6 poemas de ‘Trilce’ de César Vallejo

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Trilce es el segundo libro publicado en vida por César Vallejo, data de 1922 y fue impreso en los Talleres Tipográficos de la Penitenciaría de Lima. Fue autofinanciado y de un tiraje breve. El prólogo de esta primera edición estuvo a cargo de Antenor Orrego, importante filósofo e intelectual de la época, además de amigo cercano del poeta.

En las páginas preliminares, anota: ‘César Vallejo está destripando los muñecos de la retórica. Los ha destripado ya. El poeta quiere dar una versión más directa, más caliente y cercana de la vida. El poeta ha hecho pedazos todos los alambritos convencionales mecánicos. Quiere encontrar otra técnica que le permita expresar con más veracidad y lealtad su estilo de la vida.’ Quizá este texto haya sido el más certero que se escribió en aquellos años, dado que la crítica se encargó de cuestionar y hacer mofa sobre la estética y el trabajo de lenguaje propuesto por Vallejo, algo que luego sería más bien señalado como el principal atributo del libro, aquella característica que lo hiciera tan importante en la historia de la Literatura universal.

En carta de agradecimiento de Vallejo a Orrego, el vate comenta: ‘Los vagidos y ansias vitales de la criatura en el trance de su alumbramiento han rebotado en la costra vegetal, en la piel reseca yesca de la sensibilidad literaria de Lima. No han comprendido nada.’  Trilce significó en la obra de Vallejo una ruptura -pública y privada- en la forma de hacer y entender poesía. Temerario y bello hallazgo de la expresión pura, del cual estamos tan agradecidos.

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Primera edición de Trilce de César Vallejo, 1922.

Primera edición de Trilce de César Vallejo, 1922.

I

QUIÉN HACE TANTA bulla y ni deja
Testar las islas que van quedando.

Un poco más de consideración
en cuanto será tarde, temprano,
y se aquilatará mejor
el guano, la simple calabrina tesórea
que brinda sin querer,
en el insular corazón,
salobre alcatraz, a cada hialóidea
grupada.

Un poco más de consideración,
y el mantillo líquido, seis de la tarde
DE LOS MÁS SOBERBIOS BEMOLES.

Y la península párase
por la espalda, abozaleada, impertérrita
en la línea mortal del equilibrio.

 

IX

VUSCO VOLVVVER DE golpe el golpe.
Sus dos hojas anchas, su válvula
que se abre en suculenta recepción
de multiplicando a multiplicador,
su condición excelente para el placer,
todo avía verdad.

Busco volvver de golpe el golpe.
A su halago, enveto bolivarianas fragosidades
a treintidós cables y sus múltiples,
se arrequintan pelo por pelo
soberanos belfos, los dos tomos de la Obra,
y no vivo entonces ausencia,
ni al tacto.

Fallo bolver de golpe el golpe.
No ensillaremos jamás el toroso Vaveo
de egoísmo y de aquel ludir mortal
de sábana,
desque la mujer esta
¡cuánto pesa de general!

Y hembra es el alma de la ausente.
Y hembra es el alma mía.

 

XIII

PIENSO EN TU sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el hijar maduro del día.
Palpo el botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso.

Pienso en tu sexo, surco más prolífico
y armonioso que el vientre de la Sombra,
aunque la Muerte concibe y pare
de Dios mismo.
Oh Conciencia,
pienso, sí, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.

Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh estruendo mudo.

Odumodneurtse!

 

XVIII

OH LAS CUATRO paredes de la celda.
Ah las cuatro paredes albicantes
que sin remedio dan al mismo número.

Criadero de nervios, mala brecha,
por sus cuatro rincones cómo arranca
las diarias aherrojadas extremidades.

Amorosa llavera de innumerables llaves,
si estuvieras aquí, si vieras hasta
qué hora son cuatro estas paredes.
Contra ellas seríamos contigo, los dos,
más dos que nunca. Y ni lloraras,
di, libertadora!

Ah las paredes de la celda.
De ellas me duele entretanto, más
las dos largas que tienen esta noche
algo de madres que ya muertas
llevan por bromurados declives,
a un niño de la mano cada una.

Y sólo yo me voy quedando,
con la diestra, que hace por ambas manos,
en alto, en busca de terciario brazo
que ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuándo,
esta mayoría inválida de hombre.

 

XXVIII

HE ALMORZADO SOLO ahora, y no he tenido
madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua,
ni padre que, en el facundo ofertorio
de los choclos, pregunte para su tardanza
de imagen, por los broches mayores del sonido.

Cómo iba yo a almorzar. Cómo me iba a servir
de tales platos distantes esas cosas,
cuando habráse quebrado el propio hogar,
cuando no asoma ni madre a los labios.
Cómo iba yo a almorzar nonada.

A la mesa de un buen amigo he almorzado
con su padre recién llegado del mundo,
con sus canas tías que hablan
en tordillo retinte de porcelana,
bisbiseando por todos sus viudos alvéolos;
y con cubiertos francos de alegres tiroriros,
porque estánse en su casa. Así, ¡qué gracia!
Y me han dolido los cuchillos
de esta mesa en todo el paladar.

El yantar de estas mesas así, en que se prueba
amor ajeno en vez del propio amor,
torna tierra el brocado que no brinda la
MADRE,
hace golpe la dura deglución; el dulce,
hiel; aceite funéreo, el café.

Cuando ya se ha quebrado el propio hogar,
y el sírvete materno no sale de la
tumba,
la cocina a oscuras, la miseria de amor.

 

LVI

Todos los días amanezco a ciegas
a trabajar para vivir; y tomo el desayuno,
sin probar ni gota de él, todas las mañanas.
Sin saber si he logrado, o más nunca,
algo que brinca del sabor
o es sólo corazón y que ya vuelto, lamentará
hasta dónde esto es lo menos.

El niño crecería ahíto de felicidad
oh albas,
ante el pesar de los padres de no poder
dejarnos
de arrancar de sus sueños de amor a este mundo;
ante ellos que, como Dios, de tanto amor
se comprendieron hasta creadores
y nos quisieron hasta hacernos daño.

Flecos de invisible trama,
dientes que huronean desde la neutra emoción,
pilares
libres de base y coronación,
en la gran boca que ha perdido el habla.

Fósforo y fósforo en la oscuridad,
lágrima y lágrima en la polvareda.

César Vallejo en Niza, 1929

César Vallejo en Niza, 1929

César Abraham Vallejo Mendoza (Santiado de Chuco, 16 de Marzo de 1892- París 15 de Abril 1938) Considerado el poeta más importante de la literatura peruana. Escribió Los Heraldos Negros, Trilce, Escalas Melografiadas, El Tungsteno,  Poemas Humanos, España aparta de mí este  cáliz, entre otros.

Trilce es considerado uno de los libros de poesía más radicales escritos en lengua española, la experimentación lingüística aplicada en este libro es comparable a los libros como ‘Altazor’ de Vicente Huidobro o Finnegans Wake de James Joyce, libros que vinieron años después de la publicación de Trilce , adquiriendo Vallejo la categoría de precursor o adelantado de estos textos.

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