5 poemas de Eduardo Padilla

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Eduardo Padilla es un poeta mexicano cuya producción empezó a dar que hablar durante la última década. Su poesía es irónica y minimalista, a veces posicionándose entre lo que sería una voz en off en un informercial y un manual de instrucciones de uso.

Es uno de los poetas, junto a Ángel Ortuño y Julian Herbert que más ha influenciado a un segmento de autores recientes mexicanos como Jorge Posada o Luis Eduardo García. Compartimos una selección de poemas de su libro Zimbabwe.

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Portada de Zimbabwe de Eduardo Padilla. El Billar de Lucrecia, 2006.

Portada de Zimbabwe de Eduardo Padilla. El Billar de Lucrecia, 2006.

 

Dile adiós al señor cartógrafo

No sé nada sobre ninguna estación—
estas tierras, los señores feudales
las reservaron para la caza.

El letrero lo dice muy claro:

CUIDADO CON MAMÁ. SE SACAN OJOS GRATIS.

Quien lo haya descrito como laberinto caótico
seguro buscaba
romper el hielo.

Capitán Byrd,
usted sí que sabía cómo hacerlo,
quiero decir,
romperlo.
Las señoritas se derretían al contacto.
Necesitamos más gente como usted ¿sabe?
La mayoría da por sentado que los cubos crecen en los árboles
pero caramba
se necesita un explorador de su calibre
para cantar una de Gershwin con los ojos
mientras revuelve, a contrapelo,
la cuba libre
con una brújula en la izquierda,
un carámbano en la mano derecha,
y en el corazón
un sueño:
ahorcarse de lo alto
de la estrella polar,
qué cojones.
(Muchos lo juzgaban de afectación… yo, que lo admiraba, era más
indulgente,
y simplemente lo aceptaba como una especie de excentricidad
inofensiva,
una de tantas…
esa costumbre suya, la de colgar el reloj en el perchero.)

Lo incierto es que aquí todas las brújulas son desertoras.

que oscilan como la flama, las agujas.

que hace tiempo que rompimos relaciones
con los polos.

que nos emanciparon del mapa, de una vez
por todas.

* * *

Te voy a explicar
por qué está prohibida la venta de mapas
en este lado del río.

Alguna vez
hubo un tipo listo
—un bastardo oportunista,
un artista de la estafa,
un vendedor de bienes raíces metafísicos—
, el punto es: un individuo
que le vendió a los nativos una idea…
jugosa, carnosa, libidinosa,
fuera de este mundo,
se trataba de una GRAN IDEA.

Así que se dieron a la construcción de un aserradero,
más o menos por aquí, a la orilla del río.

No duró gran cosa.

Su reflejo estalló en llamas una mala noche
y se precipitó río abajo, elongado,
en medio de una aceleración creciente.

Luego se estrelló contra las rocas.
Ni todos los hombres del rey
pudieron armar un mísero galeón a escala
con lo que quedó del paisaje.

* * *

El hecho es
que en esta zona
el archivero es un animal más esquivo que la liebre.

Y que la memoria trae una daga
escondida en la pulpa,
por lo que no es de fiar—
no se le debe dar la espalda.

Supongo que eso explica, en parte, por qué aquí nadie
nunca
se atreve a andar en línea recta.

 

NORTE

Recibes la orden.

Para ser exacto, recibes la renovación de una vieja orden.

Se te recuerda que aún tienes un asesinato que llevar a cabo.

El problema es—
ha pasado tanto tiempo desde la primera expedición
que has olvidado por completo el rostro de tu objetivo.

Te encierras en el peñasco (región temporal
en la que se encuentra el oído interno)
y abres el portafolios,
buscando norte.

En el diccionario encuentras, sin querer,
que decir peña
es también
decir sordo.

Luego
te dices a ti mismo
que entre la N y la P hay un sólo orificio.

Que el alfabeto es alfabeto
porque sabe lo que hace.

Que un error como este
le sucede a cualquiera;
así que no tiene nada de malo
abrir el diccionario
buscando ser exacto
para luego chocar de frente
y aplastarse la cara
contra algo que duele peor que una pared de concreto
pero que,
es curioso,
no pasa de ser una acepción marginal,
pequeñita,
de la que ya nadie se acuerda
y con razón, digo,
quién podría culparlos.

 

EL TRUCO ES TAN VIEJO
COMO LA LETRA ES PEQUEÑA

A la aeromoza la amarraron a una silla.

A la silla la pusieron
más o menos cuidadosamente
sobre una de las aspas
en la hélice de un helicóptero.

Al helicóptero lo colocaron
igual que a Jesús:
más o menos milagrosamente
sobre las aguas de un viejo mar.

Luego lo encendieron.

La mujer debió de dar unas 300 vueltas
antes de salir disparada.

Aquí es donde se nota el corte
y el cambio de cámara
y no resulta arriesgado conjeturar
un monigote en vez de aeromoza.

Aquí es donde la parábola de su trayectoria
traza una curva descabellada
del helicóptero a la planta petrolera
justo
en la punta de la torre de perforación.

El condenado lugar se viene abajo
en un instante,
precedido
por un amplio sonido
ulceroso, digitalmente procesado
, rebotando
de izquierda
a derecha
y de regreso.

Vamos:
He visto castillos de naipes
estructuralmente más sólidos.

He disfrutado explosiones
más convincentes
en videojuegos tan antiguos
como el Antiguo Testamento.

…Fanfarrias para la heroína.

Aquí es donde se da
el minuto de silencio
cortado casi desde el arranque
por el infomercial que anuncia
una nueva era
en la que los implantes para pene
son casi tan sencillos
como fumar un tabaco.

Y además,
con mucha menor probabilidad de agarrar cáncer* .

 

*En los pulmones.

 

(BEBÉ A LOS) 45˚

bebé busca esquina
encuentra catetos
color rojo caramelo
ángulo extrovertido
45˚

bebé chilla
incontrolablemente
cabeza contra las cuerdas
            ricochet
                       ricochet
                             ricochet
me sangran las sienes má.

a bebé le angustia todo lo que es ángulo
todo lo que no es ángulo le da gases.

aaaaaaaaah bebé chilla como violín de escarabajo
estercolero.
sólo se está quieto cuando los 45˚
le sostienen el melón por la nuca
mitad y mitad
pico de pato.

bebé tiene todo raspado el queso
a su cabeza ya no se le puede sacar más punta.

algo así como
béééééébhhhbÉ, V, V, v, V, V, v—

vvvvv : vvvvv
b    b

vé:

más vale

(quietecito en la esquina)

pájaro en mano

(aunque te haga un agujero)

qué:
100 picos volando
(habitación espaciosa con hoyo negro en la puerta y en donde las

piernas no son serias suben

burbujeando y echando chispas

hacia el firmamento)

… se me sale el helio por la boquilla del globo.

Epílogo:

bebé se casa a los 45
con nena de la misma edad…
rectas virtudes.
sueña con la dicha matrimonial de los
90˚

luna de miel—
amarga sorpresa:

la directriz no es como la pintan.

 

UN AVE CAE

Un ave cae.

No él ave, o la—
ésta es sencilla,
anónima desde el huevo.

Acaso se desploma, se sumerge, se hace bomba,
pero concordamos en que un descenso
se está dando.
El reverso de esta carta sería preguntarle al gusano por el ave
que viene a incomodarlo:
“El ave asciende” dirá,
piadoso.

Si yo digo que un ave cae
lo digo sencillo
sin mayor aspiración
que realizar un ligero asentimiento.
Cuando la muerte toque a mi puerta
la recibiré con tan ligero asentimiento
que la haré sentir que realizó el viaje en balde.

Es de mala educación, cortar a la mitad la broma de tu
vecino.
Adelantarse al desenlace de un circuito ya oído.

Lo correcto es fingir sorpresa.

Si yo digo que un ave cae es porque aspiro a lo incorrecto.

Ni el objeto ni la acción son aquí nada (algo) más allá de
si mismos.
Un ave cae, cierto, pero esta ave en particular no nos
invita
a proyectar arcadas a diestra y siniestra.
La palabra infinito no será proferida en este vestíbulo,
sin importar cuanto lustre le saque Jaime a nuestro reloj
de bolsillo.

Desean tirar del arco.
Desean tirar del arco y que la flecha silbe y que la cuerda
cante.
Desean que estos sonidos recorran las arcadas, levantando
polvo, despertando ecos.
Desean que el mutismo de una arcada hundida en sombras
sea verdaderamente inescrutable.
Todo esto para una mayor resonancia. Ustedes desean
amplificación y resonancia.
De acuerdo,
se entiende.
Pero dudo del potencial de esta ave; éste es un pájaro
que se resiste a caer de una forma que no sea llana y
simple.

Si lo que buscan es pasear el bigotillo simétrico
a lo largo ancho y profundo de un caracol que se expande
o se encoje,
lean a los clásicos.

El poeta Eduardo Padilla.

El poeta Eduardo Padilla.

Eduardo Padilla (Vancouver, Canadá, en 1976 – ) Ha vivido la mayor parte de su vida en León, Guanajuato. Ha publicado el poemario Zimbabwe (Ediciones el Billar de Lucrecia, 2006) el poemario a cuatro manos junto a Ángel Ortuño, Minoica (Bonobo Editores, 2008), Mausoleo y Áreas Colindantes (Ediciones La Rana, 2012) Blitz (Editorial Filo de Caballo, 2013).

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Selección por Roberto Valdivia.

 

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