De antología: 11+1 poemas de Juan José Rodinás

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Poemas de Juan José Rodinás, seleccionados de sus libros Cromosoma, Código de barras, Estereozen, Anhedonia, Kurdistán, Cuaderno de Yorkshire y un poema inédito.

Introducción

La poesía ecuatoriana ha tenido grandes propuestas literarias. Lastimosamente muchas de estas propuestas no lograron establecer al país dentro del panorama literario internacional. Sin embargo, para las últimas décadas del siglo XX, se da un vuelco a este aspecto, y se puede rastrear indicios —los movimientos literarios Tzánzicos o los Psicoseos por ejemplo— de una ruptura con ciertos procesos de la literatura más conservadora (poesía de la emoción o de la experiencia por poner dos ejemplos rápidos).

Llegando al siglo XXI, la poesía ecuatoriana se encuentra con una de sus propuestas más interesantes, una especie de poesía para cyborgs con la que ingresa Juan José Rodinás (Ambato, 1979).

Sin duda, su poesía es una de las más desafiantes y demoledoras que ha dado el país.

Una poesía de preguntas

La poesía de Rodinás teje preguntas histéricas, donde el silencio le pertenece a la luz y la luz no es más que viaje y clonación.

  • ¿Somos o nos hacen?
  • ¿­Dónde empieza el desastre en la memoria?
  • ¿Existe soledad en la memoria o sólo caos?

Rodinás y su poesía nos compromete a entender la modernidad como cosmogonía bicéfala o escena de cine B donde la poesía…

es la mente arrastrada y mutilada por los brazos de un hombre realista que sigue la línea del verano.

Juan José Rodinás. En Cromo «Permanent Vacation»

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Portada de Cuaderno de Yorkshire, de Juan José Rodinás.
@ramon.bascunana

Autopista a Cayambe al borde un sendero empedrado y praderas magentas

I

Algarrobos crecen. O vuelan gavilanes sobre la acequia distante. Mi caballo marcha conmigo hacia el fondo azul transfinito de esta soledad sin cosas donde los rostros cercanos sólo hablan el idioma de las pérdidas y una más y otra. Las abejas giran sobre los tréboles que, desde la gruesa montura, me son inalcanzables.

Allí,
como una voz olvidada, alguien repite:
“queremos morir y educarnos como El Muerto,
siempre me quise educar en la escuela del Muerto
mirando las pizarras vacías”.

II

Entonces, miré mi cabeza como un plano donde estudiaría largas jornadas, largos paisajes de hueso.

Paisajes como…

Las vacas pastan como rocas menesterosas esperando que niegue mi ánima. Siempre quise negarme: agredirme en el frontón de mi mente vacía. La hierba crece y las nubes aquí no son motivo para muchas preguntas.

Mundo áspero como un golpe (el fémur de mi abuelo bajo el cerro de un árbol en un cementerio vacío y una flor que robé de otra tumba). Lapis animatus, en el ojo de mi personaje supimos: no había dios sino en estado sólido (naturaleza muerta).

La noche puede dividirse en dos sin nosotros. Nada costaba regresar al mundo de la lucha libre del lenguaje, a la batalla final de los runas contra el Amo (todo al interior del corazón perdido en una jaula subatómica).

III

Paisajes como:
(este reino invisible)

Entonces:
evitar la progresión
evitar que cualquier gracia ocurra en estado de gracia
hundir el corazón en la lengua de El Muerto,
escuchar su latido ahora que todo paisaje es imposible,
pues nada es más distante
que una condena
a mirar la limpieza del agua que cae del tejado
como el aguamiel de un mundo
donde cualquier sorpresa ocurre sólo
en el cadáver de una res
—cercano, aunque visto desde otro ángulo—
lentamente devorado por las hormigas.

Cromosoma

Cromo “Permanent Vacation”

Filmaba una película sobre un cartón de huesos. (Entiendo). No copiar. Ampliar los huesos. Yo miraba una cinta de Jarmusch. ¿Velocidad de una estrella negra abriéndose en el ojo? (Sí, entiendo). Huesos, perros, niños obesos comiendo dulce elaborado con niños en polvo, con azúcar extraída de hadas con tumor cerebral, con demonios servidos para la merienda. Un ritmo circadiano entre las fresas negras. Breve película donde uno marcha hacia dentro de la mente inmóvil, de la ciudad corregida, posada por los pasos.

I

09:12

Azul es cielo material y nubes blancas. Un hombre guarda una caja de cerveza heineken en un tráiler: lo mal construido del tiempo está en la calle de esta imagen. Camino sobre la acera como pasando sobre un disco de 45 revoluciones. Desde aquí, lo visto es una distancia que se contrae o expande y: esa pasarela de animales desconocidos, de mutaciones invisibles. Estoy solo.

II

09:14: limpieza, sueño

Volveré a la casa, a la cabeza con árboles donde nací, volveré al ojo de topo de mi madre, a la casa hipotecada, volveré a la casa de los huertos donde nadie sufre. Hay un puente de hormigón a no mucha distancia. La hierba está enrojecida. Pequeños matorrales y un chopo reluciente. Lilas marcan el borde de una charca vacía.

III

09: 14.1: limpieza, sueño

Ésta es una casa contra las galaxias. Mundo: escombros, marmajas. Soy un escombro en los escombros. Soy un escombro en los escombros de una galaxia viva. Aprendo que mis pasos son apenas las huellas de mis pasos en mis pasos.

IV

14: 12.1: hospital de la mente

Puertas y pasillos donde cada paso es un hombre sin recuerdos. La enfermera grazna y me deja pasar. Ahí, gimen las mujeres como pájaros extraviados en sus propios cuerpos. Soy tu hijo —le digo a la mujer que danza como derviche en el centro de la habitación, en el centro de la enfermedad mental. Otra ríe, pero ella: “sabía que eras mi hijo por la forma en que graznas, en que graznan los ojos de tu padre en ti”. Sonido de aviones. La enfermera grazna “es la hora de los medicamentos” y saca una aguja para dormir animales. (Se puede soñar la misma imagen con variantes). Todavía ríe la otra mujer —en ojos claros— mientras la muerte corcovea sobre un taburete: caballito pequeño y viviente.

V

17:35: versión con muchacha: postparaíso.

Los niños góticos que juegan fútbol en la calle me ven como si fuera un túmulo de heces. La ciudad es un fondo musical abolido: no me gustan los avisos de neón si no hay algo que anuncie el fin del mundo y su regreso: el eterno retorno de la cabeza muerta. Sobre una escalera, alguien canta en español: “qué bonita está la mañana”. Pero es tarde y la llorona barrial se hala los pelos iluminados, cuando le pregunto si está bien. Qué te vayas de aquí —me dice./ En el paisaje seco,/la llorona barrial canta/ y muele su mirada entre los chopos./ En círculos/ camino hacia ninguna parte/ en círculos/ miro un fondo devastado./ ¿La tarde?

VI

23: 10: versión última: corazón cabeza

Elijo el callejón de boxeadores que da paso a la realidad y su huerto de peras. Luego, dormiré en la calle: como dormir en la calle y soñar el mundo cuando despierte y soñar avenidas desiertas y una desolación que sea hija de mis ojos.

VII

23:10 mi cerebro es ópera entre dos estruendos

Un hombre negro, con dientes como perlas alucinadas, se ríe desde su silla y me habla sobre “El Efecto Doppler”. ¿Qué quieres escuchar chico? —dice, mientras ensaya un paisaje miles Davis. Algo que sea un evangelio del ritmo en el oído.

VIII

Daño una estación con cuadros invisibles. El deterioro es mi imagen quemada sólo ante mis ojos y la campana del mirlo: la memoria es la mente arrastrada y mutilada por los brazos de un hombre realista que sigue la línea del verano.

Dibujos estarcidos en la mente: fotogramas recortados sobre el soplo de la dispersión.

Pierdo mi dirección perdida.

El desvío es una línea recta en todas direcciones.

Mapa como efecto
de pasar a cualquier parte.

IX

Irse cuando se perdió el eje del cuerpo y pienso que en el pecho hay una ventana para escapar de 1 hacia 2. Hacia 3 también, pero a veces: rojas mariposas de ala única, huyendo. Me gusta mi traje a cuadros. En la baranda, miro el pespunte del mar. Una maleta. El señor adiós es abstracto. La fotografía en color de esta escena es una forma de la despedida. Babilonia es el mapa de una mente que se borra a sí misma. Varios botes. Un barco. La huida –la más hermosa– es hacia un punto que ha sido borrado de antemano. Un punto donde mi rostro fue borrado antes de existir.

Cromosoma

Ilustración con muchacha dentro

I

Un sol como una pregunta.
Un fondo áureo en la tintura.
Un círculo amarillo con tentáculos.

Alguien dirá sol pensando
“punto amarillo sobre la carretera”.

Hacia la derecha, un altar de piedra.
Janis Joplin, en efigie de plástico,
es una virgen morena
sobre cuya cabeza vuelan moscas y tábanos.

Aullante. Una vez más
colocarle una vela Janis aullante.
Y orarle así por todos los muertos de la carretera.

Cruces. Calaveritas pizarnik.
Cruces. Lápidas.
Todavía un realismo filmado
en cámara verbal con 30 milímetros de luz.

Aquí llueven paisajes de granizo.
Paisajes de polvo en un valle de estrellas.

II

Estas imágenes proceden de un viejo telefilme
que nadie mirará jamás
.

Hay un vehículo parqueado.
es un Chevrolet modelo 85.
Vendo seguros -dice un burócrata- desde el auto viejo.

Busca en los ojos de Johanna
-así se llamó la muchacha perdida-
un argumento para desmentir
que el mundo sea un niño loco
que hunde su mano en una tina roja
para luego perderla en una escena irrealista.

En los ojos de Johanna, el burócrata encuentra
un fósforo encendido,
un video gore dentro de un pájaro de cuarzo.
Para agregar, luego,
el paisaje necesario al extraño conjunto.

III

Tomo la estrella- dice el burócrata.
¿Me servirá tu estrella, Johanna de los muertos?-
piensa, mientras arranca su auto
a la velocidad de la luz.

El sol es un punto –como un hueso alargado-
acariciando flores
y flores que no son de la mente.

(Bendita seas, Señora de las cosas:
Janis Joplin ora sobre el corazón de la niñita monstruo
).

El burócrata parquea su automóvil.
Entra a un restaurante y,
mientras mira los postres del menú,
medita:
soy lo invisible
o tengo, al menos, tu huella invisible
.

Y se sienta en una mesa
que bien podría existir sin él.

Código de barras

Dollboy filmado por Giorgio de Chirico

I

No moverse de aquí: no demasiado:
hay demasiado cielo.
Un globo trepa por la atmósfera.
Alguien cierra los ojos.
Cielo es inmóvil. Cielo es palabra inmóvil sobre el ojo.
El niño mueve su brazo.
Decir tarde (yo digo tarde)
es una cosa. La tarde es una cosa, pero un lienzo,
pero un filme azul, incógnito.
Tarde es una palabra, un espacio y un pájaro.
El niño mueve su brazo:
un globo sube por la atmósfera.
El niño&niña es una palabra inmóvil
sobre la plaza del ojo
donde mi visión del mundo
es una línea levemente inclinada.
El niño abre párpados como mirlo
antes de emprender la noche.
El niño cierra párpados, abre párpados.
El niño es una palabra llena de cosas.
Globo azul -como palabra azul- asciende
por la atmósfera hueca
hacia la lente vertical del ojo.
El niño –con vestido rojo- y su mano
es inmóvil entre carruseles inmóviles,
es inmóvil entre personas inmóviles.

II

Hay objetos de plástico:
mundos abandonados sobre un fondo de nubes.
Un automóvil es el júbilo en el piso,
rodeado por soldados de goma.
Una lámpara dibuja un juguete que espera.
En este dormitorio de pájaros antiguos:
sin pensamiento.
Realidad sí. Realidad con llantas.
Alguien sueña un volante encendido.
Alguien piensa con su mano: velocidad
Para poner la cabeza en el suelo
y que se acelere la vida.
Movimiento es filmación feliz
si la mano mueve el juguete sobre la calle imaginaria.
Movimiento es carrito entre los muros
rasgando el teorema que señala:
aquí está la muerte,
aquí está el largo esquema de la muerte.
Automóvil pausado
y la noche con grullas de papel
que evitábamos tocar para no despertarnos
en nuestro propio sueño.

III

Un niño baila en la noche del mundo
(¿para qué baila?) En la montaña,
el niño obtiene capulíes,
casa de dos pisos,
habitación, lápiz sobre el papel,
rasgando, frotando estrellas.
¿Cómo decirlo?
Un campo de estrellas es un dibujo
donde sepultamos, mamá,
a todos los soldados de goma muertos.
Un campo de estrellas es un cielo
donde los muertos son imposibles
(o cargan el peso de dibujar
a los pájaros ciegos).
Entonces, un campo de estrellas
es un tapiz con árboles caídos
junto a un tren inmóvil
en el que todos los pasajeros
dibujan un niño que los mira.
¿Qué niño? Estrellas de plástico
regadas en la cobija
para que el niño pueda despertar.
La estación inicia el día
sobre su propia imagen perdida.
¿Cómo decir niño
sin decir ojo de niño perdido?
Un cielo donde los pájaros son puntos
sobre el ojo. Sobre las preguntas,
la silla de mamá para mirar el mundo
y largos trenes
por donde toda visión ha de pasar,
al extinguirse,
al volverse lo que ya no tenemos,
ahora.

Código de barras

Tachaduras Dime, ¿qué ves Carlos Edmundo?

Dije: A la noche, cae una cabeza: es la luna
Dije: es el pensamiento de un dios de piedra en un sueño electromecánico,
es mi hija soñándose robot en su laboratorio cerebral.
Una huella de sombra que despeja la blancura de nube
de esta metrópolis de muertos vivos, de esta luna desgonzada
sobre la carne pálida de un camal sobre la mesa del cielo.
Estoy grabando mis iniciales en la médula
de un andrógino metálico que sueña el vuelo del colibrí eléctrico
sobre un bosque de árboles de titanio recién ensamblados
por el dios que nos sueña con la mitad de su cabeza
y con la otra pretende aniquilarnos un paisaje de cráneos de ruiseñor
como aerolitos alumbrados de sangre o aceites de una absintia virtual,
mientras el pensamiento es un líquido es un estarcido de arena de agua
sobre la rocas en el paisaje virtual en shock.

Estereozen

Koan haendel: música acuática II

La aguja de plata
traspasa el cráneo de una niña dorada.
Son los cirujanos violentos en el jardín de una casa distante.
The fish, pero cómo decirlo: este error, le poisson:
pensar que un pez grabado sobre el ojo izquierdo de una niña sangrante
es una habitación vacía
hasta extinguirse en un cuadrado negro [■: aquí]. La noche es
un “de pronto”: un cardumen: una serie de ojos peces:
una serie de peces probables, posibles, pero ojos: una visión
o una serie de peces en un punto blue donde los peces
se miran a sí mismos. Piénsalo conmigo:
tu ojo de ciborg no distingue, no, no puede,
bella medusa de máquina medusa,
de pez de máquina de pez caballo de niña ovípara de huevos ciborgs
sobre un jardín rosado:
traga, come avellanas de un árbol robot que aprende
una palabra de blancos de nieve en un rectángulo y es la isla vacía
donde enciende mi casa una noche,
él, adentro de las habitaciones, desaparecidos, adentro de los desaparecidos
y tú te enciendes con un fósforo –es tu cabeza de fuego negro-
hasta que los peces de la muerte empiezan
a nadar entre los peces de la muerte y empiezan
a estremecerse y se estremecen solos en una melodía de animales:
el arranque de un motor de los mil motores
en el violín
sin su extraño –pero extraño-
final.

Estereozen

Poema Infinito de junio, de Juan José Rodinás. En el libro Cuaderno de Yorkshire.
@munueram

Francisco Pino, Postsalmo

Tú crees en un dios vacío como una película de nubes.
Tú eres un sueño de tu propia mente:
una programación lingüística sobre el desierto de la realidad.

Tú recitas oraciones como un árbol poseído por el fantasma de un idioma muerto.
Tú eres un sueño de tu mente:
una barca de palabras que estalla en la noche más oscura del mundo.
como un mecanismo de iones atravesando la piel de una libélula.

Tú dios es pequeño como una letra de imprenta.
Tú eres un electrón abandonado sobre el ojo de una alondra que no alcanza
su mundo y se desarma en un oleaje de bosques.

La luna está en el ojo.
Debajo, siempre y eres un cobarde como todos los sueños que sueñas y creas mundos para no creerte el dios en que no crees porque eres tú mismo, pero paria, perdedor, loser como dicen los que te conocen y los que no te conocen: como tener astillada una estrella podrida en un cerebro que llueve. No quieres habitar tampoco los mundos que creas porque eres un poeta vacío y tienes miedo: cobarde al espesor de la blancura de un gozne en ala de una mariposa cayendo sobre tu frente, desdoblada sobre un papel perdido.

[Cuando los niños decidieron ser puntos de la luz, escribieron este poema y dijeron “no volveremos a beber leche de estrellas, ni a colocar nuestro ojo sobre Madame Sadness, abuela de la tristeza, porque entonces nacerá una máquina de polvo. Nadie volverá a vernos, si desaparecemos. Nadie, si nos quedamos como materia pura. Nadie, si nos volvemos puntitos de luz en el jardín de juegos del vacío”].

Estereozen

Balada para un perdedor absoluto en verso relativo

La madrugada es un niño rodando colina abajo
en mi cabeza que rueda colina abajo & cielo arriba arriba
donde se muele mi rostro de piedra sobre mi rostro de hueso.
De hecho, no sé si pienso esto que pienso: fracasé y soplé
y coloqué mi torso sobre una cancha de sangre
donde se acumulan los órganos del hombre que ya no pude ser,
que no sabría. Sobre el plumaje de un búho en el desierto,
las mujeres que no tuve, las que anhelé en la lluvia,
recorren un hospital psiquiátrico donde disparan
contra el laberinto vertical de mi cabeza rapada a los 16 años.
Esta muerte donde las islas de viento soplan
sobre los carrizos de agua de mi rostro quemado
es un pasaje directo hacia los huesos. Sin gracia, niño gris,
hombre concreto (la versión tangible de otros, esos sí,
triunfadores y etéreos, pero también hueco, vacío,
hambre de fondo, línea de arrastre de un símbolo inundado,
concreto máquina poema hombre poema cicatriz).
Y nuevamente herida. Nadie que me elija me elegirá.
Tengo el doble de años y una niña de niebla me esconde
bajo su mano (soy quien le venda su rostro,
quien la tortura sin que ella lo sepa para así comprenderla).
El cielo esplende como la cópula masiva de un enjambre
de abejorros azules + la velocidad de las células
amarradas sobre mis ojos: hay avisos de curva que no hay.
Hoy 6 de julio de 2012, mi alma es una cabeza rapada,
un desierto de neuronas sobre una isla de caballos
cosidos contra una nube de seda. Mamá, ya olvidé
cómo se escribía mi nombre. La escuelita de mi muerte
se abrasa con demasiados rostros desconocidos,
saludos cordiales, la desesperación de un animal
por convertirse en polvo.

Anhedonia

Happiness: finale

¿Quién soy? Este aburrimiento paranoide escribe
como la casa de un hombre escribe que falló en construir lo hermoso.
Una casa enroscada sobre un centro de alambre
donde una hormiga tiene pesadillas con transformarse en la mano
que la destruye & que ahora la destruye (y así la entiende).
Esto de soñar en destruirse, como una cometa
en un verano que las nubes árticas propagan,
es semejante al perro canceroso que sueña habitar un hospital de flores
donde toda la hierba ejerce resistencia contra el cielo abierto.
Imagen a considerar para los que, fracasando
en todo con igual precisión, sabemos que el lápiz, al sacarle punta,
gira en los dos sentidos al mismo tiempo.
En la mesa, los hombres cavilan & piensan:
todo está bien, recicla, esto va a aguantar. Aguanta, recicla,
la apocalipsis de una taza de té sobre la mesa
revela nuestra posición como objeto en la escena.
Pongo mi noche en la cabeza y un sueño despierta en la aguja
que usan los niños para pincharse y sentir la ondulación del mundo,
una estaca en la planicie & los cactos girando
lejos del lenguaje del dinero y la muerte,
como un computadora portátil encendida en el desierto.
Las reglas del mundo son que el tiempo pase
hasta que la muerte ocurra y podamos dialogar
con nuestros sueños que, en realidad, nunca fueron
ni realidad, ni asunto que valga la pena resumir con estilo.
Mejor no tener nada en el rostro, nada que nos haga reconocibles
ante la marcha del soldado nazi sobre las avenidas del páramo.
Sin embargo, no hay nada que tenga el color de los batallones errantes
que ahora cierran la puerta y empiezan su verdadera vida.
El final es apenas el comienzo de lo que no existe.

Anhedonia

Rapsodia donde el amor incluye una yihad islámica

Hoy recuerdas a esa muchacha irreal (el amor imposible,
impasible, un sauce de protones tomando té en Starbucks).

Y una carterita.

Un cráneo magnolia gira dentro de un corazón binario:
la flor rompe la teoría: una canasta de semillas rojas.

Este paisaje de pérgolas donde paseas bajo un globo aerostático
y recibes una descarga eléctrica sobre tus mundos derretidos.

(Humanos derretidos en una escena derretida).

En un almuerzo de sillas enfrentadas,
hay venganzas que son para reír en el restaurant de enfrente.

¿Amor? Que una mujer succione tu alma con sorbete:
eres un batido de pegamento y muerte.

Hola mundo: una cabeza se desagrega en átomos que hoy
se depositan en una taza humeante sobre la mesa de un café vacío.

Cielo incógnita: sé que me vas a destruir, amor mío.
Cráneo Johanna. Cráneo Silvana. Cráneo Pregunta.

Y una carterita.

Recordaba estas cosas. En un túnel bajo nuestra cobija,
varios combatientes armados y encapuchados transportaban

proyectiles y virus que arrasaban los tiempos y los cuerpos,
los corputiempos. Los humanos vestidos, desvestidos,

se mueven sobre la tierra y quizás, en el futuro,
se ensamblen sobre una cama tendida, destendida.

Franja de una piedra negra que ni siquiera tiene adiós.
Una imagen espiral -como ésta- es cruel o humorística: jamás ambas.

Una bomba entre dos sillas enfrentadas de espaldas.
Alguien, hace seis meses colocó la bomba que sólo hoy estalla.

Hace mil años habríamos estado silenciosos:
exhaustos o caídos, calculando el espacio entre los pies y los zapatos.

Un alto al fuego sobre el desierto de las fotografías.
Encapuchados con bolsas de plástico, los hijos que no tuvimos
se despiden con un beso de pistolas humeantes,

como si dentro de sus tumbas conceptuales y abstractas
alguna vez nos hubieran conocido. “Con las ideas y

las técnicas de guerra, el amor es una plantita líquida y sencilla
que no puedes sostener con las manos”. Sólo el frío le da forma.
Y el calor la desvanece.

Kurdistán

Canción de despedida, de llegada.

I

En el cuerpo, los nervios pesan como arterias de plomo. Con las pastillas, el cerebro se ablanda como un río benévolo. Las neuronas son libélulas negras que sobrevuelan un estuario mental. Por la mañana, el médico me dice: “tiene una enfermedad en la cabeza como un otoño inhabitable”. Yo también lo sospecho.

II

En mi habitación, trago astros en comprimido, pastillas que resplandecían en mi mesa. Todo para evitar el picoteo del gorrión, pájaro de la enfermedad, bajo mi nuca. Mi cerebro se equilibra un instante. Junto a la jarra de leche, los pomelos húmedos están sobre la mesa, como un cristal antes del acabóse.

III

Este día sueño con destruirme. Volarme con un pájaro la sien del cielo para que mi cerebro se haga espuma en el mar. Este día sueño con destruirme. Sumergir mi pecho en la hoja del baniano y desaparecer.

IV

Tengo un clavo en la mente: una herramienta de luz manchada o sucia. Por ella, el ruido de los automóviles es mi fonética del mundo: carros en una larga fila de carros en una larga fila de carros atascados. Mi oído se convierte en un atributo del dolor que viaja –como tren japonés- a la velocidad de la luz desde mi cuerpo, contra mi cuerpo.

V

No hay estación del cuerpo, pero el dolor la crea. Llueve mielina en los nervios (aguacero plateado). Tengo sacudones en mi esternón y en la piel de los brazos. Tal estación –diríase parecida al otoño- deja caer hojas de radón desde las ramas de la columna vertebral, desde la encina que el anatomista llama árbol de médulas.

VI

Como un fuselaje, entré a la cámara de resonancias. Escuché un zumbido electrónico para obtener fotografías de mis huesos, de la pasta cerebral. Allí la máquina descifró mi sueño de oler cedrón mientras acariciaba un pájaro. Como un diapasón, el cráneo contraído percutió sobre mis días de luna elemental, profética. Imágenes de una piedra de la locura iluminada por el espejeo del láser.

VII

Las placas tornasol decían: hay un quiste en tu cerebro. Trepanaciones. Extracción de la piedra de la locura. Pienso en un tumor, como un cometa contraído en un puño.

VIII

Mi médico, el poeta, dice que los puentes son hermosos, que no duelen. Él habla sobre puentes materiales: un puente uniendo mis articulaciones enfermas con la orilla (ahora detenida, luego suelta) de la tina. Goma de sangre. Un verso es una línea, un hueso es un hueso. Separo lo separable. Recojo mi cuerpo, oculto tras la bata de cirugía, mientras miro las nubes, su blancura metódica, mi adiós.

Axones [Inédito]

El escritor Juan José Rodinás.
@poetasdelfindelmundo

Biografía de Juan José Rodinás

Juan José Rodinás (Ambato, Ecuador, 1979), ha publicado Los rastros (2006), Viaje a la mansedumbre (2009), Barrido de campo (2010), Cromosoma (2010), Código de barras (2011), Estereozen (2012), Anhedonia (2013), Kurdistán (2016), Cuaderno de Yorkshire (2018), Yaraví para cantar bajo los cielos del norte (2019).

Además, ha reunido su trabajo en antologías personales como Los páramos inversos o 9 grados de turbulencia interior.

Sus poemas han sido incluidos en libros como Equinoccio (Guadalajara, 2015), Bandadas (Bogotá, 2014), País imaginario (Madrid, 2014) o Poesía de Ecuador (Madrid, 2009).

Recopiló —junto con Luis Carlos Mussó— el libro Tempestad secreta: muestra de poesía ecuatoriana contemporánea (Quito, 2010).

Como traductor publicó el libro Una cosa natural: veintinueve poetas norteamericanos. Además, ha publicado varios ensayos sobre cultura, semiótica y estudios literarios.

Distinciones

Ha obtenido algunos reconocimientos como el Premio Internacional de poesía joven La Garúa 2007, el Premio Festival La lira 2013, el Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro (con su poemario Cuaderno de Yorkshire).

En 2019 gana el Premio Casa de las Américas con su poemario Yaraví para cantar bajo los cielos del norte.

[por la] vocación de unidad, en donde se funden en una sola textura, extraordinariamente lograda, el ámbito verbal y el visual, mediante un lenguaje pulcro, impactante e imaginativo.

Jurado de Casas de las Américas

Actualmente, cursa un doctorado en Estudios Hispánicos en la Universidad de Leeds.

🌇Lee también ► El rey pálido: la novela póstuma de David Foster Wallace

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