Miss O’ginia: 4 microrrelatos de Fernando Escobar Páez

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas (5 votos | promedio: 4,80 )
Loading...

El escritor Julio Cortázar hablaba sobre el deber de un escritor revolucionario, de cómo esto se trata de contar la realidad desde todas sus aristas y, sin miedo que estas realidades conmocionen a los lectores, es decir, sin miedo en apuntar a la herida; por el contrario él creía que el rol de la literatura, de la buena entiéndase, debía estar ligado a la confrontación.

En el caso de ‘Miss O’ginia’ de Fernando Escobar Paéz, esta confrontación se hace vital y necesaria, no hablamos de irreverencia, por el contrario, sus relatos tienen unas ganas de desmitificar el ego humano y ponerlo en su sitio, junto con sus fluidos y demencias urbanas.

Sin duda la escritura de Fernando nos acerca de una manera directa y paródica el fracaso humano que todos hemos vivido. Compartimos algunos microrrelatos de su libro. Disfrutadlo.

Podría Interesarte►Los amigos míos se viven muriendo: un relato de Luis M. Rivas

Portada de la edición chilena de Miss O'ginia de Fernando Escobar Páez. La Liga de la Justicia Ediciones, 2015.

Portada de la edición chilena de Miss O’ginia de Fernando Escobar Páez. La Liga de la Justicia Ediciones, 2015.

 

La Tabla Tríplex

Ella era fea. Su apodo —yo mismo se lo puse— es la Tabla Tríplex: un ente plano, vacío y áspero. Mi rubia desabrida que podría confundirse con un objeto de carpintería. Sin embargo, la quería. Nuestra relación era como cagar en una casa ajena: con miedo a que alguien entre mientras examinas cuánta mierda el papel pudo arrancar de tu culo. Debo aclarar que no me avergonzaba de ella. Si nos escondíamos era por su novio, pues pese a su carencia radical de curvas la Tabla Tríplex estaba menos sola que Yo. Al inicio nuestros encuentros se limitaban a cerveza fría y mamadas clandestinas. A veces nos besábamos. Como si no bastara con su planicie, Ella tuvo un accidente, lo cual fortaleció nuestro contubernio. La silla de ruedas le daba una voluptuosidad que antes no tenía, sus escasas formas femeninas adquirieron cierto volumen gracias a la postración obligatoria. Ergonómicamente hablando, penetrarla era incómodo, pero en lugar de llevarla en brazos hacia la cama, Yo prefería follármela con silla y todo. Arrancarle chirridos al metal —y de paso también a laTabla Tríplex— se convirtió en la razón de mi vida. Lo triste es que Ella se recuperó. La silla de ruedas, testigo rodante de nuestra abyección, fue donada a una institución benéfica. Ya no extraño a la Tabla Tríplex, pero me deprime saber que en este momento un horrendo anciano estará tratando de limpiar las manchas de semen y menstruo con las que bendecimos a la invalidez.

 

Altamira en sus axilas

Screwed up is how she needs to
be with no clue of
reality…
I want a girl that does cocaine.
KURT COBAIN

Es mejor pegarse un ménage à trois con «la hija del coronel muñeca» y la «manuela» —entiéndase masturbación pura y dura, con izquierda y derecha, una y otra vez, hasta que se te caiga el pene— antes que desear a una amiga. Pero aquí estoy, tomando las cervezas que Ella ha comprado, pues hace horas que me quedé sin dinero y mi amiga auspicia todos los vicios que yo no puedo pagar. Antes de que se quedara inconsciente me dejó bien en claro que sólo somos amigos, pues yo no soy su tipo ya que, para su gusto, me sobran 20 puntos de coeficiente intelectual y me faltan 20 centímetros de estatura. Estoy acostumbrado a que las chicas me digan «nerd enano», y normalmente eso resulta ofensivo, pero la forma en que Ella lo dijo me cachondeó aún más. Ella despierta de su borrachera. Mi mano está olfateando los vellitos de su cuello, pero Ella no la retira. No parece darse cuenta de que uñas, falanges, falanginas y falangetas se me disuelven cada vez que la toco, y que esta noche he caído en un pantano de piel del que no deseo salir jamás. Quiero convertir sus axilas en mi cueva de Altamira para dibujarle los animales que todavía no hemos visto, pero que cazaré para que ella los cocine con sus lagañas. No se da cuenta y en vez de un beso me da un billete para que consiga cocaína. Vuelve a quedarse dormida y, aunque sólo me quiere como amigo, corro como un gliptodonte alucinado en busca del pusher. Consigo la droga y vuelvo a correr. Cuando llego al bar me doy cuenta de que durante mi travesía he perdido la merca. Ella me mira decepcionada, me siento más ridículo que un eyaculador precoz. Me la saco como torero y llamo al celular del traficante para ofrecerle mi reloj a cambio de otro sobrecito de perica, después de todo, los cavernícolas no tenemos horario y el reloj siempre me ha estorbado. Consigo la piedad del pusher y concretamos el trueque. Regreso triunfal al bar, hacia Ella. Todavía siento ganas de clavarle un beso, pero entre la carrerita y su no debemos arruinar la amistad me he quedado sin piernas, y todos sabemos que un beso necesita extremidades para existir.
Se ha acabado la noche y trepamos hasta un bisonte amarillo de esos que se llaman taxi y cobran: cinco dólares por dejarla en su casa y a mí en la licorería. Ella paga a la bestia, yo soy un CroMagnon ebrio y desempleado que se ha vuelto a enamorar.

 

Sodomicemos a Silvio

Si una mujer de veinte y seis años tiene por referente intelectual a Silvio Rodríguez significa que —además de estúpida— es mal follada. Ergo, la muchacha en cuestión, busca aliviar su resequedad vaginal con los «compañeros poetas» y, cuando se aburre de sus pingas pequeñas, se afilia a cinco movimientos sociales distintos con la esperanza de encontrar algún eunuco revolucionario que exprese su resentimiento social mediante dicotomías aburridas como «cambio de época versus época de cambio», puesto que, tal como afirma el Ministerio, «la lucha de clases es (h)arte» y «nuestro gobierno es tan democrático que hasta las feas tiene derecho a recibir verga».
Para reafirmar su compromiso con «la causa», estas amantes de la trova cubana follan con cualquier longo justificando su ninfomanía mediante este silogismo: mientras más cobriza es la piel del pene mayor altruismo social… ¡Su humanismo es tan grande que no reniegan de fornicar con cualquier gringo que aprenda kichwa y use huipala ! Que la mejor forma de luchar contra El Imperio es contagiar con garrapatas y hedor andino a los falos eurocentristas.
La C.I.A. se equivocó al intentar asesinar a Fidel Castro. El mal primigenio de Latinoamérica no se halla en ese anciano sangriento, sino en Silvio Rodríguez y su cursilería oligofrénica que ha incitado a esta «mala raza paridora » a vivir en malsana promiscuidad. ¡Sodomicemos a Silvio con su propia guitarra y que sus hemorroides llenas de astillas y clavijas purifiquen este continente de toda la mierda engendrada por sus alaridos!

 

El síndrome de la vagina frottage

Y ahora me doy cuenta de que su vulva aprisiona al montruo que hacía de factótum de nuestras causas.
SANTIAGO VIZCAÍNO

Según estudios sociales financiados y dirigidos por matronas y feminazis, el mundo está lleno de agresores sexuales que invariablemente pertenecen al género masculino. Lo que esos «estudios» jamás mencionan es la existencia del «Síndrome de la vagina frottage», cuyas portadoras son vulgarmente conocidas como «calientahuevos». La literatura médica al respecto es exigua, pero en los pocos casos registrados encontramos que si bien la mujer es la enferma, es el hombre quien padece las consecuencias de esta forma de neurosis. La sintomatología clásica de este trastorno consiste en una picazón insistente en el pubis de la portadora, lo que la lleva a frotar sus zonas erógenas contra el macho más cercano que encuentre en ese momento el cual, por lo regular, suele ser el mejor amigo de su novio oficial. El individuo es sometido a un toqueteo y lengüeteo disimulado que le provoca un ataque de priapismo. Otra señal clara es la costumbre que adquiere la hembra de posar su cabeza sobre la entrepierna del macho, que intenta disimular su erección; después de todo ¡es la novia de su amigo! Mientras esto sucede, se desarrolla una conversación anodina donde monomaniacamente la hembra habla de cariño, detalles perversos de su vida sexual, planes de un futuro juntos y otros lugares comunes propios de su especie. Estos episodios suelen durar el mismo tiempo que dura el afecto —entiéndase: la capacidad pecuniaria del hombre para adquirir cerveza— para terminar con el sujeto forzado a transportar a la hembra hasta su casa y luego recibir un portazo en las narices, con la promesa de un nuevo encuentro plagado de oligofrenia afectiva que, efectivamente, se produce más adelante. Esta fase de la enfermedad se extiende a lo largo de meses durante los cuales el macho se somete a extenuantes jornadas de onanismo. Finalmente, la comezón púbica que inició todo cesa de forma abrupta y la hembra desarrolla un nuevo lenguaje verbal: los «te quiero mucho», los «solo toquémonos un ratito» se transforman en «no me acuerdo», «estaba borracha», y degeneran en «tú me obligaste» y en «jamás pasó nada entre nosotros». A continuación, ofrezco a la comunidad científica un breve estudio de caso que se ajusta perfectamente a la sintomatología antes descrita:

Caso Clínico Nº1

Nombre: (Mi abogado no permitió que use el nombre real de la muchacha en cuestión, pero dejo constancia de que con sus iniciales se forma la palabra RATA, animal que —por coincidencia— describe a la perfección las características morfológicas y morales de la sujeta no mencionada).

Hábitat: Nocturno, suele frecuentar obras de teatro mediocres y bares donde se venden combos de cerveza.

Hábitos alimenticios: Este animal consume brócoli y papitas fritas de bolsa, pero en su fase carnívora se alimenta de alcohol, de los amigos de su novio o, en su defecto, de hippies puercos.

Diagnóstico: Portadora activa del «Síndrome de vagina frottage» crónico.

Recomendaciones: Declararla desahuciada, pues es evidente que ya se volvió mujerzuela.

Los escritores César Eduardo Carrión, Carla Badillo, y Fernando Escobar Páez y Sandra Angélica Araya. Quito, 2012.

Los escritores César Eduardo Carrión, Carla Badillo, y Fernando Escobar Páez y Sandra Angélica Araya. Quito, 2012.

Fernando Escobar Páez (Quito, 1982) Poeta y narrador. Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Politécnica Salesiana. Textos suyos han sido traducidos al inglés, alemán, portugués y francés. Colabora regularmente con varios medios impresos en las secciones de cultura y política.

Actualmente se halla trabajando un libro sobre la legendaria banda de indie rock ecuatoriano ‘Mamá Vudú’. A parte de Miss O’ginia (Doble Rostro Editores, 2011; EditorialFOC, 2013) Escobar Páez ha publicado Los ganadores y yo (Machete Rabioso Editores, 2006) y Escúpeme en la verga (Editorial Letras de Cartón, 2012-Chile).

Lee también►7 poemas de Juan José Rodinás

 

Artículo por Agustin Guambo.

 

Deja un comentario aquí :)