5 poemas de Jorge Pimentel

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Jorge Pimentel es uno de los poetas peruanos más importantes de la segunda mitad del siglo XX y uno de los fundadores del Movimiento Hora Zero, grupo de escritores que tuvo personajes como Enrique Verástegui, Tulio Mora, Eloy Jauregui, Juan Ramirez Ruiz, Ángel Garrido, Carmen Ollé, entre Otros.

Uno de sus libros más reconocidos es Ave Soul, del cual diría el escritor chileno Roberto Bolaño “En Ave Soul el camino a través de lo desconocido estaba allí, listo para ser leído por quien quisiera leerlo. Los poemas eran de una sencillez y de una energía desarmantes. Como si Pimentel hubiera descubierto una forma de escribir poesía que surgía directamente del Romancero, pero en donde era apreciable también una lectura a fondo de la vanguardia y de los grandes poetas de nuestra lengua, empezando por Darío y Martí, Huidobro, Neruda, Borges, Martín Adán (a quien supongo que Pimentel no aprecia) y sobre todo Vallejo“. Compartimos algunos poemas de este y otros libros.

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Tulio Mora, Eloy Jáuregui, Sebastián Pimentel y Jorge Pimentel, Miraflores, Lima, 1977.

Tulio Mora, Eloy Jáuregui, Sebastián Pimentel y Jorge Pimentel, Miraflores, Lima, 1977.

Balada para un Caballo

Por estas calles camino yo y todos los que humanamente caminan
por esencia me siento un completo animal, un caballo salvaje
que trota por la ciudad alocadamente sudoroso que va pensando
muy triste en ti muy dulce en ti, mis cascos dan contra
el cemento de las calles. Troto y todo el mundo trata
de cercarme, me lanzan piedras y me lanzan sogas
por el cuello, sogas por las patas, me tienden toda clase
de trampas, en un laberinto endemoniado donde los hombres
arman expediciones para darme caza armados de perros policías
y con linternas, y cuando esto sucede mis venas se hinchan
y parto a la carrera a una velocidad jamás igualada
por los hombres, vuelo en el viento y vuelo en el polvo.
Visiones maravillosas aparecen ante mis ojos. Y vuelo
y vuelo. Mis extremidades delanteras ejercen presión
sobre las traseras y paralelamente y a un mismo ritmo
antes de asentase en el polvo retumban en la tierra.
Relincho. Y mi cuerpo va tomando una hermosísima elasticidad
me crecen pelos en el pecho y es un pasto rumoroso
el que se ondea y es una música y es un torbellino
de presiones que avanzan y retroceden en mi vuelo. Atrás
van quedando millares de kilómetros y sigo libre. Libre
en estos bosques dormidos que despierto con el sonido
de mis cascos. Piso la mala hierba y riego mis orines
calientes, hirviendo en una como especie de arenilla.
Descanso a mis anchas, bebo el agua de los ríos, muerdo hierba
tallos, rumio. Mis mandíbulas se ejercitan. Muevo mi larga cola
espantando a los mosquitos. Los guardacaballos vigilan
desde la copa de los árboles. Caen las hojas secas.
Los días se suceden y suelo dar suaves galopes hacia la vida.
En invierno los senderos se hacen tortuosos; el fango todo lo invade.
Para el frío utilizo cabañas abandonadas, cuevas en los cerros
que me resguarden de las tormentas. Yo observo la lluvia
desde mi cueva. Cae la lluvia y todo lo moja. Con este tiempo
suelo galopar poco cuidándome de un desgarramiento.
Muchas veces me siento solo y llego hasta los helechos
de los ríos para pensar muy dulce en ti muy triste en ti
y voy galopando bordeando el río añorando alguna yegua
que llegó a correr en pareja conmigo. A veces los niños
que vagan sueltos por las campiñas mientras sus padres
realizan tareas de recolección o labranza me montan a pelo
y solemos recorrer ciertas distancias, ganando los años,
aumentándolos. De ellos sí recibo algún trozo de azúcar.
En el verano el sol se pone rojo y se hace presente con su alegría
y los habitantes de los bosques y campos suelen saludarme
con el sombrero y con la mano. Yo les contesto con un relincho
parándome en dos patas. Y con la luz solar que todo lo invade
suelo dar galopes hacia la vida. Allí
donde mi presencia es esperada me hago realidad.
Allí donde ni un sueño se revela me hago realidad
me hago realidad en esos ojos que están cansados
de ver las mismas cosas. Y es en verano cuando la vida
se enciende y mis cascos recogen la hermosura de la tarde
y asciendo a las cumbres donde diviso extensiones
de mar de cielo de tierra.
Mi figura domina la naturaleza.
Cruza por el cielo un escuadrón de tórtolas.
Cae la noche.
Mi sombra se recobra.
Las ramas crujen.
Y por un instante pensé muy triste en ti muy dulce en ti.
Cae la noche en estos bosques, pareciera que la tierra
se difunde con la noche se propaga se manifiesta.
Y toda la noche he ido creciendo. Y crecía y crecía
aún más aún más ¿hasta dónde crecerás?
¿No tienes miedo? No, contesté. Soy libre.
El día, el nuevo día como algo fresco se anuncia solo.
Por esta época del año suelen cruzar manadas
de caballos ahuyentados y en busca de nuevos campos.
Recuerdo que logré darles alcance y me contaron
que lograron salvarse de una cacería emprendida
contra ellos para mandarlos a vivir a un potrero
y que luego de ser sometidos al cubo de agua
y a la alfalfa son obligados en los hipódromos
a correr distancias de 1,000, 2,500, 5,000 mts.
y no eres libre de correr sino que te dopan te colocan
descargas eléctricas, te manosean, te latigan
con una fusta despellejándote. Y así durante
un buen tiempo mientras ves acumuladas alforjas
de oro y plata. Hasta que llegue el momento de ser
sometido a la reproducción arrinconándote a una yegua
a la vista y paciencia de todos, sin intimidad
en una mañana de tinieblas y poca luz y luego
te separarán de tu yegua y potranco y pasarás
tus años inmisericorde como padrillo viejo y cuando
manques te dispararán un balazo en la sien. Ya
había galopado un buen trecho con la manada
que huía despavorida y me dijeron que probablemente
para el invierno pasarían por aquí para ir más
al norte. Y se alejaron a la carrera. Yo sabía
lo que le sucede a un caballo en la ciudad. Y
por ello me mantengo alejado de ella. Pero a veces
me interno y sucede lo que tiene que suceder. Pero si yo
me rebelo y persisto y amo terriblemente mis posibilidades
de realizarme en un medio donde la civilización se mata
y permanecen odios, prefiero ser caballo. Mojaré
la tierra con mis orines calientes hirviendo con estas ganas
inmensas de vivir y me uniré a las manadas para galopar
hacia la vida, para mantenernos unidos y vencer,
para no estar solos, para volvernos verdes-azules-amarillos
anaranjados-rojos y trotar hacia el nuevo aire fresco
y el campo sin límites.
Seré libre así y al menos mis guardacaballos cuidarán de mí
y de mi yegua
y de mi potranco.

(de Ave Soul)

Rimbaud en Polvos Azules

Rimbaud apareció en Lima un 18 de julio de mil novecientos setenta y dos.
Venía calle abajo con un sobretodo negro y un par de botines marrones.
Se le vio por la Colmena repartiendo volantes de apoyo a la huelga
de los maestros y en una penosa marcha de los obreros trabajadores
de calzado El Diamante y Moraveco S. A., reapareciendo en la plazuela
San Francisco dándole de comer a las palomas y en un cafetín donde rociaba
migajas de pan en un café con leche mientras entre atónito y estupefacto
releía un diario de la tarde. Las personas que lo vieron aseguran que denotaba
cansancio y que fumaba como un condenado cigarrillo tras cigarrillo.

Pálido como una hermelinda, de contextura delgada, entre las manos portaba
un libro de tapa gruesa. Luego hizo un ademán con la mano pidiendo la cuenta.
Pagó 13 soles y 50 ctvos. y luego partió y una muchacha al reconocerlo le tendió
la mano y le ofreció posada y su cuerpo a lo que él respondió invadiéndola
de luces anaranjadas. Llovía. Y las pocas personas que en esos momentos
contemplaban la escena -serían unas 15, de 20 no pasan- reunidos bajo el toldo
de la chingana armaron un tremendo barullo llamándolo Arturo, Arturo Rimbaud.

Y sus pasos fueron lentos mientras enrumbaba por el Jr. Leticia y la calle Caquetá
en el Rímac. Casi todos los que se encontraban reunidos coincidían en afirmar
que su aparición podría traer funestas consecuencias al sistema y al orden
establecido y que mejor era dar parte a la policía. Y la descripción que de él
dio un político coincidía con las que se dan para atrapar a un maleante.

La del empleado del Ministerio de Educación fue que en su abundante cabellera
pendía un turbante turco y una argolla de bronce aparecía en una de sus orejas.
A lo que un joven estudiante de San Marcos prorrumpió amenazadoramente aseverando
que todos ellos estaban alienados y que más bien había que cumplir
al pie de la letra la aseveración de Juan Nicolás Arturo Rimbaud “Hay que cambiar
la vida” para lo cual había que destruir todo un sistema inhumano injusto y atroz.

¡Linda manera de hacerse oír! terció la voz de un anciano, y un muchacho
de secundaria dijo ¡Buena, tío! y la muchacha que fue invadida de luces
anaranjadas extrajo un lápiz de labios de su cartera corriendo hasta llegar
a un muro donde inscribió esta significativa palabra
FIN

Madrid, 1973

(en Ave Soul)

Muerte Ignorada

Qué clase de vida es esta
ulterior, posterior, media,
cuarta vida, enésima, vigésima,
infinitesimal, variada, altisonante,
borrosa, punitiva, tripoidal, prismática,
antológica, cromoidal, de primer turno,
de ínfima posibilidad, borrosa, constante, sonante,
milimétrica, para todo uso, cítrica,
con espejos, a sueldo, demencial,
barata, negativa, venga de donde venga,
vuelva otro día, lo siento, queda usted despedido,
agarre sus cosas y lárguese, parta de una vez
antes de que sea demasiado tarde,
gerencial, por poder, a cachetadas, direccional,
de poder a poder, de uso ocasional, correctiva, mística,
comprobada, rítmica, lóbrega, de espasmos violentos,
a la cuenta de, desesperada, de peso, con características
propias, de asesinato, de levitación, exagerando la nota
y caída con consecuencias mortales,
ajuste de cuentas, torrencial,
inalámbrica, de la boca para afuera
del estómago para adentro,
sin salida, a rayas, mantecosa,
con fe ciega, creyente al máximo,
de desfogue bilateral, de compromiso,
de suprema audiencia, silenciosa,
roja, azul , verde, honesta, pendenciera,
quijotesca, marsupial, venenosa, agreste,
bilingüe, aterrada, más te vale decir la verdad,
eléctrica, con comba y cachiporra, puro balazo,
a puñete y patada, a piconazo limpio,
servil, mediante decreto supremo, negra,
amarilla, con concha, brillante, intelectual,
cimbreante, quién da más de 3, de 20 años,
de 5, de 6, escupida, de susto, de una errada
versión de la inmaculada concepción,
de caridad nuestra en el nombre del padre,
del hijo, de rigor, con proyecciones ad infinitum,
de prédica ostentosa, predicha, fusiforme, chata,
pastiche, solapada, voluble, entrenada,
con todas las de la ley, aguerrida,
de espíritu noble, es suyo el puesto,
otrosí digo, de honda preocupación,
más vale decir la verdad,
más le cuesta, es excesivo el pago,
no es asunto mío, que mueve lo que no tiene
que vive lo que tampoco quiere, que tiene
que vivir lo que no USA,
que tiene que utilizar lo que no sabe, que miente,
que es arrogante y que sin embargo
el gusano ese quiso utilizarme, para después él,
de comprobante de pago, para uso exclusivo
con signos con visos con estadísticas, excesiva,
con molde, de amplios pergaminos,
de grandes caracteres, de excelsas virtudes,
con dólar, condolidamente con dolor,
sin condolerme con billetes grandes,
no condoliéndome con sencillo,
abigarrada, uniforme, multiforme,
de recibos, de abusivos, de impunidad,
me jodo, me jodes, me jodí,
razonada, volcánica, idílica,
constreñida, más claro no canta un gallo,
de pescuezo corto, de anchas caderas,
perseguida, granate, que pase el rey,
y que no ha de quedar, abre el cofre
y verás los contratos con las transnacionales,
de FMI, de imperialismo, desapropiada,
con canas, rabiosa, bondadosa
y en esta esquina, con barro, tutti fruti,
de archivo, más que mal, choza, barriada, insalubre,
a guantazo, de una vez por todas, equinoccial,
de acoso, de atosigamiento, sumergida,
tétrica, infernal, desproporcionadamente sí,
exageradamente no, sin posibilidad
aparente, visible, a plazos, enrevesada,
en desuso, misteriosa,
de hoyo hondo, sin mente,
fisiatura,
tuberada,
inflación,
mancomunada traición,
ajuste de cuentas,
tugurización,
esquematismo,
acomete la incomprendida,
aniquilamiento y devastación
poblacional, sin derechos,
masacres y amargura,
y precipicio y última fase,
facción de tiempo, pujanza,
interioridad, fracaso imborrable,
tenue, hosca, rota, injusta,
de quebrado beso, mierda
y hartazgo y miseria,
de vómito, de otra oferta,
1, 2, 10, treinta mil 200,  18,400
11’230,840,  20’187, mentada, chicle,
vitrola, puta, puerta, muere, occiso,
serpiente,
carajo, aquí estoy con la muerte, contesten.

(de Tromba de Agosto)

Chilla por Juan Gonzalo Rose

Usted se equivocó, los labios alargan sombras,
las sombras mueven túneles, y los túneles
ahogan, no dan reposo, atormentan, piden ron.
Revientas en la penumbra y ahora sí nadie se mueva.
No hay sitios mejores, sólo éstos.
Cruces que gritan más dolor y horas consumadas.
Otras esquinas hablarán mañana.
Pero hoy quedará en el poema sin dientes, amarillo.
Y le doy el Vistobueno de la caída.
Le doy sólo trocitos de su hacer endiablado.
Revientas en la penumbra y ahora sí nadie se mueva.
Pero hubo hora y media de trenes.
La fugaz víspera donde se destruyó.
Y bombardearon a discreción esas habladurías,
mañaneros polacos en el argot chinesco,
abrevedando pasteurinas y conejitos,
abrevedando almuerzos y esa jaqueca imbécil de la tarde,
cholos pal caldo, mostaceros, arrunáteguis y apesteguías
y la habitación en los 10 meses sin cancelar
y los hipos, el mal humor y la colcha ensangrentada
los hijos de puta, carajo, faltó alegría
hasta con la fornicación y ahitá, 5 chinas, 6 zambas
y 4 trenes dejándote callao en 5 rayas.
Maricones, quiero verte, perdición, mejor no digo nada,
y cielos rojos y vísperas de pisco y jazmín.
Ahora quiero verte, 3 sapos, 3 patos, psicoanalistas
de pus, lapiceros babeados, cultura, oración, Che Guevara
y palomillas multiplicados, al hombro jadeantes y masticados.
Y yo lo lloro, Juan Gonzalo, repuchos trágicos y flagrantes
delitos cocidos, un tanto hazañas, salpicón de máscaras
y ritmos, cartílagos, conejitos y niños, niños sin camisa,
sin zapato, arrebatos, no sé qué cosa, una peña,
un millón, mucha soledad, mucho humor, al costado, aquí junto,
y 3 patos, 4 cuadras, 5 cuadras, aquí juntito, también humor,
tampoco cariño, también amor, está bien, tiene que seguir,
para adelante es la cosa, esa playa de estacionamiento,
gordito pelao para meterle cabeza frente al Superba,
y las cruces que gritan más dolor, más sufrimiento,
(el ron se pone a 8 mil, la cerveza a 3,500)
las deshabitaciones y este largo berrinche, y no es su culpa.
Las 3 de la mañana.
Las 5 de la tarde.
Las 6 del desprecio.
Las disyuntivas de ojos.
Y microcosmos, miradores, desposeídos, huraños,
solitarios, vagabundos, pobres, tísicos, muertos, asesinados
Perú gritan sus pulmones y sus branquias amor.
Las 34 y media.
Las 89 y media.
Y 3 zambas, 3 chinas, 4 trencitos.
Talán, talán, talán, la misa, los maletines culpables,
la defensa de la sierra, de los cerros poblados,
y zambas, más zambas, más encierros, más balas, más sogas,
y usted ya no ya, usted ya no
cara a la muerte, pero antes al hospital y después
el desafío al lento carromato fúnebre que lo espera.
Que para qué estoy aquí y no los cuervos.
Que para qué, para soñarlo y no los cuervos.
Estoy aquí para besarlo, y nadie se mueva.
La noche tragó después el alma.
Pero ese ya es otro poema.

(de Tromba de Agosto)

Confesión de mirlo

nubes que son síntomas
de huir
relojes detenidos
absorbiendo la carne
relojes absorbiendo la carne
gangrenando la luz
aposentando tibiezas granuladas
insufladas en el desaire más denso
en el ardor cómplice
de huir
de alejarse

nubes que son síntomas del verso
de la verdad disuelta
en la vereda ineficaz
trastocada
acosada por esa quietud que disimula el año

el año en que te conocí
la fecha en que te conocí

en una calle de Lima
en un teléfono de Lima
en un domicilio de Lima
en un absurdo de Lima
en un corredor de Lima
en el terremoto de Lima
en el ansia
en el transito
en el desconcierto
soñando
escuchando latiendo gimiendo gritando jadeando
solo en Lima
en Lima sudoroso
en Lima

nubes que son síntomas de huir
y nunca llueve
y el verso es el sol

(de En el hocico de la niebla)

Arturo Corcuera, Galvarino Plaza, Antonio Cillóniz y Jorge Pimentel, sobre la tumba de Carlos Oquendo de Amat, Navacerrada España en 1973

Arturo Corcuera, Galvarino Plaza, Antonio Cillóniz y Jorge Pimentel, sobre la tumba de Carlos Oquendo de Amat, Navacerrada España en 1973

Jorge Pimentel Vásquez (Lima, 11 de diciembre de 1944 – ), Poeta y fundador de uno los grupos literarios más reconocidos de Latinoamérica: el movimiento Hora Zero (integrado por Enrique Verástegui, Juan Ramirez Ruiz, Tulio Mora, Carmen Ollé, entre otros).  Ha publicado Kenacort y Valium 10, Ave Soul, Tromba de Agosto, Palomino, entre otros.

Es muy conocida la relación entre Jorge Pimentel-Hora Zero junto con los Infrarrealistas (otro movimeçiento poético latinoamericano surgido en los 70’s, integrado por Roberto Bolaño, Mario Santiago, etc.). Se dice que uno de los poemas más conocidos de Roberto Bolaño: Los Perros Románticos, está dedicado a Hora Zero, pues así era como Bolaño llamaba a sus integrantes.

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