Charles Bukowski: Dos cartas sobre el amor y la escritura

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Charles Bukowski es uno de los escritores estadounidenses más populares de la segunda mitad del siglo XX.  Y uno de los pocos escritores que logró destacar en poesía y narrativa, obteniendo la misma popularidad tanto en sus cuentos, novelas y poemas que publicó en su mayoría, después de los 50 años de edad.

Pero no solo escribió cuentos, novelas y poemas. En el libro póstumo “Ausencia del Héroe – Relatos y escritos ineditos (1946-1992)”  podemos encontrar una serie de cartas que escribió Bukowski a amigos y editores. De las cuales hemos tomado dos cartas que hablan sobre lo que significa la escritura para Charles Bukowski, y sobre el amor que sentía hacia su mujer, muerta en 1962. Cartas que nos ayudarán a conocer un poco más de uno de los representantes del “Realismo Sucio” y nos mostrarán el Bukowski que estaba detrás de los libros.

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Jon Webb y Charles Bukowski

Jon Webb y Charles Bukowski

 

A John William Corrington,

Enero 17, 1961

Hola, Sr. Corrington:

Bien, a veces ayuda recibir cartas como la tuya. Ya son dos. Un joven de San Francisco escribió diciéndome que algún día habrá quien escriba libros acerca de mí, si esto podrá ayudar en algo. Bueno, no estoy en busca de ayuda, tampoco de alabanzas, y no estoy tratando de ser pesado. Pero yo solía jugar un juego conmigo mismo, un juego llamado Isla Desierta, y mientras estaba tirado en la cárcel, en la clase de arte o caminando hacia la ventanilla de diez dólares en las carreras, me preguntaba, Bukowski, si tú estuvieras en una isla desierta, tú solo, y nunca fueras encontrado excepto por pájaros y gusanos ¿tomarías una vara y rascarías palabras sobre la arena? Yo solía decir no, y por un rato esto resolvía un montón de cosas y me dejaba seguir adelante y hacer muchas otras cosas que no quería hacer, y me alejaba de la máquina de escribir y me ponía en el pabellón de caridad del hospital municipal, la sangre corriendo fuera de mis oídos, de mi boca y de mi culo, y ellos ahí esperando a que yo muriese, pero nada pasaba. Y cuando salía me preguntaba otra vez: Bukowski, si estuvieras en una isla desierta y etc. ¿Y sabes? pienso que era que la sangre había abandonado mi cerebro, o algo, y yo decía, sí, sí, yo tomaría una vara y rascaría palabras sobre la arena. Bueno, esto solucionaba un montón de cosas porque me permitía seguir adelante y hacerlas, todas las cosas que no quería hacer, y me dejaba tener la máquina de escribir también; y desde que ellos me dijeron que un trago más me mataría, ahora he bajado a dos galones de cerveza al día.

Pero la escritura, por supuesto como el matrimonio, la caída de la nieve o las llantas de los autos, no siempre perdura. Tú puedes ir a la cama el miércoles en la noche siendo un escritor y despertar el jueves por la mañana y ser otra cosa totalmente diferente. O puedes irte a la cama el miércoles por la noche siendo un plomero y despertar el jueves por la mañana siendo un escritor. Este es el mejor tipo de escritores. …Muchos de ellos mueren. Claro, por sus arduos intentos; o por otro lado, porque se vuelven famosos y todo lo que escriben es publicado y ya no tienen que buscar más. La muerte tiene muchas avenidas. Y si a pesar de todo tú dices que mi material te gusta, quiero que sepas que si se vuelve roto, no será porque trate demasiado duro o muy poco, será porque me he quedado, o sin cervezas o sin sangre. Para lo que sirva, puedo permitirme esperar: Tengo mi vara y tengo mi arena.

 

A Jon Webb,

4 de Septiembre de 1962

Con respecto a la muerte de mi mujer el 22 de enero último, no hay mucho que decir, excepto que yo ya no seré el mismo. Quizá intente escribir sobre eso, pero está todavía demasiado cerca. Puede que siempre esté demasiado cerca. Pero aquella vez en el pabellón de caridad, años atrás, una chica mejicana que cambiaba las sábanas me dijo que se iba a acostar conmigo si yo mejoraba, e inmediatamente empecé a sentirme bien.

Tenía una sola visita: la mujer borracha de cara redonda y roja, una amante del pasado que a veces se bamboleaba contra la cama, y se iba sin decir nada. Seis días después yo estaba manejando un camión, levantando paquetes de 20 kilos y preguntándome si la sangre vendría otra vez. Un par de días más tarde tomé el primer trago, ése que dijeron me mataría. Una semana más tarde conseguí una máquina de escribir y, después de una pausa de diez años y de haberle vendido mis cosas a la revista “Story” y a otras, mis dedos se pusieron a construir un poema. O mejor dicho, una charla de bar. Esa cosa que no es lírica, que no canta. Los rechazos llegaron bastante pronto. Pero no me afectaron, porque yo sentía que en cada línea estaba diciendo algo. No para ellos, sino para mí mismo. Ahora puedo leer muy poca poesía o muy poco de cualquier otra cosa.

Bueno, la dama borracha que se bamboleaba contra mi cama, la enterré el último 22 de enero. Y nunca vi a mi chica mejicana. Vi a otras, pero ella hubiera estado bien. Hoy estoy solo, casi afuera de todas ellas: de los glúteos, los pechos, los vestidos limpios como trapos nuevos en la cocina. No me tomes a mal -todavía tengo 1,80 y 90 kilos de posibilidad, pero yo podía mejor con la que ya no está.

Charles Bukowski, uno de los escritores estadounidenses más populares del siglo XX. Sus libros de cuentos, novelas y poemas son conocidos internacionalmente por su particular visión de la realidad y por su lenguaje directo y original.

Charles Bukowski junto a su gato.

Henry Charles Bukowski (Andernach; 16 de agosto de 1920 – Los Ángeles; 9 de marzo de 1994) Ha escrito El amor es un perro del Infierno, Cartero, Factótum, Mujeres, La Senda del Perdedor, Pulp, La Máquina de Follar, entre Otros.

Luego de una conversación con John Martin (su editor) en la que le ofreció darle 100 dólares mensuales de por vida con tal que dejé su trabajo y se dedicara únicamente a escribir, escribió más de 60 libros que lo hicieron conocido internacionalmente y que destacaron por su particular visión de la realidad y su estilo divertido y fácil de asimilar; la mayoría de estos libros los escribió entre los 50 y 70 años.

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Justina Caminante Bernal dice:

Adoro sus escritos, son una realidad que me llena

Julieta Munoz Bata dice:

Muy interesante Bukosky siempre se me ha hecho un ser de otro mundo me encanta por irreverente, libre y loco