6 Poemas de ‘Grillo Nochero’ de Osiris Rodriguez Castillos

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Osiris Rodríguez Castillos consigue -en su obra- anular la eterna dicotomía entre lo escrito para ser leído y lo escrito para ser cantado. Con enorme habilidad logra reunir el valor literario y el valor musical en un todo armonioso basado en la convicción de lo primigenio de la poesía, del rescate de lo nativo, de lo criollo, y de la constatación de universo autóctono cada vez más amenazado por el avance de “lo nuevo”, de lo moderno y de lo urbano.

Considerado por el poeta y Profesor Luis Bravo como el primer gran trovador moderno del Uruguay, Osiris, defensor de lo popular de la poesía, logra en sus textos mediar con lo culto, haciendo esteril también esa segunda dicotomía. Poeta destacado por Borges y Atahualpa Yupanqui, (¿qué otras credenciales podría precisar?), Osiris, nos deja en su “Grillo nochero” -libro reeditado en numerosas ocasiones- una de sus mejores composiciones poéticas donde entrelaza con maestría tres elementos que serán indisociables en su obra: naturaleza, música y soledad.

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Portada de 'Grillo Nochero' poemario de Osiris Rodriguez Castillos

Portada de ‘Grillo Nochero’ poemario de Osiris Rodriguez Castillos

 

UNA CARTA DE OTOÑO

Sólo me siento solo
porque no estás conmigo.

El tiempo se me alarga en una pena
que no tiene regreso, ni destino…

Suelo tirar piedritas en el pozo,
como un gurí… porque me gusta el ruido
redondo que despiertan de un silencio
tan hondo como el mío;

y suelo ir arrastrando las espuelas,
para ponerle puntos suspensivos
al antiguo sendero de andar juntos…

De tarde, casi al alba de los grillos,
voy al palenque; muere el horizonte
con un delgado tajo de oro vivo,
mientras se ondula y crece en las lomadas
una intensa costumbre de mugidos…

No galopo como antes
por el llano tranquilo;

gusto llegar al monte rumoroso de nidos,
abrevar mi caballo, conversar con el río,
recostarme a los últimos arrullos de la tarde,
y estar sobre la playa como un árbol caído…

No siento soledades de pagos que no he visto…

Sé que la dicha es un paraje raro,
que no tiene baqueanos, ni caminos…

Y no es mi soledad fruto del campo;
ni mi silencio;
mi silencio es hilo
de este sonoro manantial de ausencia
que acaso me dejaste por olvido…

Sólo me siento solo
porque no estás conmigo.

 

EL FOGÓN

El fogón es distinto: no discute;
tiene alma para el baile, y el velorio;
tira la lengua al cuento, y si es de penas,
le sangra el corazón entre rescoldos.

Hay veladas de invierno en mi tapera,
en que ya frío el mate, estoy muy solo;
y él, envuelto en cenizas, no se duerme;
me mira como el perro: con un ojo.

De mañana, le arrimo charamuscas
y su amor me renace generoso.

Y es que sabe tener, como el poeta,
la facultad de no morir del todo,

y el sino de ir naciendo tras los días
en renovada fiesta de cachorro.

 

TE RECUERDO

(Palabras para preludiar un triste)

Me quedó de tiempos idos
este airecito campero…

No es mío no; de muchacho
me lo fio un amigo viejo,
y a él se lo dejó una novia
de patio, malvón, y alero.

Cuando finó la muchacha,
se le ganó al instrumento;
y sólo tocando en ruedas
cortonas, de amigos serios,
sin dar muchas referencias
lo llamaba… “Te recuerdo”.

Sé que no se casó nunca;
hombre de luto pa´dentro,
en contadas ocasiones
le oí decir al respeto:
“Pa´cruzar la vida, bastan
un rumbo… y un sentimiento”.

Se le añublaban las vistas
pero no pasaba d´eso;
sin duda hallaba prolijo
conservar el rostro seco.

Pero de encontrarnos solos
en la comunión del fuego,
a´nde hay muy pocas palabras
pa´mejorar el silencio,
las cosas más escondidas
por la hombría de su dueño
las contaba con ternura
de mujer, el instrumento;
y al brotar de la guitarra
entre arrastres y floreos,
un rosario de suspiros,
de murmullos y de arpegios,
alboreaba la muchacha,
y el airecito campero
lagrimeaba como un sauce
musical su desconsuelo…

Hoy como la rueda es corta
y estoy entre amigos serios,
les he dejado este triste
que me acompaña hace tiempo;
son memorias de una moza
y se llama… “Te recuerdo”.

 

CANCIÓN DE AUSENCIA

Dónde estará mi guitarra
que no la puedo encontrar…
Viene sonora en mis sueños
y en mis desvelos se va…

Ausencia que se está haciendo
costumbre de soledad;
cintura para un abrazo
que no se cierra jamás.

Voy por los montes sonoros
buscando un jacarandá
con vocación de guitarra
que arda en savia musical;

tronco enraizado en secretos
de aquellos que ya no están,
y copa llena de trinos
del jilguero y el sabiá.

-Yo soy nacido en invierno;
mi pago es la oscuridad
donde asesinan al viento
los puñales del talar;

Vengo a cantarle a un gauchaje
de cerrazón, que se va
ciego de tiempo y olvido…
transido de adversidad…

Dónde estará mi guitarra
que no la puedo encontrar.

 

VALS DE LA REJA

Valsecito criollo
de la serenata
donde un cielo antiguo
levanta su cruz,
cuando se desvelan
buscando en las matas
un sueño olvidado
los bichos de luz…

Todo es como entonces:
la noche bien clara,
el viento rondando
con gusto a cedrón,
y este grillerío
tendido hacia el alba…
tan sólo no somos
los mismos yo y vos.

Hace muchos años
dejé estas comarcas
envuelto en jirones
de un vals, y un adiós,
y un rayo de luna
fingiendo en el anca
la novia imposible
de todo cantor.

Partí tras un sueño
que nunca se alcanza,
y en todas las rejas
canté mi ilusión,
pero el jazminero
floreció en escarcha
y era la mentira
de un beso el malvón.

Nostálgicamente
vuelvo a tu ventana
la imagen de un sueño
que el tiempo nubló,
un desdibujado
perfil de guitarra,
y un beso con alas
llamado canción.

Todo es como entonces:
la noche bien clara,
el viento rondando
con gusto a cedrón,
y este grillerío
tendido hacia el alba…
tan sólo no somos
los mismos tu y yo.

 

CANCIÓN LEJANA

I

El sol, como una rodaja
sangra el flanco de la tarde;

la hacienda cuelga balidos
ahuecados, por el aire;

con los secretos del viento
tiritan los pajonales,
y el río transcurre; quieto;
con riberas de torcaces…

Al remanso, donde apenas
naufragan las nubes grandes,
bajan seis potros de oro
con largas crines lunares;

beben sorbos de silencio…
quiebran la luna que nace,
y gotean de los belfos
aéreo hilván de cristales…

Tres álamos solitarios,
alzan gritos vegetales
que se cuelgan puntiagudos
en los espejos distantes.

Con cada grillo, despierta
la estrella de sus cantares…

Las ranas quiebran sus copas
en el brindis de la tarde…

II

La noche, con pies mojados,
viene apenas por los valles;

yo vuelvo niño del campo;
con mojarras estelares,

con rocío en los cabellos,

con verde niebla de sauces,

con charamuscas de luna
para encender soledades.

Un joven Osiris Rodriguez Castillos

Un joven Osiris Rodriguez Castillos

Osiris Rodríguez Castillos (Montevideo, 21 de julio de 1925 – 10 de octubre de 1996) fue un poeta, escritor, investigador, compositor, cantante, músico y luthier uruguayo. Es considerado uno de los pilares del folclore de su país. Dentro de su producción literaria cabe destacar: Romance al General Lavalleja (1953); Grillo nochero (1955); Canto y poesía (1974); y Vida y aventuras del gaucho Alambre (1979), entre otros.

Dentro de su profusa obra musical destacamos los discos: Poemas y canciones orientales (1962); Cimarrones (1973); y Pájaros de piedra (1974). En 1953 recibe la medalla de oro por su poema épico en homenaje al centenario de la muerte del Gral. Juan Antonio Lavalleja y en 1957 por su poema dramático “1904, Luna Roja”. Junto a Atahualpa Yupanqui y Violeta Parra es considerado una de las tres voces telúricas más importantes del Cono Sur.

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