Dos poemas de ‘La tumba del marinero’ de Luna Miguel

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Luna Miguel es una de las escritoras más populares de la poesía española reciente. Aunque también ha destacado como gestora cultural -reconocida es su labor con la editorial Gaviero y con el blog estabanlocos.tumblr.com que  desde hace muchos años se ha encargado de antologar a poetas jóvenes de todo el mundo.

En el 2014 publicó su libro ‘La Tumba del Marinero’, poemario donde muestra una evolución significativa respecto a sus libros anteriores y donde muestra de manera ágil temas como la soledad, la literatura y la muerte. Compartimos algunos poemas de este libro.

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Portada de La Tumba del Marinero, de Luna Miguel. La Bella Varsovia, 2014

Portada de La Tumba del Marinero, de Luna Miguel. La Bella Varsovia, 2014

Mala Sangre

I

La felicidad no puede ser experimentada ni por
los vivos ni por los muertos. Eso me dijeron los
que dibujaban tus ojos en un pañuelo blanco.
Los que me tentaban: si otra persona, si una
sola persona recuperara antes que tú este pa-
ñuelo, los ojos de tu amado desaparecerían para
siempre. Los ojos. Desaparecería para siempre.
Tu amante. Los ojos de tu amante/amado como
una gallinita ciega. Ven. Date prisa. Tómalos la
primera. Los otros niños corren más que tú. Tó-
malos antes que ellos. Nunca ganaste al juego
del pañuelo, pero aguanta. Aguanta esos ojos
estériles. Aguántalos sangrantes en tus manos,
en tus globos oculares, los ojos sobre los ojos,
y más ojos sobre más ojos. Introdúcelos en tu
organismo. Pez de tres ojos. Pez radioactivo de
dibujos animados. Toma los ojos de tu amado.
¿Cuántos ojos hacen falta para ver el mundo?
¿Cuántos iris, para creer en el amor? La felicidad
es ciega, dicen. Nadie la ha visto. A todos
nos mienten sobre su esencia. Que si mariposas
en el estómago. Que si cucarachas en el pecho.
Que si larvas en las varices. El terror también
es ciego. El amor y las cosquillas. Nunca me
gustaron demasiado las cosquillas. De pequeña
mi padre me tomaba de las caderas y me hacía
cosquillas. Presionaba tan fuerte mi carne que
yo solo podía llorar. Debía llorar. Cuando la risa
de la cosquilla se convierte en dolor. La infancia

era dolor. La infancia era pesadilla. A veces mi
padre me leía cuentos de Cortázar y yo solo
temía por mi vida. Personajes extraños y apocalípticos
rondaban mi cabeza por las noches.
Los cronopios como monstruos. La infancia
era cronopio. Las historias de Cortázar como
el peor cuento de terror que se le puede leer a
un niño. ¿Acabaré desdichada? Pensé. ¿Será mi
futuro el de un cuento de Cortázar? ¿Respiraré
bajo la tela gruesa de este jersey naranja? ¿Me
encontraré conmigo misma de frente, en mi
sofá, leyendo mi propia muerte en un papel?
Me dijeron: toma los ojos de tu amado. ¿Y yo?
¿También acabaré ciega?
Decía,
¿desdichada?

II

Nos venden la felicidad cual refresco. La felicidad
es hidratante y dulce. La felicidad es burbujeante
y suave. La felicidad es una droga cursi
que entra por las uñas y baja por la garganta
cual aspirina triturada (el bote de las pastillas, trá-
gatelo), cual grumo seco de cacao (el bote de los
polvitos, trágatelo), cual aguja, punzando fuertemente
la inocencia. ¿Pero qué es la inocencia?
Alguna vez intenté responder a esa pregunta y
entonces nada volvió a ser lo mismo. Preguntarse
por la inocencia perdida es la mayor barbarie
que conozco. Mírate, has crecido, y cerca de ti
solo veo cucarachas. Y cerca de ti los insectos
saben. Qué corazón tan ridículo. Cuánta pena
dan tus bichitos en el pecho. Mis bichitos cuando
te pienso. Los bichitos en mi débito y mi
pobreza. Madurar es la pobreza. Cuando uno
encuentra cero céntimos, cero algodones, cero
esmaltes, cero respiraciones, cero palpitaciones,
cero cánceres. Cuando sabe que el dinero
es quien dicta nuestra digestión, ¿cómo se puede
ser feliz? Trabajar en lunas ficticias. Devorar
comida barata. No quiero el dinero de papá ni el
de mamá. No quiero su dinero ni su casa.
Aquí: mi novela política.
Aquí: lamer el suelo.
Aquí: la independencia.
Aquí.

III

Leo a Julieta Valero. Me cuenta que el deseo es un
órgano vital como el arpa en las batallas, pero yo sé
que para nosotras, la niñas tontas, el deseo es
esa moneda brillante. Esa moneda que no tenemos.
Moneda de cambio en la felicidad. Te doy
tres papelitos y cuatro besos si me dejas dormir
en una casa caliente. Que ser feliz es tener
dinero. Que ser feliz es comprarse libros. Que
ser feliz es vestir la ropa que Nadia nos roba en
grandes almacenes. Pantalones de cuero. Camisetas
transparentes. Zapatos de tacón marrones con tachuelas
brillantes. Chalecos salvavidas. Angina en el escote.
Solo visto ropa robada. Solo huelo a caro y a robado.
Que ser feliz es qué. Nadie lo sabe. Y si
alguien lo supiera, ¿a quién se lo diría? ¿Por qué
compartirlo?
Si algún día sonríes que sea tu secreto.
Si algún día despiertas alegre que sea tu puto
secreto.
El mundo se desmorona y tú te diviertes.
Que sea tu secreto.

IV

Porque la felicidad no puede ser experimentada
ni por mí ni por el resto de ignorantes. La felicidad.
Alguien se la ha llevado. Alguien más listo
que tú y que yo se la ha llevado. ¿Por qué la deseo?
Hay quien prefiere vivir en los márgenes de
la felicidad. Los márgenes de la alegría: o estar
vivo o estar muerto. Hay quien prefiere merodear
las orillas. Lo alegre solo existe en el término
medio. Entre lo sombrío y lo clínico. Entre
el holocausto y la golosina. Por eso no estoy ni
viva ni lejos, ni cerca ni muerta. Mi salud es un
reloj de cuco. De él nacen tus ojos cada hora. De
tus ojos mi felicidad, cada hora. Y lloro todas las
semanas. Mal-estando, lloro todas las semanas.
Y entiendo este ácido.
Este éxtasis. Este límite.
Esta pequeña lágrima con forma de soga.

V

El útero de mi tía tiene forma de soga. Las sogas,
como las pulseras plásticas de las niñas que
venden en los chinos, tienen formas de animales
perfectos. El útero de mi tía Lourdes es un
animal perfecto: huele a estiércol y a hierba mojada
y a veces se lo comen las moscas. A mi tía le
han quitado un trozo de útero y no se va a morir
pero le duele. No se va a morir pero le asusta. A
mi tía le han quitado el útero y yo, que soy una
mala sobrina, no he ido a visitarla. Los hospitales
me dan miedo. Tanto que a veces prefiero no
ir a ver a mis seres queridos, opto por decir hola,
tía, estoy ocupada, opto por mentir, hola, tía, estoy
ausente. La primera vez que me quedé a dormir
en un hospital, fue para cuidar a mi abuela después
de su duodécima operación. La primera
vez que me quedé a dormir en un hospital mi
abuela se cagó encima. La habitación comenzó
a apestar. Llamé a las enfermeras para que limpiaran
pero no venía nadie. Abracé a mi abuela,
que lloraba de vergüenza. Pero su peste solo
me provocó amor. Su mierda era mi amor por
ella. Mi cara relajada, mi ceño sin fruncir, era su
amor por mí. El fin del mundo tiene que ser algo
parecido a esto, pensé: estar al lado de alguien a
quien amas cuando todo lo que te rodea apesta
a final infeliz.
El fin del mundo debería ser así.

Dos personas abrazadas en mitad del desconcierto.

Tranquilas pero tristes.
Con lágrimas pero soportando.

VI

En aquel tiempo yo leía a Beatriz Preciado y mi
madre estaba sana. Un año después también
tendría que visitar a mamá en otro hospital de
otra ciudad y de otro fin del mundo (pero eso
ya es otra historia). Yo leía a Beatriz Preciado:
aquel libro sobre testosterona, cuerpo, mutaciones,
medicamentos, jeringas y sexo. En aquel
tiempo no vivía en Madrid. Por eso todo me
daba asco. El mundo, fuera de la capital, era un
hospital enorme con úteros y sogas, y páncreas
colgando de las puertas… y el pus, el poema segregado
como pus de Panero. La felicidad consistía
en salir de todo aquello. Asistir a fiestas. Bailar
desdentada. Comer desdentada. Follar mucho.
Pensar en el dinero. Ser feliz sin todo aquello.
Ser feliz a costa del abandono a los infelices.
Esos infelices que me aman. Pobrecitos. Pobres
infelices. El malestar era mi familia. El malestar
era comprender a los demás. Comprender a
mis abuelos. Comprender a mis primas peque-
ñas. Comprender a los bebés que desconozco.
A los que nunca he tocado. Mira qué mundo le
entregas a esos bebés. Mira qué mundo les das
y qué olor les das y qué sabor les das: ¿es néctar
acaso? Pero si Ellos eran el malestar, ¿qué es
lo que ahora me entristece? ¿Qué es lo que me
entristece hoy si mi casa no es un hospital, si
mi cuerpo no es un bisturí, si mi enfermedad no
son los otros, si soy yo…? ¿Soy yo? La felicidad
no puede ser experimentada ni por los amantes
ni por los egoístas. Siempre he sido una egoísta.
Eso me dice mi amado. Eres egoísta y das asco.
No quiero decepcionar a mi amadito ciego. A
mi gallinita. El amor es la felicidad. El amor no
es la felicidad. El amor es ese cuento de Cortá-
zar que mi padre me leía.
El amor es amarse a uno mismo.
Amarse en la infancia.
Hermosa infancia.
El fin del mundo es crecer.
Qué egoísta.
Ya nadie me lee cuentos en la cama.

VII

Porque cuando era pequeña mi madre solo me
cantaba a los clásicos. Mi madre es arqueóloga
y estudia a los fenicios. El día que presentó
su tesis se equivocó y dijo Fecinios. Mi madre es
una mujer clásica atrapada en este mundo clá-
sico. Mi madre es paciente y cariñosa; le gusta
achucharme. Mi madre y yo nos damos besos
en la boca cuando nos abrazamos. Mi madre fenicia
trataba de describirme los dedos rosados
de la aurora en Homero, trataba de explicarme
sus metáforas y luego yo no he sabido inventar
ni una sola. Quizá porque ya las aprendí todas
hace años. Quizá porque todas me recuerdan a
ella. Mi madre no me leía La Ilíada sino La Odisea.
¿Cómo voy yo a leerte La Ilíada, Luna?, me decía.
¡Es un libro demasiado sangriento para una niña
pequeña! ¿Demasiado sangriento? ¿Demasiado
sangriento? La sangre es el néctar de los poetas.
Toda la sangre es digno de un poema. Todo lo
que menstrúa es digno de un poema. Demasiada
sangre para una niña de cuatro o de cinco o
de cien años. Mi infancia fue larga y alegre. Mi
infancia terminó con el primer beso del primer
gato y volvió a empezar con el último beso del
último insecto. Ahora vivo mi segunda infancia.
Mi cuerpo de nínfula sin cicatrices. Mis axilas
de Monelle, sin vello ni olor. Mis pies diminutos.
Los dientes de leche. La niñez no tiene por
qué corresponderse con la inocencia. La niñez
no tiene por qué corresponderse con la pureza.
Sin embargo la felicidad era lo puro de un cuerpo.
Lo pulcro de un cielo que nos guarda los
párpados. Que nos mece y nos engaña. ¿Qué es la
pureza?, preguntaba Dono. ¿Qué, la felicidad? ¿Y
el viento? ¿Y las gasas? ¿Y qué son las monedas
amarillas de los pobres? ¿Qué son los anillos?
¿Qué son los noticiarios?
¿Qué son las amapolas?
¿Qué es la heroína?
¿Qué es la voz?
¿Y la familia?
¿Y los otros?
¿Qué es el fin del mundo?

VIII

El mundo no se puede acabar ahora. No se puede
acabar. Te he comprado un anillo de plata
para que nunca lo pierdas. Tómalo y toma tus
ojos. Póntelo y ponte tus ojos. La muerte no puede
ser experimentada ni por los vivos ni por los muertos,
escribió William T. Vollmann. La extraña claridad
de esta ventana solo me recuerda a una
gran epidemia.
Y si esto se acaba.
Dime.
¿Qué significa entonces quedarse solo?

 

Museo de Cánceres

(Por eso amputarán tus pies. Por eso sellarán tus ojos con trozos de mapas antiguos. Por eso pronunciarán tu nombre en celebración del páncreas. ¿Comprendes? Por eso el útero es más oscuro -intestino y córnea-. Por eso amputarán el rezo. ¿Comprendes?)

-Luna Miguel Santos: viva / cáncer de azúcar

-Ana Santos Payán: viva / cáncer de mamá

-Pedro Miguel Tomás: vivo /cáncer de salud

-Chus Tomás: viva /cáncer de paciencia

-Pedro Miguel: muerto / cáncer de abuelo

-Mercedes Payán: viva / cáncer de soledad

-Manolo Santos: vivo /cáncer de familia

-José Ángel Valente: muerto / cáncer de luz

-Roberto Bolaño: muerto /cáncer de probabilidades

-David Foster Wallace: muerto /cáncer económico

-Marcel Schwob: muerto /cáncer de sífilis

-Antonio J. Rodríguez: vivo /cáncer de Europa

(Por eso me duele, ¿sabes? Por eso me duele la sangre: porque está fuera. Y dentro no duele y fuera mata. Y dentro no daña y fuera asusta. Qué intensa la sangre. Qué peligrosa. Por eso me duele, ¿entiendes? ¿Lo entiendes?)

-Daniel Clowes: vivo /cáncer fantasma

-Clarice Lispector: muerta /cáncer de audacia

-Alejandra Pizarnik: muerta /cáncer de jaula

-Miguel Hernández: muerto /cáncer de luna

-Jorge Luis Borges: muerto /cáncer de viuda

-Michel Houellebecq: vivo/ cáncer de pene

(Por eso no existo. ¿Ya te marchas? Por eso al curarnos todos nos fugamos. ¿Quién se queda? O peor. ¿Dónde?)
-Antonin Artaud: muerto /cáncer de loco

-TS Eliot: muerto /cáncer fenicio

-Eduardo Cirlot: muerto / cáncer de Astarté

-Édmond Jabés: muerto /cáncer de Egipto

-Antonio Machado: muerto /cáncer de Leonor

-Vladimir Nabokov: muerto /cáncer de fuego de cáncer de entrañas

-Thomas Pynchon: vivo/ cáncer de rostro

-Sharon Olds: viva /cáncer de satanás

-Dorothea Lasky: viva /cáncer de leche

-Virgina Woolf: muerta / cáncer de agua

(Por eso me ahogo. Por eso no entiendo el amor. Por eso no caigo enferma. Por eso sólo enfermo. ¿Sabes? Sólo enfermo.)

-Charles Baudelaire: muerto /cáncer de feo

-Arthur Rimbaud: muerto /cáncer de elefante

-Paul Valéry: muerto /cáncer marino

-Joyce Mansour: muerta /cáncer de mujer

-Paul Élouard: muerto /cáncer azul

-Lysiane Rakotoson: viva /cáncer de nieve

(Por eso estas manchas. Y esta piel. Como una cicatriz eterna extendida y blanca, mi piel es cicatriz, mi piel es el cordón umbilical entre la lengua y las axilas. Por eso estas manchas rojas. Por eso estas manchas negras. Por eso el olor a fruta: la lengua, las axilas)

-Emily Dickinson: muerta /cáncer de coño

-Anne Sexton: muerta /cáncer de coño

-Anna Ajmátova: muerta /cáncer de coño

-Sylvia Plath: muerta /cáncer de coño

-Marina Tsvetáieva: muerta /cáncer de coño

-Javier Marías: vivo /cáncer pesado

-Enrique Vila-Matas: vivo /cáncer de Enrique Vila-Matas

-Gonzalo Torné: vivo /cáncer espía

-Rodrigo Fresán: vivo /cáncer inquietante

-Tao Lin vivo /cáncer MDMA

-Ben Brooks: vivo / cáncer ciervo

-Unai Velasco: vivo /cáncer 1990

(Por eso vomitaba, ¿lo entiendes? Por eso la bulimia de aquellos meses intentando adelgazar para dar pena, intentando enfermedades impregnadas de no sé qué. Intentando la literatura. Por eso vomitaba, ¿te acuerdas?)

-Ana Santos Payán: viva /

-Ana Santos Payán: viva /

-Ana Santos Payán: está viva /

David Meza, Antonio J Rodriguez, Luna Miguel y Ben Brooks, España 2014.

David Meza, Antonio J Rodriguez, Luna Miguel y Ben Brooks, España 2014.

Luna Miguel (España, 6 de Noviembre de 1990 -) Ha escrito Estar enfermo, Poetry is not dead, Pensamientos estériles, La tumba del marinero, entre otros.

Además ha coordinado las antologías Tenían veinte años y estaban locos (La Bella Varsovia, 2011), Sangrantes, (Origami, 2012), VOMIT (El Gaviero Ediciones, 2013). Los poemas publicados aquí pertenecen a La tumba del marinero. Puedes ver su lectura de Museo de Cánceres en el 89Plus Marathon aquí.

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bastcilk doptb dice:

Exceptional post however , I was wanting to know if you could write a litte more on this subject? I’d be very grateful if you could elaborate a little bit more. Appreciate it!

lector dice:

Luna Miguel es el vivo ejemplo del retroceso literario de la actualidad y muy seguramente del futuro, porque eso sí, seguirá publicando y los lectores, que pecan muchas veces por su inocencia literaria, creerán que lo suyo es poesía o incluso literatura.

Martín Mena dice:

Ah que descubrimiento en “Babelia” y que tarde …pero en Ella estoy leyendo: LUNA MIGUEL.

relacion de consumo electrodomesticos dice:

Europeos y la mayor parte de las necesidades tecnicas latinoamericanas.