Poemas no recogidos: 11 poemas de José Antonio Mazzotti

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Poemas no recogidos en libro es el primer poemario de José Antonio Mazzotti. Uno de los libros más interesantes de la década del 80 en Perú. Ganador de los juegos florales de la Universidad de San Marcos, y escrito cuando el autor rondaba los 19 años.

Introducción

Año 1980. Acaba de cerrarse la admisión para los juegos florales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en la categoría de poesía. La convocatoria ha sido un éxito tanto en número de trabajos como en la calidad de los mismos. El jurado —integrando por los escritores Mario Florián, Marco Martos y Washington Delgado—, piensa detenidamente en sus tres finalistas: Pedro Escribano, Cesáreo Martínez y José Antonio Mazzotti.

Luego de un arduo análisis, el jurado premia a Poemas no recogidos en libro, un poemario donde el amor, la soledad y la poesía misma estarían marcadamente presentes, que resultó ser de José Antonio Mazzotti, un estudiante de 19 años.

Más tarde, el destino de los otros dos finalistas sería enriquecedor. Tan solo dos años después del concurso, Pedro Escribano gana el premio Poeta Joven de San Marcos, con su libro Manuscrito del viento, y desarrollaría una carrera periodística-literaria, resaltando sus crónicas y el libro Rostro de memoria: visiones y versiones sobre escritores peruanos, donde recoge escenas de la vida de decenas de escritores peruanos.

Mientras tanto, Césareo «Chacho» Martínez, ya era un poeta conocido por su libro de 1978 Cinco razones puras para comprometerse (con la huega), y consolidaría su figura en las siguientes décadas con libros como Donde mancó el árbol de la espada y arcoíris (Bando para que la dirigencia se alinee con las masas), Celebración de Sara Botticelli, El sordo cantar de Lima, y Sol de ciegos, publicado póstumamente.

Un poeta hondo, grande y sincero

Poemas no recogidos en libro se publica un año después, en 1981. En el prólogo del libro, Washington Delgado ecribe.

El trabajo premiado sorprende por su extraordinaria madurez: la técnica en el manejo del verso libre y la arquitectura total del poema resultan impecables y, al mismo tiempo, estas virtudes estilísticas se hallan al servicio de un pensamiento y un sentimiento poéticos poderosos, profundos e implacables. La poesía de José Antonio Mazzotti discurre por cauces así geométricos, pero no se cierra en sí misma sino que abre ante los ojos del lector perspectivas inéditas, alucinantes o turbadoras.
Los temas principales del libro son el amor, la soledad, la muerte y la poesía misma, tema este último de gran preponderancia en la poesía contemporánea y que en el Perú ha dado motivo, hace ya algún tiempo, a una notable antología de artes poéticas recopilada por Luis Alberto Ratto.


[…] Estos versos nos confirman la limpidez y soltura del estilo poético de José Antonio Mazzotti, su profundidad imaginativa y su rigor intelectual, su gracia y su frescura juveniles. Son los versos, evidentemente, de un poeta hondo, grande y sincero.

Washington Delgado. Lima, 27 de abril de 1981.

📕Lee también El río (completo; 1960): 5 poemas de Javier Heraud

Poema Yegua es la hembra del caballo, de José Antonio Mazzotti. En su libro Poemas no recogidos en libro.
@poetasdelfindelmundo

Los amores imposibles, los poemas

Mientras te duermes vas oyendo a tus espaldas una puerta que se cierra sin hacer ruido
piensas en un amor imposible de citas clandestinas
y perros que te siguen en la noche
y descubres que un amor y un poema son lo mismo al fin y al cabo
y son lo mismo al fin y al cabo el poema y la puerta que se cierra
sin hacer ruido y son lo mismo esa puerta que se cierra y un amor imposible que hace ruido estrepitosamente
y tienes que escribir el poema
escribir el poema
escribir el poema

a como dé lugar.

Contra el arte poética

Y todavía no has escrito el poema
Borges

Has desplegado tu hoja en blanco y apelado a los dioses
y no te han atendido. La demanda
en este tiempo es enorme, más enorme que el papel
y que tus días
y no hay palabras para tanto resplandor.
Ni siquiera has logrado conmover a un garabato
y ya hay algo que te cansa (caminar, sentir frío en los pies, acariciarte
los pelos o volver la vista hacia las piedras del camino).
Apenas un juguete entre tus dedos (una Browning 22 tan dulce como un lapicero)
y el silencio te cubre como un perro en celo
o una bala que te quema la frente.

Has apelado a los dioses y no te han atendido.

Y apenas si has logrado conmover a un garabato.

Psalmo primero

Señor, cuando saliste a mear en los jardines de la Exposición
tú no entendiste al perro que olfateaba tus zapatos buscando una respuesta
a sus gemidos. Sólo
te reclinaste a propinarle una cornada
y regresaste caminando honrosamente al Laberinto.

Señor, gracias te doy por ese pan, por ese vino
amargo, muchas gracias
por las palabras que se desarmaron a la hora de llegar.
Gracias, Señor, por la mirada oblicua, por el puesto de desocupado
gracias por el cigarrillo que nadie fue a comprar.
Gracias, Señor, también, por lo que digas / o lo que no digas (es lo mismo),
gracias por el silencio de una noche de llovizna tiritando en un parque.
Gracias por las monedas a la salida de los restorantes
y por el gesto de sorpresa sobre tu colchón en el palacio dorado.
Sólo te pido, Señor, que falles la próxima vez
y Lima no sea más tu pueblo elegido
para orinarme en la cabeza como a una planta bendita.
Sólo te pido, Señor, que no salgas de tu Laberinto,
aplaques tu ira / enciendas tu televisor,
y por los siglos de los siglos, oh Señor,
ya nunca más insistas.

A un joven poeta activista

No me hables
de la Realidad, a mí
hundido en cien batallas,
diez cantinas, una cárcel y tres parques cuatro veces al año. No me digas
cómo lavar las paredes de Lima,
ni cómo darles vuelta a los relojes de la Catedral.
Si a veces me sorprendes
cargando un libro de poemas, no
me lo reproches: el oficio
exige mil respuestas para cada caminata
y Lima tiene más veredas que tu espesa cabellera.
No me hables
de la Realidad, por Dios, no me la pintes
de negro o rosa o verde o marquesinas.
Cuida tu verbo, que es tu carne, cuida el piso
en que también caminas:

métete la realidad en el poema.

Nocturno continuo con lluvia afuera

A la hora triste de los desengaños, a la hora
de los extraños desconciertos prevenidos de toda aspereza,
siendo el silencio un charco de agua sobre tus colchones
y lamentando locamente los aspectos más triviales de la Gran Jornada,
qué hacer sino dormirte sobre el escritorio, almacenarte como un libro en el tablero sin fin
y amar / reír / gritar / morderte
patear / llorar / oír / mirar
por la ventana y empaparte / acariciar
alguna idea inútil como un hongo sobre el pasto,
pensar no es venenoso, con amor
llevarlo a casa y endulzarlo, conocer
ese sabor maravilloso, y encontrarte
de pronto con las dos de la mañana, a la hora triste
de los desengaños, a la hora
de los extraños desconciertos prevenidos de toda aspereza, etcétera.

Canto a mí mismo

José Antonio, José Antonio,
por qué me dejaste aquí…

Conocido vals

Nada has perdido, amén de un par de lapiceros
y algunos años persiguiendo los poemas hasta más no poder.
Sólo supiste atesorar esos desnudos en los almanaques, José Antonio,
y caminar por La Colmena puesto que el día y la noche apenas si te eran propicios
para buscar el amor. Y sólo hubiste gruesos callos y el placer de haber corrido
entre los poros de Lima como un turista asombrado
o de encumbrarte por jornadas en la punta de tu dormitorio
sabiendo que los sueños te llevaban a un badajo rebotando y rebotando.
Nada has perdido, José Antonio, nada,
sino esas monedas habidas en un parque / útiles
como un caballo para huir de mí.
Ahora los días son tan claros como cualquier noche
y las uñas te crecen como el pasto en el aire limeño
y hay cosas que se empeñan en aparecer
en el bolsón del tiempo: dos borrachos orinando al pie de San Martín, una muchacha
de flores en el cuerpo y caminando al fin del mundo, noches
y noches de vigilia sobre el tren de la locura, y todo metido en tus orejas como los fantasmas.
Pero nada has perdido, José Antonio, y ya no reconoces
a los amigos que te publicitan como una nueva hoja de afeitar.
Sólo caminas como un árbol desteñido
y escuchas a lo lejos una radio con un disco repitiéndote cosas que quieres olvidar, un vals llorando sobre tu cabeza y unas palabras para arrepentirte de tu reciente defunción.

Me despido del silencio

Canto la gran alegría de cantarte
la gran alegría de tenerte o no tenerte

P. Eluard

Me despido del silencio como de una casa querida
y me ladran los perros y me alegro
sin rumbo vagando por el espacio inmenso
puedo reír ahora sin temer
un corazón partido un labio roto
caminando por las veredas desteñidas
de esta ciudad enorme como la molicie
los párpados son densos y no dejan
marchar sin contratiempos por el día
ah y sin embargo el cansancio
es más hermoso que el sueño
dime muchacha si no es cierto el tiempo
dime si no es mejor andar hacia la muerte distraído
y odiar la poesía como a una cucaracha
nocturna en cuyo lomo el pie no acierta
dime si fuera de la calle hay otra calle
si atrás de la muchacha hay otra
muchacha con los mismos ojos
verdes como la tarde
en que te escribo si es mejor
tenerte entre papeles
o entretener mi cuerpo con tu cuerpo / contingencia
y gloria del mortal que habla contento
de perseguirte sin fortuna por ser cierta y viva.

Yegua es la hembra del caballo

(después de una lectura de R. Jakobson)

Yegua es la hembra del caballo y yegua
es mi mujer impronunciable por el resto de mis días, la frescura
de su sudor y de sus patas duras como un diente
y el lomo en que cabalgo rodeado de metrallas y sirenas
anunciando un bombardeo.

Yegua es la hembra del caballo y yegua es mi mujer
de suave relincho a cien violines cuatro flautas dos trompetas
y un músico olvidado y legañoso / a media barba /
y noches de terrible claridad.

Ella se mueve por los parques hinchando sus ancas
(yo hincho mis pulmones)
salta y patea y no conoce a los flemáticos
desnuda una sonrisa / como quien abre una bolsa de arroz
sabe y no sabe siente y no siente grita y no grita
y esparce el arroz entre los novios.

Yegua es la hembra del caballo y yegua es mi mujer impronunciable
divina metalengua que pronuncio y no decoro
y salto y pateo y relincho y ya no sigo
sé que ella viene como un pasto dulce a perdonarme estas palabras.

Palabras

Detrás del amor, las palabras oscuras,
y detrás del silencio, las palabras oscuras,
y detrás de tu cuerpo, las mismas palabras
oscuras como los días, tercas como los besos
disparados sin remordimiento, las palabras
que bajan, ríen, corren como lobos en celo
y destrozan tus cabellos, saltan
y no regresan, y se desparraman, o no llegan
y lanzan un grito estridente, sin dejar de ser oscuras,
y llenan de burbujas esta habitación,
hasta que locas se tienden donde el sueño las alcanza
y son para colgártelas al pie de la mañana,
limpias.

Bye bye love

Nosotros no inventamos el amor. Setiembre rojo.
No fuimos los primeros en remar bajo los puentes.
Ni siquiera en escribir sobre boletos de autobús
que luego haríamos zarpar
sobre las piedras amarillas de la gran ciudad.
Nosotros no inventamos el amor. Y sin embargo
por ese tiempo no hubo pasto limpio
ni taxi ni ambulancia que fungieran de alcancía de la niebla
ni pájaro que tal como en películas
volara para el Sur.

Nosotros no inventamos el amor. Ya lo decía.
Y no pudimos evadirnos de las olas
y la corriente que arrastra al que se mira entre los ojos de la gente
y los atajos de los parques desbordando
y tú y yo como un niño
desnudo tras una pelota.

Qué tiempo el de setiembre cuando muere setiembre.
Qué tarde la del ciego cuando el sol se apaga
como un carbón mojado.
Qué pobres los poemas
cuando no hay nada por saber, ya lo decía:

nosotros no inventamos el amor.

De ti me separa un planeta

De ti me separa un planeta poblado de siete mares
y de animales de distinta especie que se entusiasman haciendo el amor,
y me separan de ti todas las cosas que se dicen en los viajes arriesgados
alrededor de ese mundo colmado de palabras o poemas o caricaturas
de los animales de distinta especie que miramos hacer el amor.
De ti los árboles que cubren con sus sombras a las sórdidas parejas
y los parques enrejados donde se filtra el humo de las fábricas
y el humo de los autos y las voces de los edificios donde también se hace el amor
y me separan de ti los poemas que te dije en cualquier lugar del tiempo
y los poemas que no sé escribir, y los que pienso escribir, aunque no sepa,
y los poemas que no escuchas que no miras que no dices
porque eres sabia como un mono, lejana como un mono
en la ciudad llena de fábricas y parques y edificios
donde no hacemos el amor / donde no haremos el amor
porque de ti me separa un planeta poblado de siete mares,
un planeta con sus sombras sobre el que giro y me alejo
y estoy volviendo, todavía.

El escritor José Antonio Mazzotti.
@poetasdelfindelmundo

Biografía de José Antonio Mazzotti

José Antonio Mazzotti (Lima, 1961). Poeta y crítico literario. Ha escrito, entre otros, los libros de poesía Poemas no recogidos en libro, Fierro Curvo, Castillo de popa, El libro de las auroras boreales, Señora de la noche, Declinaciones latinas, Sakra Boccata y Apu Kalypso.

Libros de ensayo y crítica Coros mestizos del Inca Garcilaso: resonancias andinas, Poéticas del flujo: migración y violencia verbales en el Perú de los 80, Encontrando un inca: ensayos escogidos sobre el Inca Garcilaso de la Vega. Y reunió, junto a Miguel Ángel Zapata, la reconocida antología El Bosque de los huesos: antología de la nueva poesía peruana 1963-1993.

Movimiento Kloaka y años 80

En los años 80, Mazzotti se convertiría en un aliado importante del movimiento poético Kloaka, colectivo de poetas, músicos y artistas plásticos. Donde participaban, entre otros, Domingo de Ramos, Guillermo Gutiérrez, Frido Martin, Mariela Dreyfus, Carlos Enrique Polanco, Fernando Bryce, Dalmacia Ruiz Rosas, Roger Santivañez.

Los escritores del grupo fueron piezas claves de la década del 80, y compartían similitudes con otro grupo peruano que marcó un hito en la generación anterior, el movimiento Hora Zero, con integrantes como Enrique Verástegui, Jorge Pimentel, Tulio Mora, y Carmen Ollé.

Roger Santiváñez y Dalmacia Ruiz Rosas participaron inicialmente en Hora Zero.

La permanencia de Mazzotti con el grupo sería itinerante, viajaría a USA a seguir estudios en literatura en la Universidad de Pittsburg y la Universidad de Princeton. Y decide permanecer allí para dedicarse a la investigación y la docencia, a la par de su labor creativa.

Reconocimientos

Su primer poemario Poemas no recogidos en libro (1981), obtiene el primer premio en los Juegos florales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su poemario Castillo de popa (1988), fue finalista del Premio Casa de las Américas.

En 2018 José Antonio Mazzotti gana el Premio Internacional de Poesía José Lezama Lima con su libro El Zorro y la Luna: poemas reunidos 1981-2016.

[Premio obtenido por su] relevante conjunto de una trayectoria poética singular en el ámbito hispanoamericano.

Jurado del Premio José Lezama Lima.

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