altos, peligrosos,
y este lugar, tu muerte, siendo el que eres,
si te descubren aquí mis parientes.

Romeo

Con alas del amor salté este muro;
jamás la piedra detendrá al amor,
pues todo lo que él puede, oso intentarlo:
así que no me asustan tus parientes.

Julieta

Si te viesen aquí, te matarían.

Romeo

Tus dos ojos encierran más peligro
que veinte de sus dagas. Sé tú dulce
y estaré a salvo de su hostilidad.

Julieta

Por nada desearía que te vieran.

Romeo

El manto de la noche me protege:
si no me amas, mejor es que me vean;
prefiero que me maten con su odio
a morir lentamente sin tu amor.

Julieta

¿Quién te ha indicado el camino hasta aquí?

Romeo

Amor me ha estimulado a preguntar;
él pone los consejos; yo, los ojos.
No soy piloto, pero si estuvieras
en la playa del más remoto mar,
me embarcaría a por ese tesoro.

Julieta

Sabes bien que la noche con su máscara
me cubre; si no, me sonrojaría
por lo que acabas de oírme decir.
Quisiera ser más cauta y desdecirme
de lo dicho; mas ¡basta de cumplidos!
Di, ¿me quieres? Ya sé que dirás «sí»,
y yo te creeré; y aunque lo jures,
puede que sea en falso: sé que Júpiter
se ríe de los perjurios amorosos.
Buen Romeo, si me amas, dilo en serio;
si me crees presa fácil, frunciré
el ceño, te diré «no» y seré cruel solo
para que me implores, o no lo haría.
Oh, buen Montesco, te deseo tanto
que quizá malentiendas mi conducta;
pero confía en mí, seré más fiel
que aquellas que aparentan ser más tímidas.
Debí ser más esquiva, lo confieso,
pero, sin yo advertirlo, me has oído;
te ruego, amor, que seas benevolente
y no atribuyas a mi ligereza
lo que la oscura noche ha desvelado.

Romeo

Señora, yo te juro por la luna
que corona de plata estos frutales…

Julieta

No jures, ay, por la inconstante luna,
que cambia cada mes de trayectoria,
no vaya a ser tu amor tan poco estable.

Romeo

¿Por qué he de jurar?

Julieta

No jures nada;
o, si quieres jurar, jura por ti,
que eres el dios de mi veneración,
y yo te creeré.

Romeo

Si el amor de mi corazón…

Julieta

No insistas… Aunque siento gozo al verte,
no quisiera hacer tratos esta noche;
todo es tan brusco, repentino y súbito
como un rayo que brilla de repente
sin dar tiempo a decir: «Relampaguea».
Buenas noches, amor: este retoño
quizá florezca cuando, en el verano,
nos reencontremos. Ve con Dios: que duerman
tu corazón y el mío dulcemente.

Romeo

¿Así me dejas, tan insatisfecho?

Julieta

¿Qué otra satisfacción pretendías hoy?

Romeo

Intercambiarnos promesas de amor.

Julieta

Te di la mía sin que la rogases;
y ahora quisiera no habértela dado.

Romeo

¿Retirarías la promesa? ¿Por qué?

Julieta

Para ser generosa y devolvértela.
Y, no obstante, ya tengo lo que anhelo:
mi corazón es ancho como el mar,
y mi amor, tan profundo; cuanto más
doy, más tengo; los dos son infinitos.

La Nodriza llama desde dentro.

Oigo ruido en la casa; ¡adiós, amor…!
¡Ya voy, nodriza…! Ámame, Montesco.
Pero… espera un momento, que ahora vuelvo.

Sale.

Romeo

¡Qué noche tan feliz! Mas temo que,
como es de noche, todo sea un sueño
tan dulce que no pueda ser real.

Entra Julieta
arriba.

Julieta

Dos palabras, Romeo, y buenas noches.
Si el amor que me muestras es honesto
y tu propósito es el matrimonio,
dile mañana a quien te enviaré
dónde cumplir el rito y a qué hora,
y yo pondré a tus pies mi vida entera
y seguiré a mi amor por todo el mundo.

Nodriza (Dentro.)

¡Señora!

Julieta

¡Ya va! Mas si no es bueno tu propósito,
te lo ruego…

Nodriza (Dentro.)

¡Señora!

Julieta

¡Voy enseguida!
… déjame con mi pena y no te esfuerces.
Mañana te envío a alguien.

Romeo

Por mi alma…

Julieta

¡Mil veces buenas noches!

Sale.

Romeo

Mil veces malas si se va tu luz.
Lento parte el amor, como el niño va a la escuela.
Veloz vuelve el amor, como el niño huye de ella.

Se retira poco a poco.
Entra de nuevo Julieta arriba.

Julieta

¡Chist, Romeo! ¡No tener voz de halconero
para hacer regresar a aquel halcón…!
Mi voz cautiva es ronca y no le alcanza,
pero podría desgarrar al Eco
y lograr que su voz enronqueciera
de tanto repetir «¡Romeo!», «¡Romeo!».

Romeo

Es mi alma, que me llama por mi nombre.
¡Qué dulces son, por las noches, las voces
del amor! ¡Son como una suave música!

Julieta

¡Romeo!

Romeo

¿Paloma mía?

Julieta

¿A qué hora
te envío a un mensajero mañana?

Romeo

Hacia las nueve.

Julieta

Así lo haré; faltan como cien años…
Ya ni me acuerdo por qué te llamaba.

Romeo

Deja que me quede hasta que te acuerdes.

Julieta

Me olvidaré para así retenerte
y recordar cuánto amo tu compañía.

Romeo

Me quedaré para que no recuerdes
y yo olvide cualquier otro lugar.

Julieta

Casi es de día, y te querría lejos,
aunque no más que el pájaro ligado,
que, atado como un pobre prisionero,
el niño deja saltar libremente
para obligarlo a regresar con su hilo,
cual amante celoso de su huida.

Romeo

Quisiera ser tu pajarillo.

Julieta

Y yo,
pero te asfixiarían mis caricias.
¡Adiós! Qué dulce es esta despedida:
diría adiós hasta que sea de día.

Sale Julieta.

Romeo

¡Que haya paz en tus ojos y en tu pecho!
¡Si yo pudiese ser tu dulce sueño!
Iré a la celda del buen fraile para
pedirle ayuda y mostrarle mi gozo.

Sale.

Acto III: escena V

Entran Romeo y Julieta arriba.

Julieta

¿Quieres marcharte ya? Aún no es de día:
no era la alondra, sino el ruiseñor,
el que horadó tu oído temeroso;
canta en aquel granado cada noche.
Créeme, amor, ha sido el ruiseñor.

Romeo

Era la alondra, la que anuncia el alba,
no el ruiseñor. Los rayos que engalanan
esas nubes, celosos, las separan.
El día jovial apaga las candelas
y asoma tras la niebla de esos cerros.
Si me voy, viviré, y si me quedo, moriré.

Julieta

Esa luz no es del día, bien lo sé;
es un meteoro que el sol ha exhalado
para servirte de antorcha esta noche
e iluminarte el camino hasta Mantua.
Quédate un poco más. Aún es temprano.

Romeo

Que me prendan y a muerte me condenen;
todo lo acepto, si eso es lo que quieres.
Diré que aquella luz no es la mañana
sino el reflejo pálido de Cintia;
y que no son las notas de la alondra
las que hieren el arco celestial.
Yo prefiero quedarme que partir:
¡Ven, muerte! Mi Julieta así lo quiere.
¿Qué tal, amor? Hablemos, no es de día.

Julieta

¡Sí que lo es! ¡Huye, márchate de aquí!
Es una alondra la que desafina
con notas irritantes y discordes.
Dicen que es dulce el canto de la alondra,
mas no es verdad, puesto que nos separa;
o que trueca sus ojos con el sapo:
¡ojalá intercambiasen también voces,
pues la suya separa nuestro abrazo
como una albada cruel de son amargo!
Oh, vete ya, que aclara por momentos.

Romeo

Cuanta más luz, más negra es nuestra pena.

Entra la Nodriza corriendo.

Nodriza

¡Señora!

Julieta

¿Nodriza?

Nodriza

¡Tu madre se dirige hacia tu alcoba!
¡Ya es de día, tened mucho cuidado!

Sale.

Julieta

Por donde entra la luz huye mi vida.

Romeo

¡Adiós, adiós! Otro beso y me voy.

Desciende.

Julieta

¿Así te vas, amor, marido, amigo?
Hazme saber de ti a todas horas,
porque un minuto se me antoja un día.

El escritor William Shakespeare.
El escritor William Shakespeare.

Biografía de William Shakespeare

William Shakespeare (Stratford-upon-Avon, Warwickshire, Reino de Inglaterra, 23 de abril de 1564 [juliano] — 23 de abril [Juliano] o 3 de mayo [gregoriano] de 1616.

Entre sus obras destacan Titus Andrónicus, Romeo y Julieta, Hamlet, Otelo, Macbeth, Trabajos de amor perdidos, El sueño de una noche de verano, Mucho ruido por nada, La tempestad, Ricardo III, entre otros.

Primeros años

No se conoce el día exacto de su nacimiento, las actas de esa época solo registraban el bautizo. Su bautizo fue el 26 de abril de 1564, y era tradición realizarlo dos o tres días después del nacimiento del bebé. El 23 de abril es también la celebración de San Jorge en Inglaterra y otros pueblos europeos.

Probablemente para emparejarla con la celebración de San Jorge, y para guardar semejanza con el día de su muerte —también 23 de abril—, la tradición ha guardado esa fecha.

Tampoco hay registros de que haya asistido a una escuela, aunque por ley tenía derecho a una educación gratuita al ser hijo de un funcionario del gobierno. Pudo estudiar en la Stratford Grammar School, una escuela en el centro de su ciudad. Ahí se estudiaba gramática y latín. Y entre los escritores de lectura obligatoria estaban Esopo, Ovidio y Virgilio, a quienes Shakespeare debió conocer muy bien.

En 1582, un 28 de noviembre —y con 18 años— William Shakespeare contrae matrimonio con Anne Hathaway, tienen 3 hijos: Susanna, Hamnet y Judith. Hamnet fallece a los 11 años, y los hijos de Susanna y Judith no tuvieron descendencia, por lo que actualmente no existen descendientes vivos del escritor.

Carrera como actor y dramaturgo

Hacia 1590-92 Shakespeare empieza a trabajar en Londres como dramaturgo. Sus primeras obras fueron comedias como La comedia de las equivocaciones [1591], Los dos hidalgos de Verona [1591-92], Trabajos de amor perdidos [1592], y luego alternaria entre comedias, tragedias, poesía y dramas históricos como Venus y Adonis [1592-1593], Titus Andrónicus [1594], Enrique IV [1594], Romeo y Julieta [1595], El sueño de una noche de verano [1595-1596], entre otros.

Más tarde se convertirá en actor, y finalmente en copropietario de la compañía teatral Chamberlain’s Men —que luego se convertiría en The King´s Men.

En 1613 se incendia el teatro The Globe, donde solía presentarse con su compañía The King´s Men, y el desastre incineró manuscritos de William Shakespeare como Cardenio, una obra inspirada en el personaje Cardenio de Don Quijote de La Mancha, de la que no quedaron restos.

Fallecimiento

Tres años más tarde, fallece el 23 de abril de 1616 —en el calendario juliano, en el calendario gregoriano actual, sería el 3 de mayo. Las causas son inciertas. Se ha dicho que fue debido a una fuerte fiebre producto de su embriaguez. Y actualmente existe la teoría de un posible cáncer.

Tras morir sus restos fueron sepultados en el presítero de la iglesia de la Santísima Trinidad de Strafford. En el interior de la iglesia se encuentra un busto en su honor, mostrándolo en actitud de escribir, y con una pluma que se cambia cada año.

Siete años después de su muerte, en 1623, se publica el First folio, una colección con 36 de sus obras de teatro. Recopiladas por John Heminges y Henry Condell.

Especulaciones sobre la autoría de sus obras

Hay obras que se atribuyen a Shakespeare pero que no se encontraron en el First folio, como Pericles, Los dos nobles caballeros y Eduardo III. Por lo que existen especulaciones sobre si realmente pertenecían o no al escritor.

También existen teorías que discuten la existencia de Shakespeare, debido a que existe muy poca data sobre él o referencias confusas. Y postulan que fue un seudónimo usado por dramaturgos de la época, atribuyéndose su obra a Francis Bacon, Christopher Marlowe o Edward de Vere. Estas ideas fueron especialmente populares en el siglo XIX.

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