El sueño de Visnu: 6 poemas de David Meza

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David Meza es uno de los autores jóvenes mexicanos más queridos y populares de los últimos años. Esto es sobretodo por su libro El Sueño de Visnu, publicado hace unos años y que adquirió gran popularidad a partir de su edición española (Gaviero Ediciones) y  que ha sido comparado con obras de Roberto Bolaño, Octavio Paz, Vicente Huidobro y otros nombres de la poesía mundial.

De El Sueño de Visnu diría el poeta chileno Hector Hernández Montecinos “Cuando digo libro mayor no sólo me refiero al proyecto sino que a una obra que sin lugar a dudas es un punto de quiebre entre el presente y el futuro. Entre lo que se escribió y lo que se escribirá. Decenas de siglos leídos desde la extrañeza de un muchacho que sueña con un Cristo extraterrestre con cola de serpiente, cabeza de pez y agallas. Todo el Nuevo Testamento estaba escrito bajo el mar y no lo sabíamos. Hace mucho que no me emocionaba hasta las lágrimas con un libro de poesía. Nuevamente ha sucedido.”

Compartimos algunos de los poemas de la primera parte de El Sueño de Visnu.

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Hector Hernandez Montesinos mostrando en la mano El Sueño de Visnu, de Gaviero Ediciones 2014. Hector Hernandez hizo el prólogo de esa edición.

El poeta Héctor Hernández Montecinos mostrando en la mano El Sueño de Visnu, de Gaviero Ediciones 2014.

 

Mi niña, los súper héroes se han puesto a soñar sobre sus lápidas. Escriben poemas en sus ataúdes.
Miran de frente a los demonios y no le temen al hielo. Mi niña, quisiera convertirme en súper héroe.

David Meza

 

* (Poema de aire)

Mi vida. Mi vida no. Mi vida nunca. Mi vida nunca fue un pájaro sangrando estambre por las alas. Mi vida nunca llevó en el cráneo una corona de astillas. Mi vida nunca fue. Mi vida no fue ni será mañana una mariposa apresada en las trenzas de una chica. Mi vida no fue ni tampoco es hoy un viejo corazón de madera. Nací el 24 de junio de un año que se rehusó a ser éste. Mi padre estaba borracho de níquel y envuelto en aluminio. Mi madre me dio el nombre de Rebeca, y me talló los ojos con arena. Mi madre me dio el nombre de Rebeca, y me talló los ojos con arena. Tengo miedo. El miedo usa una corona de estrellas. Hace 3 días soñé que mi padre me golpeaba. Hace 2 días soñé que mi madre me cosía la boca. No me reconozco. Miro el espejo y encuentro a un ángel deshojando el mundo. Tengo el terrible deseo de gritar mi nombre. Tengo el abecedario tatuado en los tobillos. Nací el 24 de junio de mil novecientos violeta. Nací en una pradera de tuercas y filósofos llorando rocas y esquirlas y teorías astrogramaticales encima de una rosa. Mi vida nunca fue un pájaro con las entrañas llenas de estambre parado en la estructura ósea de una estrella. No tengo recuerdos de mi casa. Pienso que soy un caballo con la mandíbula rota. Pienso que soy una niña que lleva por grillete las estrellas del mundo. Pienso que he venido renaciendo los últimos 24 años, y que he transformado mi horario escolar en una placenta de pétalos. Pienso que mi vida es un pajarito con el corazón de estambre y una corona de huesos. Pero no es así. Mi vida no es un pájaro de estambre, ni violeta, ni rojo, ni verde, ni pluma, ni cieno, ni triste, ni roca, ni azulmente roca, ni estambremente roca. Mi vida es una nota al pie de mi obra. Y mi obra es un libro de geografía que se ha convertido en mariposa. Y mi mariposa lleva polen y ríos sobre las alas. Nací el 24 de junio de ningún año. Soy una mujer con 500 golondrinas dentro. No tengo recuerdos de mi pueblo. Me estoy soñando. No tengo recuerdos de mi infancia. Me estoy soñando. Mi vida nunca fue. He descubierto que la poesía es un cuadro que se pinta sin usar pinceles, una danza que se baila sin usar el cuerpo, un beso que se da sin usar los labios. He descubierto que la poesía es un juego en el cual está prohibido seguir las reglas; que es entender que tenemos el pecho lleno de musgo, de nieve, de agua, de tierra y de semillas que florecen como soles; que la poesía es una parvada de golondrinas despedazándote el cuerpo de adentro hacia fuera; que la poesía es platicar con las palomas en el techo de las catedrales. He descubierto, que quizá, incluso, la poesía es. Nací el 24 de junio de mil novecientos madera y tres. Mi madre se rompió los dientes en el parto. Fui arrojada a una cuna de paja. Tenía las uñas de los pies azules y enrolladas como pergamino. Mi padre estuvo orgulloso de mi sexo, hasta que descubrió que mi sexo era una constelación de girasoles. Esta mañana he decidido escribir, no poesía, no tratados, no alfileres, no escritorios, no mi vida o una novela, solo escribir. Solo tallarme los ojos con la pluma, para ver al mundo lleno de rayones, y una de mis lágrimas sea tinta.

 

ii) A Yaxkin

T-11

17:47

Me llueve tu palabra. Tu palabra es una mariposa.

17:49

Avanza el tiempo y te sacude.

17:50

No necesito saberme vivo. Necesito sentirme vivo.

17:52

La cuna del eufemismo es la vergüenza. La vergüenza es un beso de la cobardía.

17:54

Dos minutos han muerto en la irremediable marea de la eternidad. Dos minutos bastan para reconocer y devorar las facciones de tu rostro. Dos minutos mueren y lentamente me asesinan. Dos minutos son el titubeo y la duda de escribir.

17:57

No sé el lugar de donde vengo. Aquí solo existe tu palabra líquida descendiendo por el ala rota de una mariposa.

18:00 horas

Tus ojos son una mariposa.

18:01

Él.

18:02

Él es un caballo negro que galopa sobre cristales abismos
sobre tus hondos temores
sobre la piedra blanca que deshace su estructura
sobre mi paso pequeño que atraviesa tu galaxia
sobre tu sobre fantasma que llegó a mis manos
sobre tu demencia sensual manifestada en árbol
sobre mi anillo de minutos
sobre mi yo poesía
sobre mi yo tú él nosotros ustedes poesía
sobre mi mundo flotando en un vaso de coca-cola
en un vaso de mezquina coca-cola
que es bebido por un hombre que nacerá mañana
en un pesebre de navaja y helio
por un hombre que tendrá por madre una yegua
y por padre un león
por un hombre cuya única familia seremos nosotros
y las letras últimas de su apellido
por un hombre que en 1755
se arrancó el tiempo de su herida
de su seño
de su mente y de su mente
pero en su pulso el reloj marcaba las:

18:18

Y un minuto después:

18:19

Y cien años después las:

18:20

Y cien mil años después las:

18:21

Y entonces de su pulso encadenado a esa porción de eternidad
Arrancó la vena
La sangre
La arteria
La duda
La entrega a la duda
Y la entrega misma de su voluntad

Dejando un halo de luz roja que marcaba las:

18:26 y las 18:29

Y las 1000:01 y las 1000:02

Y las 1000: nada y las nada: 1000

Desplomándose en partes infinitas y bellas sobre mi mirada

18:33

¿Y al final qué es lo que tengo?

18:34

Tengo 14 estrellas de barro balanceándose en el pulso de los eclipses
Tengo los músculos de la mañana y la nostalgia de ser el mar
Tengo un alacrán de acero y engranes lastimándome los versos
Tengo las arterias de los lunes meciéndose en mi respiración cual manecillas
Tengo la desesperación de las industrias y el lamento líquido de los símbolos patrios despertando en los contactos eléctricos del cielo
Tengo a las personas del futuro arrojándose desde lo alto de este edificio
Tengo una mariposa de cemento revoloteando en mis pulmones
Me sale por la boca y dice:
18:39
El tiempo no existe. Y si existe nada quiero saber de él.

 

xvii) A Gustavo

Escribí  Copérnico en el cielo y el centro del hombre siguió siendo el mismo. Escribí Copérnico en el agua y se formaron 300 órbitas azules. En algún momento el uni-verso giraba en torno a un pato de madera. Habito las blanquísimas praderas de Saturno. Escribí luna y la luna fue el fruto de un arrecife. En algún momento las 300 órbitas salieron del estanque y comenzaron la expansión del uni-verso. Habito un planeta lleno de nieve. Escribí llorando las tristezas de Copérnico. Habito un planeta lleno de musgo. En algún momento el mundo fue creado por 300 patos azules. En algún momento habité las rosas praderas de Saturno. Escribí un eclipse bajo el agua. Habito las espirales rosas que giran como rehiletes o aspas o molinos en la negrura del espacio. En algún momento descubrí que los cometas eran colibríes  hechos de pólvora. Habito los valles de Venus cuando la primavera se vuelve una Catarina verde. Escribí hombres porque quise olvidarme de la vida. En algún momento el uni-verso giraba en torno de la vida y yo habitaba una constelación llamada Sagitario. Escribí agua en la frente de Copérnico y todas las galaxias innombradas se volvieron perlas y todas las perlas cayeron azules en un hoyo negro. En algún momento 300 colibríes con el corazón de madera construyeron al hombre bajo el agua. Escribí luna y la luna se desvaneció como un grito dirigido al valle. Escribí llorando las tristezas de los hombres. Habito el eclipse dibujado en la arena. Habito el corazón azul de Sagitario. En algún momento escribí Copérnico en el cielo y el centro del hombre siguió siendo él mismo.

 

xxv) A las siguientes generaciones (Manifiesto)

Quiero que la muerte de México sea hermosa

Quiero que su muerte sea un acto bello e inexplicable como los pájaros

Quiero que el pasado sea un hecho maravilloso que se forja en el futuro

Quiero que mi nombre sea la vida

Quiero que América se desdoble y se muestre como un acantilado de OVNIS

Quiero que mi sexo sea la vida

Quiero que la tradición literaria de las personas sea el movimiento de las cometas

Quiero que mi patria sea la vida

Quiero que los literatos suban de nuevo a los árboles y renombren cada noche las constelaciones del abecedario

Quiero que los poetas dejen de llamarse poetas y comiencen a llamarse sueños y que los sueños comiencen a llamarse estrellas o luciérnagas o arroyos o triciclos

Quiero que la juventud sea una postura frente al mundo y no una postura frente a los años

Quiero que a la poesía se le confunda con la narrativa y a la narrativa con un tratado científico y a éste con un nuevo sistema planetario

Quiero que mi clase social sea la vida

Quiero que los poetas le tengan miedo a la inmortalidad y a la permanencia

Quiero ser llamado universitario no por estar en la universidad sino por estar en el uni-verso

Quiero que el poema se confunda con un tratado filosófico o un tratado político o un venado herido en la mitad del bosque

Quiero que mi nacionalidad sea la vida

Quiero que cuanta persona lea este manifiesto lo destruya y construya otro más auténtico y hermoso

Quiero que los grupos literarios de esta época contemplen entre sus integrantes a las rocas y a los ríos y a los superhéroes del espacio

Quiero que los artistas arrojen sus obras a los mares y comiencen a escribir sobre sus cuerpos

Quiero que mi edad sea la vida

Quiero que la literatura universal sea llamada en el futuro la historia de la preliteratura

Y quiero que los poemas más hermosos de mi generación sean escritos en las paredes del metro

 

ɸ)

Yo nunca he visto las pirámides de Egipto. Mi vida rueda como un planeta hermoso por el césped. Mi padre trabajaba todo el día y ganaba poco. Los padres de mis amigos ganaban aun menos. Yo no he escrito un gran poema entre las calles de París. Los sueños son lo único que nos han dejado o, mejor dicho, lo único que no nos han podido robar. A mí no me ha inspirado el canto ningún río lejano y misterioso. Yo no he visto al mundo desde el Everest, pero lo he visto desde la poesía. Escribo a nombre de los que cruzaron el río del sueño para encontrarse con la muerte, de los que han dicho “danos hoy nuestro pan de cada día” y no han sido escuchados, de los que caminan con un par de zapatos por el mundo. Escribo a nombre de ellos, que tampoco han dormido con la muralla china entorno a sus cuerpos. Escribo a nombre de ellos, para los que el Coliseo sigue siendo una muestra de tristeza y tortura. Y ahora les digo: que sus manos son más impresionantes que cualquier templo romano, que hay más belleza en una sola de sus lágrimas que en todos los canales de Venecia. A nombre de ellos he guardado un poco de mi vida, y de mi muerte, en este poema. Y a nombre de ellos también les digo: yo nunca he visto las pirámides de Egipto, pero junto a mí las hormigas han alzado un monumento hermoso.

David Meza, Jesús Carmona, Luna Miguel, Alex Pena, Martín Rangel, Augusto Sonrics y Aleida Belem, México 2014.

David Meza, Jesús Carmona, Luna Miguel, Alex Pena, Martín Rangel, Augusto Sonrics y Aleida Belem, México 2014.

David Meza Ramirez (Ciudad de México 1990 -) Poeta y Matemático. Ha Escrito El sueño de Visnu (Gaviero Ediciones 2012- 2014 – editorial de Luna Miguel, y 2.0.1.2 Editorial).  El Sueño de Visnu, pertenece a la trilogía Trimurti, que lo conforman El Sueño de Visnu, El sueño de Brahma y El sueño de Siva.

Perteneció a la Red de Poetas Salvajes, movimiento poético mexicano conformado por autores jóvenes como Yaxkin Melchy, Gerardo Grande, Manuel de J. Jimenez, entre otros.

Lee también ►Tres poemas de Yaxkin Melchy

 

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Anacanta dice:

Yo tampoco he visto las pirámides de Egipto
solo fotografías.
Y de la belleza nada se
solo poemas.