7 poemas de Alfonso Alcalde

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Alfonso Alcalde fue de ese tipo de escritores cuya vida y literatura fueron una especie de latigazo del diablo. Esa clásica frase de La Vida Peligrosa de  Blaise Cendrars se aplica totalmente a Alcalde. Publicó más de 30 libros de distintos géneros: poesía, narrativa, teatro, reportajes, biografías, libros infantiles, libros sobre cocina y cultura popular, etc. Vivió en 25 países, se casó 5 veces, fue panadero en Argentina, carpintero en Potosí, traficante de caballos en Santa Cruz, vendió ataúdes, fue pescador artesanal, cuidador de animales de circo, vendedor de diarios, y un largo etcétera.

Su primer libro de poemas Balada para la Ciudad Muerta, lo publicó a los 26 años, en 1947, con prólogo de Pablo Neruda. Al poco tiempo quemó gran parte de los ejemplares del libro, declarando más tarde que ‘fue un trabajo inmaduro y precipitado’, y no publicó nada hasta 1958 con Variaciones sobre el Tema del Amor y de la Muerte, que le valió el Premio Alerce de poesía. Estos poemas de amor son un posicionamiento sobre la poesía y la experiencia que pocas veces se ha repetido en la poesía chilena: el tema del amor como bandera de lucha y militancia, la emoción humana como el valor más importante en la experiencia colectiva. Compartimos algunos poemas de este libro.

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Portada de Variaciones sobre el tema del amor y de la muerte, de Alfonso Alcalde (Ediciones de la Universidad de Valparaíso, 1973)

Portada de Variaciones sobre el tema del amor y de la muerte, de Alfonso Alcalde (Ediciones de la Universidad de Valparaíso, 1973)

 
AQUELLOS
que ensalzaron
sus odios, la coquetería
y hasta la breve total
ilusión del momento,
y se desnudaron
y enemigos atroces
mordiéronse estrangulados
cantando
y volvieron una y otra vez
sobre sus cuerpos
y jamás los encontraron
            EL AMOR LOS PROTEJA

 
AQUELLOS
suicidas
decapitados a borbotones
aún anclados dentro de la muerte,
aquellos que se devoraron
frotándose como piedras
para iniciar el primer fuego
            EL AMOR LOS BENDIGA

 
AQUELLOS
que abandonaron sus ropas,
las inexplicables llaves de los hogares
y borraron toda huella de vida
ultimándose uno al otro
acusándose de mutua fidelidad
y blasfemaron sobre el único
cadáver del amor
            SEAN ENSALZADOS

 
AQUELLOS
desgarrados en la despedida
los que murieron
al quedar aislados
y después regresaron como
                        bólidos
chorreando comprensión
justicia, perdón, ecuanimidad
y adulterio de rodillas
            DEBEN SER ADMIRADOS

 
AQUELLOS
que disecaron sus solitarias
porciones de tristeza
a lágrima viva y luego ultrajaron
el llanto
en algunos profundos cuartos
azules borrosos amarillentos
de hoteles de tercera clase
siempre con un decapitado al final
trancando la única puerta de escape.

 
AQUELLOS
que exterminados de bruces
marchitos para siempre
hirvieron en su propio
cristalino y transpirado caldo glorioso
            TODOS SEAN PERDONADOS

 
AQUELLOS
que inventaron
y patentaron la dicha
a tanto la hora, el
milímetro y el pedazo
de blando, desvaído
seno
ya irremediablemente
sin resorte
a tanto la barata imperdonable
presa,
la pierna suelta
en su estantería
liquidándose por vejez y fin de temporada
en nombre de la pureza total
y la plácida música
de los dientes apretados
de la mujer
cuando se aferra a ella misma
escapando de su cuerpo,
como si una tempestad
inexplicable y vengativa
les soplara los huesos y huyera
despeñándose entre los colchones
los acantilados y el mar
            EL AMOR LOS REDIMA

El escritor Alfonso Alcalde conversando con el artista chileno Jose Venturelli. Foto de Paz Venturelli.

El escritor Alfonso Alcalde conversando con el artista chileno Jose Venturelli. Foto de Paz Venturelli.

Alfonso Alcalde Ferrer (Punta Arenas, 28 de septiembre de 1921 – Coliumo, 5 de mayo de 1992) Colaboró en la editorial Quimantú, un importante proyecto impulsado durante el gobierno de Salvador Allende, que hizo la literatura más accesible a la gente, ya que los libros eran muy económicos y de amplia distribución y tiraje. Escribió Balada para una ciudad muerta (con Prólogo de Pablo Neruda), Variaciones sobre el tema del amor y de la muerte, El panorama ante nosotros, Ejercicio sobre el tema de la rosa, Epifanía cruda, entre otros.

Sus últimos años los pasó en la localidad de Tomé. Los graves problemas económicos (que lo llevaron a trabajar escribiendo autobiografías como la de Mario Kreutzberger –Don Francisco), una larga depresión y un glaucoma que afectó seriamente su vista, le impidieron seguir escribiendo y ganándose la vida. Se suicidó en una pequeña habitación que arrendaba en la caleta de Coliumo, el 5 de mayo de 1992.

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