Ubú Encadenado – Una profecía de Alfred Jarry

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Ubú Encadenado, tercera gran obra de Alfred harry escrita a los 18 años (estrenada en 1900). En este post les mostraremos las dos primeras escenas del primer acto y algunos extractos que resumirán, a groso modo, esta magnífica obra teatral, en donde el autor juega con la idea de libertad, de esclavitud y la revierte con una delicadeza y brutalidad inteligente. El padre Ubú, antiguo Rey de Polonia, y otros muchos títulos nobiliarios, se cansó de gobernar y ahora quiere vivir esclavizado. Irrumpe Francia, la tierra de los hombres libres, y será el esclavo más “libre” y “opresor” de las tierras sagradas de la libertad cuadrada. Hará que Francia se enfrente consigo misma. Ubú, antimonarca y doctor en patafísica, gran inventor del paraguas, gran suplemento dominical, gran cornudo, barrigón, profeta y ángel. Esta obra dejará contento al lector de piso y paralelo, altamente recomendable.

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¡Cuernoempanza! No lo habremos demolido todo
si no demolemos incluso los escombros.
Y no veo otro procedimiento para hacerlo que
levantar con ellos hermosas estructuras bien ordenadas. 
Padre Ubú

ACTO PRIMERO

Escena primera

(PADRE UBÚ, MADRE UBÚ)

El padre Ubú se adelanta, como quien va a decir algo, pero no dice nada.

MADRE UBÚ. ¿Cómo? ¿No dices nada, Padre Ubú? ¿Has olvidado la famosa palabra?

PADRE UBÚ. ¡Miér…coles, Madre Ubú! ¡No! No quiero volver a decirla. No me ha traído más que contrariedades.

MADRE UBÚ.  ¿Cómo que contrariedades? El trono de Polonia, la gran capelina, el paraguas…

PADRE UBÚ. No me hables del paraguas, Madre Ubú. Es muy incómodo de manejar. Emplear mis conocimientos de física para impedir que llueva me resulta mucho más fácil.

MADRE UBÚ.  ¡Necio borrico…! El paraguas, iba diciendo, los bienes confiscados a los nobles, los impuestos que casi llegamos a cobrar por triplicado, mi sobrenatural aparición durante tu sueño en la caverna del oso, la travesía gratuita en el navío que nos trajo a Francia, donde, por obra de esa palabra bienhechora ibas a ser nombrado cuando te apeteciera Gran Maestre de Hacienda… Pues bien, en Francia estamos ya, Padre Ubú. ¿Crees que es el momento de negarse a hablar francés?

PADRE UBÚ.  ¡Cuernoempanza, Madre Ubú! No paré de hablar francés mientras estuvimos en Polonia. Lo cual no impidió que el joven Bugrealo estuviese a punto de desgarrarme el bajo vientre, ni que el capitán Bordura me traicionase de la más innoble de las maneras, ni que el Zar asustase a mi caballo de phinanzas dejándose caer tontamente en el foso, ni que los enemigos disparasen, a pesar de mis recomendaciones, hacia el lugar donde estaba nuestra preciosa persona. Ni tampoco que el oso dilacerase a nuestros palotines, a pesar de que, sobre la roca, yo llegase a hablar hasta latín. Y a usted tampoco le impidió, señora esposa nuestra, dilapidar nuestros tesoros y los doce céntimos diarios de la comida del caballo de phinanzas.

MADRE UBÚ.  ¡Bueno! Olvidemos de una vez tales insignificancias. Lo importante es ahora otra cosa. ¿De qué vamos a vivir si te niegas a ser Gran Maestre de Hacienda y también Rey?

PADRE UBÚ. Del trabajo de nuestras manos, Madre Ubú.

MADRE UBÚ.  ¿Cómo? ¿Es que te vas a dedicar a aporrear a los viandantes?

PADRE UBÚ. ¡De eso nada! Me devolverían los golpes uno a uno. Por el contrario, quiero ser benéfico para los viandantes, ser útil para los viandantes, trabajar para ellos. Puesto que estamos en el país donde libertad es igual a fraternidad y ésta sólo comparable a la igualdad ante la ley, y dado que yo no soy capaz de hacer lo que todo el mundo, y que me trae al fresco ser igual a los demás, pues en definitiva seré yo quien acabe con todos… dado todo eso, Madre Ubú, he decidido convertirme en esclavo.

MADRE UBÚ.  ¿Esclavo? No das el tipo. Eres demasiado grueso.

PADRE UBÚ. ¿Y qué? Así tendré más resistencia. Ande, señora hembra nuestra, vaya a preparar nuestro delantal de esclavo, nuestra escoba de esclavo, nuestro hurgón de esclavo y nuestros útiles de limpiar zapatos de esclavo. En cuanto a usted, puede quedarse con la indumentaria que en este momento viste. A nadie le cabrá duda de que lleva puesta la correspondiente a una esclava cocinera.

madre ubu y padre ubu

La Madre Ubú en el sueño del Padre Ubú, en la caverna del oso.

 

Qué es la libertad sino un simple juego del yo camino sobre el fuego y del tú no puedes porque pedirás limosna. La libertad es la característica máxima de la alienación de una pluma a una piedra. No hay libertad si no hay poder que aplaste, de lo contrario su significado se anula. No hay libertad sin opresión, y así lo entiende el Padre Ubú, y a la Mierdra.

Segunda Escena

(LOS TRES HOMBRES LIBRES, EL CABO)

En el patio de institución.

LOS TRES HOMBRES LIBRES. Somos los hombres libres, y éste es nuestro cabo. – ¡Viva la libertad, la libertad, la libertad! ¡Libres, somos libres! – No olvidemos que nuestro deber es ser libres. Vayamos más despacio, pues llegaríamos a la hora, y la libertad es no llegar nunca a la hora. – ¡Nunca, nunca jamás a la hora convenida! – ¡A la hora convenida para realizar nuestros ejercicios de libertad – ¡Desobedezcamos a la vez! – ¡No, no a la vez! ¡A la una, a las dos, y a las tres! – ¡A la una, el primero; a las dos, el segundo; y a las tres, el tercero! – ¡No es poca diferencia! – Cada uno se inventa una manera y, aunque resulte más fatigante, desobedece individualmente. – ¡Desobedezcamos, desobedezcamos individualmente al cabo de los hombres libres!

EL CABO. ¡A formar! (Los hombres libres se dispersan) Usted, número tres, cumplirá dos días de prevención. ¿No ve que se ha alineado con el número dos? Los reglamentos dicen: «por encima de todo, libres». Y, para conseguirlos, realizamos estos ejercicios de desobediencia individual. No olvidemos que la indisciplina ciega e ininterrumpida constituye la principal fuerza de los hombres libres… ¡Aaatención! ¡Preeesenten… armas!

LOS TRES HOMBRES LIBRES. Hablemos en formación. – Desobedezcamos. – El primero a la una, el segundo a las dos, y el tercero a las tres. – ¡A la una, a las dos, y a las tres!

EL CABO. ¡Muy mal! ¡Lo están haciendo al mismo tiempo! Número uno, usted debía tener arrojado el arma a tierra. Usted número dos tendría que haberla cogido por el cañón y haber levantado la culata lo más alto posible. Y usted, número tres, debía haberse sentado sobre ella en una actitud más libertaria… ¡Aaaatención! ¡Rompan filas, ar! ¡Un, dos; un, dos; un, dos…!

Los hombres libres s e reúnen y salen en formación evitando marcar el paso.

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Por otro lado, el Padre Ubú, ya autoproclamado esclavo de la existencia, se apoderó de, su amo y señorita, Eleuteria en el palacio de su tío Meapilas.

PADRE UBÚ. …Bueno, lo quiera o no, ¡cuernoempanza!, me haré cargo de la vigilancia de la puerta de esta damisela, y encargaré a la Madre Ubú que le prodigue sus atenciones en vista de que se desvanece tan a menudo. A todo el que desee verla, le daré con la puerta en las narices. La mantendré prisionera de mis servicios durante todos y cada uno de los instantes del día. Y nunca la dejaré. Eso es. ¡Viva la esclavitud!
(Acto segundo, escena primera)

 

Sin embargo, el Cabo de hombres libres, Meafino, siendo pretendiente de Eleuteria llega para manifestarle su amor y bailar con ella hasta los callos.

MEAFINO. ¡Ufff! ¡No puedo más…! Ahora, Padre Ubú, le ordeno que me anuncie de una vez a la señora.

PADRE UBÚ. En primer lugar, ¿Quién es usted para dar órdenes? Aquí mandan solamente los esclavos. Vamos a ver, ¿cuál es su grado en el escalafón de la esclavitud?

MEAFINO. ¿Cómo? ¡Un cabo, un militar, ser un esclavo…! Bueno, como mucho podría reconocer que soy esclavo de amor. Eleuteria de la Distinción, la hermosa cantinera de los hombres libres, es mi prometida y, por lo tanto, también en cierto modo mi dueña, si no tiene inconveniente en que la llame así.

PADRE UBÚ. ¡Cuernoempanza, señor! No había caído en eso. En esta casa soy esclavo para todo, y la señorita también es dueña mía. Acabáis de recordarme algunos deberes que tenía echados en olvido. Correré a cumplir con ellos antes de que intentéis hacerlo vos.
(Acto segundo, escena cinco)

 

Luego de que el Padre Ubú haga de las suyas en el palacio, el Cabo de hombres libres opta por darle azotes hasta que se le achicharre la panza, pero a Ubú no le molesta, sino más bien le enorgullece, ya que está ascendiendo en el escalafón de la esclavitud: de limpiabotas a portero y cuidador de Eleuteria, y ahora mismo azotado, con la ilusión de algún día poder ir preso. Ya en la cárcel, celebra con la Madre Ubú:

PADRE UBU. ¡Cuerno de phinanzas! ¡Por fin comenzamos a poder vestir con decoro! Nos han cambiado nuestra librea, un tanto estrecha para nuestra barriga, por esta aparente indumentaria gris. Casi me siento de regreso en Polonia.

MADRE UBÚ.  ¿Y qué me dices del alojamiento? Estamos aquí casi tan cómodos como en el palacio de Venceslao [antiguo rey de Polonia, derrocado por el Padre Ubú]. Nadie da la tabarra a campanillazos, ni echa abajo las puertas.

PADRE UBÚ. Así es, en efecto. Las casas de ese país nunca llegaban a cerrarse del todo, y en ellas entraba tanto aire como en un molino de viento. Aquí, sin embargo, he ordenado instalar fuertes cancelas de hierro y sólidas rejas en todas las ventanas. Nuestros actuales amos cumplen con puntualidad la consigna de venir doce veces al día a traernos alimento. Y gracias a nuestros conocimientos de física, hemos podido inventar un ingenioso dispositivo que hace llover todas las mañanas a través de los techos, con lo que se mantiene suficientemente húmeda la paja de nuestra yasija.

MADRE UBÚ. Pero no podremos salir cuando se nos antoje, Padre Ubú.

PADRE UBÚ. ¡Salir! ¡Bastantes marchas tengo hechas a retaguardia de mis ejércitos a través de Ucrania! ¡No me volveré a mover, cuernoempanza! En la actualidad recibo en casa y doy permiso a los amigos para que vengan a vernos en determinados días señalados.
(acto tercero, escena primera)

 ubu encadenado

Después de regocijarse con todas las comodidades de la cárcel, el Padre Ubú es llevado a hacer trabajos forzados (nada más apetecible) y ya en el Barco al que le ordenaron remar junto a muchos otros presos, vuelve su inacabable espíritu no-monárquico. Imparte un nuevo gobierno Armierdra.

PADRE UBÚ. …Usted, venerable decano de nuestros forzados, antiguo ladrón de cepillos, será a partir de ahora el Tesorero Mayor de nuestras phinanzas. Y tú, lisiado de ambas piernas, a quien encarcelaron por falsificador y asesino, en este mismo momento te acabas de convertir en Generalísimo. En cuanto a vos, hermano Tiberge, que sois una cuenta más de este rosario de hierro por libertinaje, latrocinio y demolición de viviendas, me viene en gana nombraros nuestro Gran Limosnero. Usted, un vulgar envenenador, es desde este instante mi médico de cabecera. Y en cuanto a los demás, ladrones, bandidos y arrancadores de cerebros, os hago, sin distinción, gallardos oficiales de nuestras Fuerzas Armierdras.

TODOS: ¡Viva el rey! ¡Viva el Padre Ubú! ¡Viva la esclavitud! ¡Viva Polonia! ¡Vivan las Fuerzas Armierdras!
(acto cuarto, escena siete)

 Sin embargo, el Padre Ubú no contaba con la innoble subversión por parte de los amos, quienes ahora también quieren ser esclavos, por la gran barriga de Ubú.

EL CARCELERO. ¡Los amos se han rebelado! ¡Los hombres
libres se han hecho esclavos! ¡Yo he sido despedido, y la Madre Ubú expulsada de la prisión…! Para que creáis la veracidad de estas noticias, aquí tenéis su bola de forzada (traen la bola en una carretilla). Considerando indigno ser arrastrada por ella, ha cortado por sí misma la cadena de que pendía, y se ha negado a continuar siguiéndola. (…) Los amos han alojado a sus mujeres y a sus hijos en las prisiones. A continuación, han tomado por asalto los polvorines, y ha sido por casualidad que han encontrado el número de bolas suficientes para empezar a arrastrar cada uno una, en señal de esclavitud.

LOS CABOS DE VARA. ¡Nos sumamos a la rebelión! ¡Viva la esclavitud! ¡Estamos hartos de nuestro oficio! ¡Queremos ser esclavos a nuestra vez, vivir despreocupados! (acto  quinto, escena cuatro)


Ubú encadenado d

En fin, léanla completa. Hay muchas otras cosas geniales que no incluimos acá por falta de espacio, pero que debería ser leída, como cuando los hombres libres engañan al Lord Catoblepás quien llega a Francia en busca de nuevas tierras y adora al gran Rey Ubú encadenado, con bolas de hierro en ambas piernas, un collarín de metal y la barriga.

 

Alfred Jarry. (08 de Setiembre de 1873 – 01 de Noviembre de 1907) Dramaturgo, novelista, profeta y poeta francés, conocido por sus hilarantes obras de teatro y su estilo de vida disoluto y excéntrico. Primer dadaísta, iniciador del surrealismo, padre de la gran orden patafísica. Autor de obras del tamaño del sol, como César-Anticristo (1895), Ubú Rey (1896), Ubú Cornudo (estrenado en 1944), etc. Además de los Almanaques trimestrales del Padre Ubú. Autor de la gran novela neocientífica Gestas y Opiniones del doctor Faustroll, patafísico (publicación póstuma, 1911).

 

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