El Anticristo: Fragmentos de un libro de Friedrich Nietzsche

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“Necesito traducir este texto a las principales lenguas de Europa. Necesitaría un millón de ejemplares en la primera tirada de cada lengua”. Con esta carta a su amigo Brades, Friedrich Nietzsche muestra el gran entusiasmo y locura (que más tarde se intensificará) por su libro El Anticristo terminado el 30 de septiembre de 1888 en Turín y que se publica gracias a su amigo Franz Overbert en 1895.

El título del libro es de por sí escandaloso, pero probablemente el subtítulo: Maldición contra el Cristianismo (que fue mutilado por la hermana de Nietzsche, una ferviente amante del nazismo) lo sea aún más. El libro es una recopilación de ensayos que explican la decadencia de la moral occidental, culpa a los valores cristianos de decadentes e irreales, arremete contra la compasión tildándola de “débil” y es profundamente anticlerical ya que menciona que “la antítesis del filósofo es el teólogo” -un dato curioso sería que Nietzsche empezó estudiando teología a los 20 años, que luego abandonó por la carrera de filología. Según el libro, el ayudar al prójimo y darle protección es visto como perjudicial para la aparición de lo que el llama el “Superhombre”, una figura que se ha visto en otras obras suyas como Así habló Zaratustra.

Originalmente El Anticristo iba a ser el primero de cuatro libros llamados La Transvaloración de los valores. Pero los otros tres libros nunca llegaron a escribirse y Nietzsche consideró El Anticristo como una obra completa. Sin duda El Anticristo fue y es un libro controversial, y es importante señalar que Nietzsche está en contra del cristianismo y de la figura de Pablo pero no de Jesús, que en palabras de Nietzsche fue “el único cristiano que vivió”. Compartimos algunos fragmentos de esta singular obra.

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Friedrich Nietzsche a los 20 años, 1864

Friedrich Nietzsche a los 20 años, 1864

 

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¿Qué es lo bueno? Todo lo que eleva en el hombre el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo.
¿Qué es lo malo? Todo lo que proviene de la debilidad.
¿Qué es la felicidad? El sentimiento de lo que acrece el poder; el sentimiento de haber superado una resistencia. No contento, sino mayor poderío; no paz en general, sino guerra: no virtud, sino habilidad (virtud en el estilo del Renacimiento, virtud libre de moralina). Los débiles y los fracasados deben perecer; ésta es la primera proposición de nuestro amor a los hombres. Y hay que ayudarlos a perecer.
¿Qué es lo más perjudicial que cualquier vicio? La acción compasiva hacia todos los fracasados y los débiles: el cristianismo.

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Preciso es decir aquí quiénes son nuestros contrarios: los teólogos, y todo lo que tiene en su cuerpo sangre de teólogo, toda nuestra filosofía es preciso haberla visto dentro de sí; se debe haber muerto por ella para no admitir más bromas en este punto (la libertad de pensamiento de nuestros investigadores de la naturaleza y fisiólogos es para mi una broma: les falta la pasión en estas cosas, e! haber sufrido por ellas). Esta intoxicación va mucho más allá de lo que se cree; yo vuelvo a encontrar los instintos teológicos de la presunción allí donde hoy se siente la gente idealista, donde quiera que, so pretexto de un origen elevado, se pretende el derecho de mirar la realidad con aire superior y lejano… El idealista, lo mismo que el sacerdote, tiene en sus manos todos los grandes conceptos (y no sólo la mano), los pone en fuego; con benévolo desprecio contra el intelecto, los sentidos, los honores, el vivir bien, la ciencia, y ve tales cosas por debajo de si como fuerzas dañinas y seductoras, sobre las cuales el espíritu se libra existiendo puramente para si; como sí la humildad, la castidad, la pobreza, en una palabra, la santidad no hubiese hasta ahora hecho a la vida un mal infinitamente mayor que cualquier vicio u otra cosa terrible… El espíritu puro es la mentira pura… Mientras el sacerdote sea considerado como una especie superior de hombre, el sacerdote, que es el negador, el calumniador, el envenenador de la vida por profesión, no dará respuesta a la pregunta: ¿qué es la verdad? Ya se ha invertido la verdad cuando el consciente abogado de la nada y de la negación es considerado como el representante de la verdad…

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Este dulce mensajero murió como vivió, como enseñó, no para redimir a los hombres, sino para mostrar cómo se debe vivir. Lo que dejó como legado a la humanidad es una práctica: su actitud frente a los jueces, esbirros, acusadores y cualquier clase de calumnia y de escarnio, su actitud en la cruz. No resiste, no defiende su derecho, no da un paso para alejar de si la ruda suerte, antes por el contrario, la provoca… Y ruega, sufre, ama con aquello, en aquellos que hacen el mal… No defenderse, no indignarse, no atribuir responsabilidad… Pero igualmente no resistir al mal, amarlo…

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Retrocedamos y contemos la verdadera historia del cristianismo. Ya la palabra cristiano es un equívoco: en el fondo no hubo más que un cristiano, y éste murió en la cruz. El Evangelio murió en la cruz. Lo que a partir de aquel momento se llamó evangelio era lo contrario de lo que él vivió; una mala nueva, un Dysangelium. Es falso hasta el absurdo ver la característica del cristiano en una fe, por ejemplo, en la fe de le redención por medio de Cristo; únicamente la práctica cristiana, el vivir como vivió el que murió en la cruz es lo cristiano… Aun hoy, tal vida es posible para ciertos hombres, y hasta necesaria: el verdadero, el originario cristianismo será posible en todos los tiempos. No una creencia, sino un obrar, sobre todo, un no hacer muchas cosas, un ser de otro modo… Los estados de conciencia, por ejemplo, una fe, un tener por verdadero – toda sicología sobre este punto – son perfectamente indiferentes y de quinto orden, comparados con los valores de los instintos; hablando más rigurosamente, toda la noción de causalidad espiritual es falsa. Reducir el hecho de ser cristianos, la cristiandad, al hecho de tener una cosa por verdadera, a un simple fenomenalismo de la conciencia, significa negar el cristianismo. En realidad, jamás hubo cristianos. El cristiano es simplemente una psicológica incomprensión de sí mismo. Si mira mejor en él verá que, a despecho de toda fe, dominan simplemente los instintos, ¡y qué instintos!
La fe fue en todos los tiempos, por ejemplo, en Lutero, sólo una capa, un pretexto, un telón, detrás del cual los instintos desarrollaban su juego; una hábil ceguera sobre la dominación de ciertos instintos… le fe – ya la he llamado yo la verdadera habilidad cristiana –: se habló siempre de fe, se obró siempre por sólo el instinto… En el mundo cristiano de las ideas no se presenta nada que tanto desflore la realidad; por el contrario, en el odio instintivo contra toda realidad reconocemos el único elemento impelente en la raíz del cristianismo. ¿Qué es lo que se sigue de aquí? Se sigue que también in psychologysis el error es radical, o sea determinante de la esencia, o sea de la sustancia. Quítese aquí una sola idea, póngase en su puesto una sola realidad, y todo el cristianismo se precipita en la nada. Mirando desde lo alto, este hecho insólito entre todos los hechos, una religión no sólo plagada de errores, sino sólo creadora de errores nocivos, que envenenan la vida y el corazón, y hasta genial en inventarlos, es un espectáculo para los dioses, para divinidades, que lo son también los filósofos, y que yo, por ejemplo, he hallado en aquellos famosos diálogos de Naxos. En el momento en que la náusea abandona a estas divinidades (¡y nos abandona a nosotros!) se hacen agradecidas al espectáculo que ofrecen los cristianos; aquella miserable pequeña estrella que se llama Tierra, merece acaso únicamente en gracia a este curioso caso una mirada divina, un interés divino… Nosotros estimamos muy poco el cristianismo: el cristiano falso hasta la inocencia deja atrás a los monos; respecto de los cristianos, una conocida teoría de la descendencia es una pura amabilidad…

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Entonces surgió un absurdo problema: ¿cómo pudo Dios permitir esto? A esta pregunta, la razón de la pequeña comunidad perturbada encontró una respuesta terriblemente absurda: Dios dio a su hijo para la remisión de los pecados, como víctima. ¡De este modo se concluyó de un golpe con el Evangelio! ¡El sacrificio expiatorio, en su forma más repugnante y bárbara, el sacrifico del inocente por los pecados de los pecadores! ¿Qué horrible paganismo! Jesús había abolido el mismo concepto de culpa; negado todo abismo entre Dios y el hombre; había concebido esta unidad entre Dios y el hombre como su buena nueva… ¡Y no como privilegio! ¡Desde aquel momento se llegó, gradualmente, a crear el tipo de redentor: la doctrina del Juicio y del retorno, la doctrina de la muerte como una muerte expiatoria, la doctrina de la resurrección, con la que es anulado todo el concepto de bienaventuranza, la única y total realidad del Evangelio, en provecho de un estado subsiguiente a la muerte… Pablo logificó luego sobre esta concepción, sobre esta imprudente concepción, con aquella desfachatez rabínica que le distinguía en todas las ocasiones: “si Cristo no resucitó después de la muerte, nuestra fe es vana”. Y de golpe se hizo del Evangelio la más despreciable de todas las promesas irrealizables: la impúdica doctrina de la inmortalidad personal…! ¡Pablo mismo la predicó como una recompensa!…

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Con esto he llegado al fin y expreso mi juicio. Yo condeno el cristianismo, yo elevo contra la Iglesia cristiana la más terrible de todas las acusaciones que jamás lanzó un acusador. Para mi, es la más grande de todas las corrupciones imaginables, tuvo la voluntad de la última corrupción imaginable. La Iglesia cristiana no dejó nada libre de su corrupción; de todo valor hizo un no valor, de toda verdad una mentira, de toda probidad una bajeza de alma. Y todavía se atreven a hablarme de los beneficios que ha reportado a la humanidad. Suprimir cualquier miseria era cosa contraria a su más profundo interés: vive de miserias, creó miserias para eternizarse… Por ejemplo, el gusano del pecado: la Iglesia fue precisamente la que enriqueció a la humanidad con esta miseria…
La igualdad de las almas ante Dios, esta falsedad, este pretexto para los rencores de todos aquellos que tienen el ánimo abyecto, esta idea que es un explosivo y que terminó por convertirse en una revolución, idea moderna y principio de decadencia de todo el orden social es dinamita cristiana… ¡Los beneficios humanitarios del cristianismo! Éste hizo de la humanidad una contradicción consigo misma, un arte de arruinarse a sí mismo, una voluntad de mentir a toda costa, un desprecio y una repugnancia contra todos los instintos buenos y honrados. Estas son para mí las bendiciones aportadas por el cristianismo. El parasitismo como única práctica de la Iglesia; la Iglesia, que con sus ideales anémicos, con sus idealidades de santidad, chupa de la vida toda la sangre, todo el amor, toda la esperanza; el más allá como voluntad de negar toda realidad; la cruz como signo de reconocimiento por la más subterránea conjura que jamás ha existido, conjura contra la salud, contra la belleza, contra el bienestar, contra la bravura, contra el espíritu, contra la bondad del alma, contra la vida misma…
Yo quiero escribir sobre todas las paredes esta eterna acusación contra el cristianismo, allí donde haya paredes; yo poseo una escritura que hace ver aun a los ciegos… Yo llamo al cristianismo la única gran maldición, la única gran corrupción interior, el único gran instinto de venganza, para el cual ningún medio es bastante venenoso, oculto, subterráneo, pequeño; yo la llamo la única inmortal vergüenza de la humanidad.
¡Y se computa el tiempo partiendo del dies nefastus con que comenzó esta fatalidad, desde el primer día del cristianismo! ¿Y por qué no mejor desde su último día? ¿Desde hoy? ¡Transmutación de todos los valores!…

Federico Nietzsche, publicado en 1895

Lou Andreas-Salomé, Paul Rée y Friedrich Nietzsche, 1882.

Lou Andreas-Salomé, Paul Rée y Friedrich Nietzsche, 1882.

Friedrich Wilhelm Nietzsche (Röcken, Alemania, 15 de octubre de 1844 – Weimar, 25 de agosto de 1900) Fue un importante poeta, filósofo, músico y filólogo. Hijo de Carl Ludwig y Franziska Oehler. Sus padres y sus abuelos fueron pastores. Cuando Nietzsche tiene cinco años muere su padre. Con la muerte de su padre y su hermano, Nietzsche pasa a vivir en un ambiente netamente familiar, con su abuela, madre, tía y su hermana.

De 1858 a 1863 estudia en el colegio Pforta. En 1864 comienza estudios de Teología en la Universidad de Bonn, el cual termina abandonando por estudios de Filología. En 1869 obtiene la cátedra de Filología y se desempeña como profesor hasta 1879. En 1870 se alista como enfermero para el ejército prusiano, pero termina regresando ese mismo año a la vida académica. En 1879 renuncia, por problemas de salud, a la cátedra universitaria y se dedica a viajar y vagar por toda Europa. En 1882, en Roma, conoce a Lou Salome.

Luego de su decepción amorosa con Lou, escribe Así habló Zaratustra, considerada su obra cumbre. Luego escribe El Anticristo y Ecce Homo. En 1889 Nietzsche será internado por problemas mentales. En 1890 pasa al cuidado de su hermana.  Muere en 1990 por consecuencia de una neumonía. Actualmente Fiedrich Nietzsche es considerado uno de los pensadores más importantes del siglo XIX.

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Colaboración de Johnny Lima Gamarra
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