Cartas de la Ayahuasca: Viajando con Burroughs y Ginsberg

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Cartas de la Ayahuasca, es una recopilación de textos que se enviaban Burroughs y Ginsberg, mientras iban en busca de la droga máxima selvática, en América del Sur. Burroughs narra el recorrido que hace desde Panamá, Bogotá, Lima, Tingo María, en 1953, buscando esa bebida exótica de la que tanto había oído hablar. Describe las decrepitudes de los lugares marginales y lo deprimente que puede ser para él permanecer tanto tiempo en un mismo lugar. Escribe durante el recorrido sus apuntes o “rutinas” que luego serán publicados dentro de una de sus novelas más conocidas: El almuerzo desnudo, en 1957.

Siete años después, en 1960 Ginsberg también viene a Perú y se instala en Pucallpa, desde donde le escribe una extensa carta contándole sus experiencias y pidiéndole consejos para que pueda aguantar su estadía.

En este post hemos reunido tres de las más importantes cartas y un texto adicional de Burroughs.

 

Hotel, Nueva Regis, Bogotá, 15 de abril 1953

Querido Al:

[…]

Fuimos a visitar a un alemán propietario de una finca cerca de Macoa. Los ingleses habían salido en busca de cacao silvestre con un guía indio. Yo le pregunté al alemán por la ayahuasca. “Claro”, dijo. “Todos mis indios lo usan”. Media hora más tarde tenía yo diez kilos de la planta de ayahuasca. Nada de expedición por la selva virgen, ni de algún vejestorio de blanca cabellera diciendo: “Te he estado esperando, hijo mío”. Un alemán agradable a diez minutos de Macoa.

El alemán se ocupó también de arreglarme una cita para tomar ayahuasca con el brujo local (en esa época no tenía la menor idea de cómo prepararlo). El brujo tenía unos setenta años y una cara lisa de bebé. Había en él una falsa suavidad, como la de un opiómano de vieja data. Oscurecía cuando llegué a la choza de paja, de piso roñoso, para mi cita con la ayahuasca. Lo primero que me preguntó fue si yo tenía una botella. Saqué una botella de un litro de aguardiente de mi mochila y se la entregué. Tomó un trago largo y se la pasó al ayudante. Yo me abstuve porque quería la embriaguez pura de la ayahuasca. El brujo puso la botella a su lado y se acuclilló junto a un cacharro colocado sobre un trípode. Detrás del cacharro había un altar de madera con una imagen de la Virgen, un crucifijo, un ídolo de madera, plumas y unos paquetitos atados con cintas. El brujo se quedó sentado largo rato sin moverse. Tomó otro largo trago de la botella. Las mujeres se retiraron detrás de un tabique de bambú y no se las volvió a ver. El brujo empezó a murmurar una letanía sobre el cacharro. Oí “Ayahuasca pintar”, repetido varias veces. Sacudió una escobilla sobre el cacharro, haciendo un ruido sibilante. Esto es para alejar los malos espíritus que puedan haberse deslizado a la ayahuasca. Bebió un trago, se secó la boca y siguió con la letanía. Uno no puede apurar a un brujo. Por fin destapó el cacharro y sacó unos treinta gramos de un líquido negro que me sirvió en una taza de plástico, roja y sucia. El líquido era oleoso y fosforescente. Me lo bebí de un trago. Un amargo anticipo de náuseas. Devolví la taza y el brujo y el ayudante tomaron un trago.

Me quedé sentado esperando el efecto y casi en seguida tuve el impulso de decir: “No es bastante. Necesito más”. He observado ese impulso inexplicable en las dos ocasiones en que tomé una dosis excesiva de opio. Las dos veces, antes de que la dosis hiciera efecto dije: “No es bastante. Necesito más”.

Roy me contó el caso de un hombre que salió de la cárcel limpio y casi se murió en su cuarto. “Tomó una dosis y en seguida dijo: ‘Eso no era bastante’ y cayó de bruces dormido. Lo arrastré al vestíbulo y llamé una ambulancia. Se salvó.”

Dos minutos después me invadió una oleada de vértigos y la choza empezó a dar vueltas. Era como dormirse con éter o cuando uno está muy borracho, se acuesta y la cama da vueltas. Vi luces azules frente a los ojos. La choza cobró un aspecto arcaico del lejano Pacífico, con cabezas de las Islas Orientales talladas en los postes que sostenían la choza. El ayudante estaba afuera, oculto, con la intención evidente de matarme. De pronto me agarraron unas náuseas violentas y corrí hacia la puerta golpeándome en el hombro contra la Jamba de la puerta. Sentí el golpe pero no el dolor. Apenas podía caminar. No tenía ninguna coordinación. Los pies eran como bloques de madera. Vomité con violencia apoyándome contra un árbol y caí al suelo en una desamparada desdicha. Me sentía tan embotado como si hubiera estado cubierto por capas de algodón. Me esforzaba por salir de ese embotamiento y mareo, y repetía sin cesar: “Lo único que quiero es salir de aquí”. Una incontrolable incapacidad mecánica se apoderó de mí. Repeticiones hebefrénicas sin sentido. Seres larvales desfilaban ante mis ojos en una bruma azul y cada uno de ellos emitía un ruido obsceno y burlón (más tarde reconocí en esos ruidos el croar de los sapos); debo de haber vomitado seis veces. Estaba en cuatro patas, convulsionado por las contracciones de las náuseas. Oía los vómitos y los gemidos como si provinieran de algún otro. Estaba tirado Junto a una roca. Debieron pasar horas. El brujo estaba de pie a mi lado. Me quedé mirándolo largo rato antes de creer que realmente me estaba diciendo “¿Quiere entrar en la casa?” Dije: “No”, y él se encogió de hombros y se alejó.

Mis brazos y mis piernas empezaron a sacudirse incontrolablemente. Busqué el nembutal con mis dedos dormidos, como de madera. Debí poner diez minutos para abrir el frasco y verter cinco cápsulas. Tenía la boca seca pero de algún modo mastiqué y tragué el nembutal. Poco a poco las sacudidas espasmódicas cesaron y me sentí algo mejor y entré en la choza. Todavía seguía viendo las luces azules. Me eché y me cubrí con una manta. Tenía escalofríos como de paludismo. De pronto me sentí con mucho sueño. A la mañana siguiente me sentía perfectamente bien, salvo una cierta sensación de cansancio y un ligero estado nauseoso. Pagué al brujo y caminé de vuelta al pueblo.

Ese día fuimos todos río abajo hasta Puerto Assis. Schindler no hacía sino quejarse de que el Putumayo había desmejorado desde que él había estado allí hacía diez años: “Nunca hice una expedición botánica como ésta”, dijo. “Todas esas granjas y la gente. Hay que caminar millas antes de llegar a la selva”.

Schindler contaba con dos ayudantes para transportar su equipaje, cortar árboles y prensar los ejemplares. Uno de ellos era un indio de la región del Vaupés donde tienen un método diferente de preparar la ayahuasca al usado por los trotan del Putumayo. En el Putumayo los indios cortan la planta en trozos de veinte centímetros y usan unos cinco trozos por persona. Los trozos son machacados con una piedra y hervidos con un puñado doble de hojas de otra planta, presuntivamente como ololiqui, y se deja hervir la mezcla todo el día con una pequeña cantidad de agua hasta que el líquido quede reducido a unos sesenta gramos.

En el Vaupés, se raspa la corteza de más o menos un metro de la planta hasta reunir un puñado doble de raspaduras. Se sumerge la corteza en un litro de agua fría durante varias horas, se cuela el líquido y se lo bebe a intervalos durante una hora. No se añade ninguna otra planta.

Resolví probar la ayahuasca preparado según el método del Vaupés. Con el indio empezamos a raspar la corteza con los machetes (la corteza interna es la más activa). La corteza es blanca y lechosa al principio, pero casi inmediatamente se vuelve roja al ser expuesta al aire. Las hijas de la hotelera nos observaban y señalaban y se reían. Aquello era estrictamente contra el protocolo Putumayo para la preparación de la ayahuasca. El brujo de Macoa me dijo que si una mujer es testigo de la preparación, la ayahuasca se echa a perder en seguida y quien lo bebe se envenena o por lo menos se vuelve loco. La vieja historia de las mujeres impuras y en ciertas circunstancias, venenosas. Pensé que sería esa la oportunidad de poner a prueba definitivamente y de una vez por todas el mito de la polución femenina con siete criaturas femeninas que me echaban el aliento por el cuello, metían palillos en la mezcla, toqueteaban la ayahuasca y reían.

La infusión en agua fría es de un color rojo claro. Esa noche bebí un litro de la infusión en el lapso de una hora. A excepción de las luces azules y de unas náuseas ligeras, que no llegaron al vómito, el efecto fue semejante al de la marihuana. Una vivida imaginería mental, efectos afrodisíacos, bobería y risas. Con esa dosis no había nada que temer, nada de alucinaciones ni de pérdida de dominio de sí mismo. Calculo que esa dosis equivalía a una tercera parte de lo que el brujo me había dado. […]

Tuyo
Bill

 

Estafeta de Correos, Pucallpa, Perú, 10 de junio de 1960

Querido Bill:

Todavía estoy en Pucallpa; di con un tipo bajo y gordo. Ramón P…, que fue amigo aquí de Robert Frank (fotógrafo de nuestra película [Pulí my daisy]  aproximadamente en 1946). Ramón me llevó a su curandero, en el que tiene mucha fe y acerca de cuyos poderes de curación sobrenaturales habla a montones, demasiado, el Maestro, como lo llaman, un individuo de unos treinta y ocho años, de aspecto pacífico y simple, que noches atrás nos preparó una bebida para nosotros tres; anoche asistí a una sesión habitual del curandero durante la cual se bebe la noche íntegra con unos treinta hombres y mujeres en una choza en las afueras selváticas de Pucallpa, detrás del terreno de la usina de gas.

La primera vez —mucho más fuerte que la bebida tomada en Lima— la ayahuasca puede embotellarse para el transporte y conserva su fuerza, con tal de que no fermente —se necesita una botella bien tapada. Tomé una taza, un líquido un poco viejo, preparado hacía varios días y por consiguiente algo fermentado; me acosté y al cabo de una hora (en una choza de bambú afuera de su cabaña, donde cocina), empecé a ver o sentir lo que me pareció el Gran Ser, o algún sentido de Eso, que se aproximaba a mi mente con una gran vagina húmeda, me acosté en ella durante un rato, la única imagen que puedo identificar es la de un gran agujero negro de la Nariz-Dios a través del cual yo atisbaba un misterio, y el agujero negro rodeado por toda la creación, en especial, serpientes de colores, todo real.

Su sentido era de tal manera real que me pareció ser de algún modo lo que esa imagen representaba. El ojo es una imagen imaginaria, que da vida al cuadro. También una gran sensación de bienestar en mi cuerpo, nada de náuseas. Se prolongó en distintas fases unas dos horas, los efectos pasaron al cabo de tres horas, la fantasía misma duró desde tres cuartos de horas después de haber bebido hasta dos horas y media más tarde aproximadamente. Regresé y hablé con el Maestro, le di treinta y cinco soles (un dólar y medio) por sus servicios y hablé con él sobre el peyote y el LSD —había oído hablar del peyote. Es un mestizo que estudió en San Martín (arriba en el territorio de Huallaga), me dio muestras de la mezcla, emplea plantas tiernas de ayahuasca cultivada en su huerta y la mezcla en cantidades iguales con un catalizador conocido bajo el nombre de mescla, que es otra hoja que en la lengua india chama se llama cáhua (pronunciado coura) y que es llamada por él en Pucallpa chacruna. Me dijo que me conseguiría más muestras para que llevara al Museo de Historia Natural de Lima para que la estudien. Cocina la mezcla todo un día y cuela el caldo, y hace cocer por segunda vez las hojas ya cocidas. En todo caso la preparación no es excesivamente secreta; creo que Schulter vio y conocía la preparación. Suelen añadir también hojas de otras plantas, no conozco esas combinaciones para probarlas, parecía interesarse por las drogas en general, serio y nada mercenario, buen tipo, tiene muchos adeptos aquí, realiza curaciones físicas, su especialidad.

En todo caso, para abreviar, volví a una reunión formal de grupo anoche en sus chozas; esta vez el líquido estaba recién preparado y fue ofrecido con toda ceremonia; el maestro entonó una tierna letanía (y sopló humo de cigarrillo o de pipa sobre el borde de la taza) durante unos minutos antes, (una taza de hierro esmaltado, recuerdo tu taza de plástico), luego yo encendí un cigarrillo y eché una bocanada de humo sobre la taza y bebí. Vi una estrella fugaz —aerolito— antes de “irme” y una luna llena, y él me sirvió primero y luego me acosté esperando Dios sabe qué otras visiones placenteras y luego empecé a “elevarme” y luego todo el maldito Cosmos enloqueció a mi

El gran ser.



alrededor, creo que lo más fuerte y lo peor que haya tenido (todavía reservo las experiencias de Harlem, siendo Naturales, en suspenso. El LSD era la Perfección pero no me llegó tan profundamente ni tan horriblemente adentro). Primero comencé a comprender que mi preocupación por los mosquitos y los vómitos era una tontería ya que existía la gran cuestión de la vida y la Muerte. Me sentí frente a la Muerte, mi cráneo en mi barba sobre el jergón sobre el porche moviéndose de un lado a otro y deteniéndose finalmente como en una reproducción del último movimiento físico que hiciera antes de quedar inmóvil en la verdadera muerte… tuve náuseas, salí corriendo y empecé a vomitar, todo cubierto de serpientes, como un Serafín Sierpe, con serpientes de colores en una aureola alrededor de mi cuerpo, me sentía como una serpiente vomitando el universo o un jíbaro con tocado de colmillos que vomitara al comprender el Asesinato del Universo, mi muerte próxima, la muerte próxima de todos, todos sin preparar, yo sin preparar, todo a mi alrededor en los árboles el ruido de esos animales espectrales y los otros que habían bebido vomitando (parte normal de las sesiones de Cura) en la noche en su horrible soledad dentro del universo, vomitando su voluntad de vivir, de ser conservados en este cuerpo, casi… Volví y me recosté, se acercó Ramón muy tierno y solícito (no había bebido, actúa como una especie de ayudante para auxiliar a los pacientes) y me preguntó si estaba OK y “bien mareado” (¿bien y mareado?) Dije “Bastante” y volví a escuchar al espectro que se estaba aproximando a mi mente… La choza íntegra parecía rayada de presencias espectrales todas ellas sufriendo transfiguraciones al contacto de una Cosa Única misteriosa que era nuestro destino y que tarde o temprano habría de matarnos —mientras el curandero entonaba una letanía, manteniendo un canto muy simple suave, repetido y luego cambiante, especie de consuelo, Dios sabe qué significaba— parecía significar algún punto de referencia con el que yo era incapaz aún de entrar en contacto… Yo estaba asustado y  simplemente estaba tirado con oleadas tras oleadas que pasaban sobre mí de temor a la muerte, terror, hasta que apenas lo podía soportar, no quería buscar refugio rechazándolo como una ilusión, porque era demasiado real y familiar, en especial como ensayo del Ultimo Minuto de la Muerte, la cabeza moviéndose de un lado al otro sobre la manta y finalmente deteniéndose en la última posición de inmovilidad y resignación sin esperanza de Dios sabe qué Destino, para mi ser, sentí el alma completamente perdida extraviada, fuera del contacto con alguna Cosa que parecía estar presente; finalmente tuve la sensación de que podría hacer frente a la Cuestión allí mismo

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en ese momento, y elegir entender y morir, a abandonar mi cuerpo para que lo encontraran por la mañana —supongo que para congoja general— no podía soportar dejar a Peter y a papá tan solos —con miedo de morir sin embargo entonces— y así no aproveché la Oportunidad (si es que había una Oportunidad, tal vez la hubiera en alguna forma) —también como si todo el mundo en la sesión estuviera en contacto radio telepático central con el mismo problema, el Gran Ser en nuestro interior… Volví de vomitar vi a un hombre con las rodillas sobre el pecho, pensé que veía como rayos X su cráneo, comprendí que estaba acurrucado ahí como en una mortaja (una toalla sobre la cara como protección contra los mosquitos), que sufría la misma prueba y escisión… Pensé en gente, vi sus imágenes con  claridad, tú —misterioso, sabes al parecer más que lo que yo ahora sé y ¿por qué no comunicas o no puedes o yo lo he ignorado?.. . Simón como un ángel en su aniquilación de la vanidad y originando nueva vida en sus hijos. “Si llega alguna noticia interplanetaria”, dijo, “yo seré el primero en trasmitirla por los alambres de modo tal que no la estropeen”. Francine su mujer, una especie de Serafín Mujer, todas las mujeres (como todos los hombres) lo mismo, criaturas espectrales puestas aquí misteriosamente para vivir, para ser los Dioses vivientes y sufrir la crucifixión de la Muerte como Cristo, pero que se pierden o mueren en su alma o entran en Contacto y originan nuevo nacimiento para la continuación del Proceso del Ser (aunque ellos mismos mueran, ¿o no?) —y yo perdido y el pobre Peter que depende de mí para algún Cielo que no tengo, perdido— y sigo rechazando las mujeres que acuden a cuidarme —decidí tener hijos de algún modo, una revolución en la Alucinación— pero el sufrimiento era casi cuanto podía soportar y el pensamiento de más sufrimiento todavía más profundo por venir me hizo desesperar … me sentí, me sigo sintiendo, como alma perdida rodeada por ángeles custodios (Ramón, el Maestro, tú, todo el Mundo Corriente de los Mortales)— y mi pobre madre que murió Dios sabe en que estado de sufrimiento, no lo puedo soportar… vomité de nuevo (Ramón se había acercado y me indicó que vomitara fuera de la galería en que me hallaba tirado, si tenía que hacerlo de nuevo, una situación amable muy cuidadosa). Quiero decir, es éste un buen grupo —recuerdo que tú decías cuida de quién es la visión que tienes— pero Dios sabe que no sé a quién dirigirme finalmente cuando espiritualmente las Fichas se hayan terminado y tenga que depender de mi propia memoria de Serpiente de las Alegres Visiones de Blake, o no depender de nada y entrar como nuevo —¿pero entrar dónde? ¿la Muerte?, y en ese momento, todavía vomitando, sintiéndome como un Gran Serafín— sierpe perdido que vomita con conciencia de la Transfiguración que había de venir, con el sentido Radio telepático de un Ser cuya presencia yo no había todavía percibido completamente, demasiado horrible para mí, todavía, para aceptar el hecho de la comunicación total con digamos todo el mundo, un serafín eterno macho y hembra a la vez, y yo un alma perdida en busca de ayuda… muy lentamente la intensidad comenzó a amenguar, yo incapaz de moverme en ninguna dirección espiritualmente, no sabiendo a quien buscar, o qué buscar, sin suficiente confianza en él para preguntar al Maestro —aunque en la visión de la escena era él quien lógicamente era el Espíritu Oficiante local en quien se debía confiar, si en alguien se debía —me acerqué y me senté junto a él (como lo sugirió amablemente Ramón) para ser “soplado”— es decir él entona una canción para curar tu alma y sopla humo hacia ti, una presencia más bien consoladora, aunque para ese entonces el miedo agudo había pasado… cuando eso pasó me levanté y cogí el pedazo de tela que había llevado contra los mosquitos y me fui a casa a la luz de la luna con el gordo Ramón, quien dijo cuanto más uno se satura con ayahuasca más hondo se llega, se visita la luna, se ve a los muertos, a Dios, se ve a los Espíritus de los Árboles, etc.

Casi no me animo a volver, temeroso de alguna locura real, un Universo Cambiado, permanentemente cambiado, aunque creo que tendrá que cambiar para mí algún día, mucho menos como antes fue planeado, ir río arriba seis horas para beber con una tribu india, supongo que iré, entre tanto aguardaré aquí otra semana en Pucallpa y tomaré algunas veces más con el mismo grupo… desearía saber si hay alguien con quien trabajar que sepa, si alguien sabe, quien soy o qué soy. Desearía recibir noticias tuyas. Creo que estaré aquí lo bastante como para que me llegue una carta, escribe.

Allen Ginsberg

Si me voy de aquí antes de dos semanas y llega carta, me será despachada de inmediato a Lima, de modo que sabré de ti allí pero de veras quiero saber de ti Bill, de modo que por favor escribe y aconséjame lo que puedas, si puedes. Yo no sé si me estoy volviendo loco o no y es difícil enfrentar más —aunque supongo que seré capaz de protegerme tratando a esa conciencia como una ilusión temporal y de volver a la conciencia normal temporal cuando el efecto pase (comencé a atisbar el llamado del Vudú haitiano), pero esta alteración casi esquizofrénica de la conciencia es terrible, y  también la sensación de no saber a quién, personalmente, a mi alrededor confiarme. Había tomado disposiciones para llevar algo conmigo a NY pero casi tengo miedo, yo no soy un curandero, yo mismo estoy perdido y tengo miedo de causar a otros, como Peter, una pesadilla que no pueda detener.

No sé cómo te suena todo esto a ti pero tú me conoces bastante bien así que escribe, rápido, por favor.

Todo está OK, supongo, en caso de que todo esto te inquiete innecesariamente, que andaré bien…

Cariños
Allen

P. S. En las últimas horas, esta mañana en una librería donde compré esta pluma escuché el viejo y nostálgico disco de Nelson Eddy “Maytime” que solía tocar en mi niñez y fue como un recuerdo de la Muerte, tan triste, “¿me querrás siempre?”

Atracción extra suplementaria: algunos fragmentos de las notas para Ether que tomé hace dos semanas en Lima, en tono menor.

El sonido que suena en todos los sentidos
de todo cuanto haya sido Creado
todas las combinaciones que se presentan una
y otra vez de nuevo como antes  —
Toda posible Combinación del Ser — todas
las viejas:  —todas las antiguas hindúes.
Los universos plurales-Sabahadabadie
que suenan en Grandilocuente
Juxtaposición Barbada
con todos sus minaretes y torres
iluminadas por la luna
entrelazados con el hierro
o el encaje de porcelana,
todos han existido  —
y los Sabios de
blancos cabellos sentados con las piernas cruzadas en
un diván femenino —
escuchando con atención cualquier música que llegara
del bosque o de la calle,
cualquier pájaro que silbara en la plaza del mercado
cualquier nota que diera el reloj para decir
Tiempo  —
cualquier droga, o aire, que respiraran
para hacerlos pensar tan profundamente
u oír tan simplemente lo que
había pasado
como un coche que pasa por la calle 1960
junto al Palacio Gubernamental
en Perú, aquí en Lima,
en el año que escribo  —
Un Buda como de antes, con las sirenas de
cualquier maquinaria que hace ruido sonando en
la calle.
Y la luz de la calle reflejada en la estación RR
frente fachada ventana en un
puerto roñoso en Backwash
de la olvidada lobreguez
de cualquier fabulosa
Civilización de
la Eternidad;  —
con el reloj de la estación RR sonando la medianoche,
como ahora,
y esperando por el sexto golpe,
para escribir una palabra,
y terminar con el último sonido  —recuerda
estas únicas doce horas sonaron
antes
y nunca más; ambas
y yo regreso del balcón donde estaba
mirando la Cruz (temeroso)
y las estrellas
pensando en el BONG de medianoche
Sabios del Asia o blancas barbas de Persia
garabateando en el margen de los rollos
con tinta delicada
recordando con lágrimas las antiguas campanas de sus
ciudades
y las ciudades que habían sido  — y
Afirman con ojos rientes  —
el mundo es como lo vemos,
masculino y femenino, pasa
como pasa a través de los años,
como lo ha hecho antes y lo hará, quizá
con todas sus perlas innumerables Y todas las malditas narices de la Eternidad
y todos los viejos errores
inclusive
esta vieja conciencia, que se ha visto
a sí misma antes (así el ruido de la langosta
del reloj nocturno de la antigüedad en mi tímpano)
Estoy garabateando
nadas,
página tras página de la más profunda
nada,
como inscribió el Antiguo Hebe, cuando
escribió Adonai o Uno —
todo para entretener o ganar dinero o engañar —

OH CAMPANA DEL TIEMPO,
REPLICA TU MEDIA NOCHE POR BILLONÉSIMA RESONANTE VEZ,
DE NUEVO OIGO!

 

21 de junio de 1960 — Tiempo presente

Querido Allen:

No hay nada que temer. Vaya adelante. Mire. Escuche. Oiga. ¿Tu conciencia ayahuasca es más válida que la “conciencia normal?” ¿La “conciencia normal” de quién? ¿Para qué volver a ella? ¿Por qué te sorprendiste al verme? Estás siguiendo mis pasos. Conozco tu camino. Y sí, conozco la región mejor que tú. Más de una vez traté de decirte de comunicarte lo que sabía. Tú no quisiste o no pudiste escucharme. “No puedes mostrar a nadie lo que él no ha visto”. Brion Gysin* en nombre de Hassan Sabbah. ¿Escuchas ahora? Toma la copia adjunta de esta carta. Corta el papel a lo largo de las líneas. Vuélvela a armar colocando la sección uno junto a la sección tres y la sección dos juntoa la cuatro. Léela entonces en voz alta y oirás Mi Voz. ¿La voz de quién? Escucha. Corta y vuélvela a armar en cualquier combinación. Lee en alta voz. Yo no puedo elegir sino oír. No pienses sobre ello. No teorices. Ensaya. Haz lo mismo con tus poemas. Con cualquier poema cualquier prosa. Ensáyalo. Quieres “Ayuda”. Aquí está. Recoge de allí. Recuerda siempre. “Nada es Verdad. Todo está permitido”. Ultimas palabras de Hassan Sabbah El Viejo De La Montaña.
ESCUCHEN MIS ÚLTIMAS PALABRAS TODOS LOS MUNDOS. ESCUCHEN TODOS USTEDES: JUNTAS, SINDICATOS Y GOBIERNOS DE LA TIERRA. Y USTEDES: PODERES DEL PODER DETRÁS. QUÉ SUCIOS TRATOS CONSUMADOS. EN QUÉ LAVATORIO PARA QUE SE APODEREN DE LO QUE NO ES SUYO. PARA VENDER LA TIERRA DE ABATO DE PIES NO NACIDOS. ESCUCHEN. LO QUE TENGO QUE DECIR ES PARA TODOS LOS HOMBRES EN TODAS PARTES. REPITO PARA TODOS. NADIE ESTÁ EXCLUIDO. GRATIS PARA TODOS LOS QUE PAGAN. GRATIS PARA TODOS LOS QUE NO PAGAN.

¿QUÉ ES LO QUE LES HA GUSTADO A TODOS USTEDES HACIENDO QUE ENTREN EN EL TIEMPO? ¿QUÉ ES LO QUE LES HA ASUSTADO A TODOS HACIENDO QUE ENTREN EN SUS CUERPOS? ¿DENTRO DE LA MIERDA PARA SIEMPRE? ¿QUIEREN PERMANECER ALLÍ PARA SIEMPRE? ENTONCES ESCUCHEN LAS ÚLTIMAS PALABRAS DE HASSAN SABBAH. ESCUCHEN, MIREN O QUÉDENSE EN LA MIERDA PARA SIEMPRE. ¿QUE LES HA ASUSTADO HACIENDO QUE ENTREN EN EL TIEMPO? ¿EN EL CUERPO? ¿EN LA MIERDA? SE LOS DIRÉ. LA PALABRA. LAS PALABRAS DE USTEDES MISMOS. EL PRINCIPIO DE TODOS USTEDES FUE LA PALABRA. LOS ASUSTÓ A TODOS Y LOS HIZO ENTRAR EN LA MIERDA PARA SIEMPRE. SALGAN PARA SIEMPRE. SALGAN DE LA PALABRA TIEMPO PARA SIEMPRE. SALGAN DE LA PALABRA CUERPO PARA SIEMPRE. SALGAN DE LA PALABRA MIERDA PARA SIEMPRE. TODOS FUERA DEL TIEMPO Y EL ESPACIO. PARA SIEMPRE.
NO HAY NADA QUE TEMER. NO HAY NADA EN EL ESPACIO. ESO ES TODO TODO TODO HASSAN SABBAH. NO HAY NINGUNA PALABRA QUE TEMER. NO HAY NINGUNA PALABRA. ESO ES TODO TODO TODO HASSAN SABBAH. EN SUS LUGARES YO ANULO TODAS SUS PALABRAS PARA SIEMPRE. Y LAS PALABRAS DE HASSAN SABBAH YO TAMBIÉN LAS ANULO. SOBRE TODOS SUS CIELOS MIREN LA ESCRITURA SILENCIOSA DE BRION GYSIN HASSAN SABBAH. LA ESCRITURA DEL ESPACIO. LA ESCRITURA DEL SILENCIO.

MIREN MIREN MIREN
AMIGOS MUCHACHOS A TRAVÉS DE TODOS SUS CIELOS VEAN LA ESCRITURA SILENCIOSA DE BRION GYSIN HASSAN SABBAH. LA ESCRITURA DE SILENCIO LA ESCRITURA DE ESPACIO. ESO ES TODO TODO TODO HASSAN SABBAH.
VEAN VEAN VEAN

¿Cuándo piensas volver …? El Método del Recorte está explicado en Minutes to go que ya ha aparecido en los Estados Unidos. Te enviaré un ejemplar, pero ¿dónde? George Whitman dice que busques a su viejo amigo Silvester de Castro en la ciudad de Panamá. Vinculado con la sinfónica municipal y la Universidad. Hasta La Vista Amigo.

Afectos
William Burroughs
por Hassan Sabbah
¡Adelante! Hassan Sabbah

P. S.
NADIE QUE ESTÉ CUERDO PODRÍA CONFIAR EN “EL UNIVERSO”. LLEVADOS POR LA MENTIRA LOS MILLONES ESTABAN BAJO LOS SIGNOS. ¿QUIÉN JAMÁS PAGÓ A UN MONIGOTE UNA BASURA UN MONO UN ANIMAL HUMANO? NADIE EXCEPTO HASSAN SABBAH.

*Brion Gysin: pintor inglés, colaborador y amigo de Burroughs de Tánger, que le sugirió la aplicación de las técnicas pictóricas del siglo xx —el collage— a la obra escrita. Naked Lunch fue compuesto así como un collage de "rutinas". Los folletos Minutes to Go (Two Cities Press, París, 1960) y The Exterminator (Auerhahn Press, San Francisco, 1960) fueron preparados por Gysin, Burroughs, Gregory Corso y otros como una exposición gráfica de una salida inmediata de las trabas fenomenológicas y de lo literario temporal mediante las técnicas del recorte y el collage.

 

[Bonus]

¿Me estoy muriendo, Mister?

Panamá se pegaba a nuestros cuerpos —Probablemente castrado — Cualquier cosa causó ese sueño — Ha agotado los elementos del orgasmo fósil — Di con mi viejo amigo Jones — Tan mal, olvidado, tosiendo como en una película de 1920 — Voces de vaudeville confunden el aliento del amanecer sobre el lecho — Una perigonza idiota dicha al revés — Casi me ahogué aguantando el aliento del muchacho — Eso es Panamá — Carne nitrosa barrida por la voz y fin del receptor — Pájaros devoradores de cerebros patrullan las ondas encefálicas de baja frecuencia — Tarjeta postal que aguarda los ciudadanos olvidados “y todas son con aguamar, Míster — Foto de la ciudad del Panamá — Tarjeta postal muerta de la basura”.

La mano triste que sigue hacia atrás el camino del tiempo — La boleta de empeño genital deshojó la ropa interior rancia — Brevemente el muchacho sobre la pantalla riendo baja del todo mis calzoncillos — Murmullos de calle en Puerto Assis — Telegrama del orgasmo lanzado hacia atrás: “Pantalones de Johnny abajo” — (Aquel olor rancio de la madrugada de verano en el garaje — Las trepadoras, arrolladas entre el acero — Los pies desnudos en los excrementos de perro).

Panamá se pegaba a nuestros cuerpos desde Las Palmas hasta David en dulces aromas alcanforados de paregórico que se cuece — Quemaron la república — El boticario no abre el viernes — Los espejos de Panamá de 1910 sellados en cualquier botica — Arroja la toalla, la luz matinal sobre el café frío…

El drogado seguía fastidiándome: Borracho en St. Louis Este. Ya sabía que volverías pelado — Una vez opiómano siempre una esponja podrida — Yo conocía tu vida — Enfermo por el opio cuatro días allí.

La mesa del desayuno rancia — Sonrisita de gato — El dolor y el olor a muerte de su enfermedad en el cuarto conmigo — Tres instantáneas de recuerdo de la ciudad de Panamá — Vino un viejo amigo y se quedó todo el día — El rostro devorado por el “Quiero más” — He observado esto en el Nuevo Mundo —”¿Viene conmigo, Míster?”

Y Joselito se mudó a Las Playas durante los esenciales — Clavado en este lugar — Lagunas iridiscentes, delta pantanoso, llamaradas de gas — Las burbujas del gas de carbón seguirían diciendo “¡A ver Luckies!” de aquí cien años — Un balcón podrido de teca puesto por Ecuador. El brujo empezó a canturrear un caso especial — Era como dormirse por el éter dentro de los ojos de una cabeza reducida — Atontado, cubierto de capas de algodón — No sé si entendiste mis últimas insinuaciones cuando traté de escapar de este mareo y atontamiento con caracteres chinos — Todo lo que quiero es salir de aquí — Dése prisa, por favor —Se apoderó de mí — ¿Cuántos planes han hecho antes de que una expedición botánica como esta pueda tener lugar? — Ferrocarriles panorámicos — Me estoy muriendo cruz, vino, mareo — Yo repetía una y otra vez: “Las comisiones cambiaron donde el toldo se agita”. Luces ante mis ojos tu voz y el extremo de la línea.

El gemebundo Panamá se pegaba a nuestros cuerpos — fui al Chico’s Bar con una boleta de empeño mohosa, aguardando en una película de 1920 una coca con ron — La carne nitrosa en ese cafetín barrido por tu voz: “Están clavando los clavos de mi ataúd” — Los pájaros devoradores de cerebros patrullan “Tu falso corazón” — Una tarjeta postal muerta que aguardaba un lugar olvidado — La conmoción ligera de la película de 1920 — El adolescente promiscuo había sido sometido a un procesamiento especial de exploración general — El atardecer sobre las carnes desnudas del muchacho
— Estuvo tratando de tocar mientras dormía — “Treta de viejo fotógrafo aguarda a Johnny — Ahí va un cementerio mexicano” — En el murallón conocí un muchacho con una chomba a rayas blancas y rojas — La ciudad del paregórico en el crepúsculo purpúreo — El muchacho agitó su ropa interior buscando la erección — La lluvia tibia sobre el techo de chapas de hierro — Estaba desnudo en la cama bajo el ventilador del techo — Los cuerpos tocaron la película eléctrica, hormiguearon las chispas del contacto — Bocanadas de ventilador del joven empeñado en lavar la chomba del adolescente — Los malditos olores ahogaban las voces y el extremo de la línea — Eso es Panamá — La película triste que se perdía en islas de desperdicio, lagunas negras y pescadores que aguardaban un lugar olvidado — Un cafetín fósil barrido por un ventilador de techo —La treta del viejo fotógrafo los desconectó.

“¿Me estoy muriendo, Míster?”
Luces, frente a mis ojos desnudos y sombríos — Un horrible viento al amanecer durante el sueño — La pudrición de la muerte en la foto de Panamá donde el toldo se agita.

William Burroughs

 

William Burroughs, Lucien Carr y Allen Ginsberg posando

William Burroughs, Lucien Carr y Allen Ginsberg posando

Irwin Allen Ginsberg (Newark, 3 de junio de 1926 -Nueva York, 5 de abril de 1997), William Seward Burroughs (San Luis, Misuri, 5 de febrero de 1914 – Kansas, 2 de agosto de 1997). Dioses. Integrantes de la Generación Beat; el más grande y alucinante movimiento artístico de los últimos 60 años. Creadores de libros como Howl (Allen Ginsberg) y El Almuerzo Desnudo (William Burroughs). Nacieron y se unieron para mostrarle al mundo que la vida es la vida y la felicidad la felicidad y la muerte y las cucarachas y las piedras y la poesía y los tratados de física unas cosas que pueden mutar y ser felices con(sin) ellas mismas. Crearon la resurrección y la muerte. Crearon los próximos 100 años. Pueden ver imágenes de toda la generación beat aquí.

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