‘Caracol de Tierra’: 6 poemas de Ámbar Past

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Caracol de Tierra es un libro de poesía de la escritora Ámbar Past, quien tras emigrar de Estados Unidos a México con 23 años de edad, comenzó su vida en San Cristóbal de las Casas-Chiapas.

Caracol de Tierra se publicó en 1994 y refleja el alma fuerte de Ámbar Past. En su libro recordamos a aquellos que se van por las ranuras de las hojas. Ámbar escribe sobre una idea que está presente en las ocho partes que conforman el libro: Durante la década de los ochenta más de cuatrocientos cincuenta mil personas abandonaron sus hogares en Centroamérica, huyendo de la represión militar.

En el 2014 Ámbar Past publicó la primera parte de su autobiografía, en donde se hace presente esa energía que identifica su poesía, esa energía que es barro, una jícara que reposa en la tierra seca, el viento, los insectos, las montañas, el sol tocando los músculos, los leñateros en busca de mujeres y fuego, Yayamé, el canto a lo sensual, algo que las mujeres buscan y no son hombres y algo que los hombres también buscan y buscan y no encuentran. Definitivamente, Ámbar Past es una voz que se ha impregnado de esa energía, de esa tempestad que es necesaria y que cuelga de un espejo. O en sus propias palabras una ‘creadora desnuda en el vientre del río’.

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Portada de' Munda, Primera Munda'. Autobiografìa de Ámbar Past

Portada de’ Munda, Primera Munda’. Autobiografìa de Ámbar Past


Dedicatorias

1. Dedico este poema a los hombres que nunca se acostaron conmigo
a los hijos que no tuve
a los poemas que nadie escribió
2.  Dedico este poema a las madres que no amaron a sus hijos
a los que murieron en hoteles
sin que nadie les acompañara
Lo dedico al autor de las pintas en los muros
Al hombre y a la mujer
al torturado anónimo
al que nunca dijo su nombre
3. Dedico este poema a los que gritan de dolor
y también a las parturientas
a los que gritan en la terminal de autobuses
en los portales del mercado
4. Lo ofrezco a los suicidas
a los poetas
que viven olvidados en alguna antología
al que lava cadáveres
a las mujeres que se acuestan con todos
a los que siempre duermen solos
5. Destino este poema a las comadres y a los compadres
que hacen el amor y se convierten en piedra
en Viernes Santo y se vuelven peces
al hombre que quiso ser zopilote
y a los que sueñan que pueden volar
6. Sacrifico ese poema al Señor de la noche Estrellada
a la Guacamaya de Fuego
al Llanto de las Moscas
a la Lluvia Verde
Al que Guarda la Miel
a la Hermandad de los Hermanos Menores
al de la Máscara que Llora
al Rugoso Caracol de Tierra
al Vertidor de los Cuatro Rincones
a los Juntadores de Corteza para Preparar el Vino Ceremonial
7. Lo dirijo al que toca la flauta y el tambor cuando van a lavar
los paños en el ojo de agua
a la que chapotea en las cascadas y se moja el pelo con agua de lirios
a la que da el pecho a su hijo en el cañaveral
a los que buscan el arcoiris en el aceite de los charcos
a los remeros que inventan el canto con sus brazos
a los que lavan el nixtamal bajo la lluvia
a las que acarrean el agua en cántaros
y caminan por la carretera
A la niña viendo luciérnagas
a la niña con el candil en la mano
a los chamacos que saltan con el rastrojo en llamas
a los que corren sobre el fuego
entierran a sus muertos en la cocina y cantan entre los escombros
al que engaña a su muerte en las camas de los moribundo
al que baja de los cerros para no quemarse con las estrellas.
Al que agarra la mano a la muerte y baila con ella
a las que tienen muchas nueras y cargan iguanas en sus cabezas
a los camaroneros divisando el cometa de madrugada
al que arremanga su camisa y pide un hacha
a la que vende tamal de bola, de mumu y chipilín
a los que cortan elote tierno para comerlo crudo
y amarran la pata del perro que roba pollo
a los que se avientan al hoyo en el entierra de un amigo
al poeta que no puede bajar del techo por estar tan enamorado
al que hace lo que puede
8. Consangro este poema a los que no frecuentan cafés
ni piscinas ni saben hablar por telefono
a los que no entran en los bancos
ni salen en la tele
a las de la primaria vespertina
que reciben declaraciones de amor con faltas de ortografía
a los poetas que nunca empezaron a escribir
a los meseros que tragan su dignidad
a las viejas que lavan ajeno
a las que no se atreven a opinar
ni a levantar la voz
a las que no pueden estar felices sin el consentimientos del macho
a los que se tiran al suelo y tragan su lengua entre la multitud
a las que duermen con sus delantales puestos
y piensan en qué hacer mientras sus maridos eyaculan
prematuramente
a las que se levantan a oscuras en galeras de palma
a las que tortean en jacales
a las que se quemó su pelo
y manchó de tizne su falda
a los que asolean chilacayotes en su tejado
y no tienen sillones

9.A los que arrullan a sus hijos en tzotzil
y traen mugre bajo sus uñas
a los pepenadores
a los que chaporrean
a los que siembran nopales y comen tortilla con sal
al sereno que también trabaja de día
a la de la chancla rota que tiende cien camas cada mañana
al viejo sin dientes que merca chicle en la playa
a los que viajan parados a la tierra del cacao
a las que traen las caras negras
y la cicatriz del llanto en su sordera.
10. Ofrendo este poema al hombre encadenado
a los niños golpeados
a los hijos de alcohólicos
a las que cuidan a las criaturas de otros y ven a las suyas cada
quincena
a la que trapea en el colegio y no sabe firmar su nombre
a las que comen en la mesa del hospicio
a los tullidos que se acurrucan junto al horno en alguna panadería
a los que atienden los baños públicos
y barren las calles al amanecer a las que bailan en cabaretes
y están hartas.
11. Brindo este poema al amasador de adobes que muere en la casa que construyó para otro
al poeta en su velorio con la boca cerrada para siempre
a los que se escaparon de noche cuando el volcán sepultó su iglesia
a los vecinos que ya enterraron a sus hijos
uno tras otro como los años que pasan
a los que han tenido que vender a sus hijos
su sangre y su sexo
a los que nada tienen que perder
12. Propongo este poema a los peones acasillados que invaden las tierras del patrón
a los que cavan túneles debajo del dinero
a los que prenden lumbre al ingeniero
a los que echan sombra y sin luna contemplan los puentes
a los niños de trece años que van arriba
y conocen mujer por primera vez en la montaña
13. Para los dos heridos, las pelonas
el tacuatzín de Olga
14. A los que nacen en países donde la verdad está prohibida por la ley
a los que han adoptado otro nombre
y llevan años sin saludar a la familia
a los que nunca durmieron en la misma cama y comparten la fosa común
15. Dedico este poema a la madre que busca a su hijo en el anfiteatro
entre otros poemas decapitados
a la que no puede decir cuál cadáver es el suyo
y se despide de cada uno con un abrazo
16. A los chuchos apaleados
17. Dedicación


Tierra

Dicen que la vela amarilla es para la tierra
y que la vela roja es para la tierra también.
Tierra, le busco para hablarle,
le busco para mi boca.
La sombra del frijol es suya.
Lo que siembra en el cielo,
que no le vaya a botar el viento.
Que no le vaya a salir una mala culebra
Que perdone mi cuerpo, lo que sabe le digo.

La mitad de sus hijos de hombre,
la mitad de sus hijos de mujer,
la mitad de los padres,
la mitad de las mujeres,
en sus uñas,
en sus dentros
en sus costados,
tienen algo que giran alrededor de los fogones.
Tienen nada en sus redes,
nada en sus morrales,
nada en sus costales.
Así no más le hablo.


Nocturno para leñateros

I

Como no encuentra mujer
El hombre sale a cortar leña
Así ya no siente frío
y la lumbre no le hace falta.

*

Había un hombre que se enamoró de una mujer en el bosque.
Él tenía que irse y decidió dejarla embarazada,
Para acordarse de que la quería.
Cuando regresó, había muchas mujeres y todas estaban embarazadas.
Ya no supo cuál era la suya.

*

Un leñatero hizo el amor con su mujer en el monte.
La mujer quería prender una fogata pero no traía con que cortar leña
Él fue a conseguir hacha y se olvidó de su mujer.
Cuando la encontró por casualidad ya no la reconoció y se enamoró de ella.

*

Era de noche y la mujer fue a orinar al bosque.
Se asustó mucho cuando se asomó un hombre cargando su machete.
El hombre se asustó más todavía que ella.
Cuando se dio cuenta de que el hombre estaba temblando, mirándola bajo la luna con el pelo suelto, ella le dijo que se fuera.
Y el hombre huyó de ahí para contar que se le había aparecido una virgen.


El jardín de la mimosa

Subimos la montaña en este tren. Según un letrero que me lee mi abuelo el más inclinado del mundo. Realmente son dos trenes; uno en cada extremo de un cable muy largo. Cuando uno se va, el otro viene. El cable se enrosca en un gran carrete dentro de una jaula.
Subimos al mirador en el tren, pero bajamos a pie por donde mi abuelo vivía con su mamá cuando ella cosía para pagar sus estudios. Ya no se ve más que la chimenea y dos enormes rosales en flor. El monte se come la casa.
El camino es largo y serpentea mucho. Cruzamos las vías del Tren Inclinado. Arrancamos matas para sembrar en el jardín de mi abuelo.
Traemos árboles que antes crecían en la montaña. Los maples del lado de la calle se ponen rojos en el otoño. El sicomoro con sus hojas en forma de estrella, el capulí que tanto les gusta a los pájaros, la acacia, los helechos, las violetas, la madreselva. Sólo la exótica mimosa con sus borlas rosadas no viene de la montaña porque es de China. Mi abuelo me enseña cómo se duermen sus hojuelas cuando uno las toca.
Las ramas del pinabeto tocar el suelo, rozan los muros de la casa en el viento. Me esconde la sombre del árbol. Adentro entre lo verde huele a montaña y nadie me ve. Allí tengo una ventana secreta para asomarme al sótano.
Allí mi abuelo lava la ropa. Tenemos una máquina con rodillo. Se llena la máquina de agua, se le echa el jabón y la ropa. La espuma escurre al piso. La recogemos, nos hacemos barbas blancas, nos miramos en el espejo y nos reímos.


Las mujeres empiezan a buscar

1

Las mujeres empiezan a buscar
y en sus camas descubren
hombres que no hablan
Descubren semen y hombres mudos
Sale el esperma pero no la palabra

Las mujeres buscan
el amor y encuentran
sólo a sus hijos

Los hombres se llaman hijos
o amantes
se van a pintar la cueva
donde la mujer alumbra.

2

El hombre no duerme en cama
Durmió dentro de su madre
y ahora quisiera volver
a meterse
Los hombres buscan
a sus madres por los ríos
donde andan las mujeres
cuando dan a luz

4

Y siempre la mujer a solas
con el que no sabe amar

6

Las arañas buscan
el rocío en sus sábanas
El hombre busca sudores
y vuelve a la cueva

8

¿Cuántas veces viajé toda la noche
para pasar veinte minutos contigo
bajo las aspas del abanico
en cuartos que todavía nos esperan?

17

Las mujeres buscan en sus camas
algo que no es hombre
Ni mujer
Algo que los hombres tampoco encuentran


Agua

Que no esté seca la rama
de la ceiba en el cerro.

Allí cuelga el espejo
Donde nace la tempestad.

Que no resbale la niña
Que va a llenar su cántaro.

Que no vaya a quedar su tigre
ahí en el pozo.

Yaxkin Melchy, Ambar Past y David Huerta en la presentación de Munda, Primera Munda. Publicada por 2.0.1.3 Editorial

Yaxkin Melchy, Ambar Past y David Huerta en la presentación de Munda, Primera Munda. Publicada por 2.0.1.3 Editorial

Ámbar Past (1949 EE.UU – ) Poeta de ascendencia polaca y cherokee. Emigra a México a la edad de 23 años y adquiere la nacionalidad méxicana a los 36 años (1985). Ha escrito Yayamé, Mar Inclinada, The Sea on Its, El bosque de los colores, Caracol de Tierra, entre otros.

Además, Ambar Past es directora y fundadora de la celebrada revista mexicana La Jícara y Fundadora de la editorial maya tzotzil Taller de Leñateros. Su poesía ha sido traducida y difundida en japonés, tsotsil maya, polaco, inglés, serbocroata, italiano y francés.

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