‘Howl’ de Allen Ginsberg, el poema de una Generación

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En 1956, el joven poeta Allen Ginsberg publicó un libro que ocasionaría más de una polémica, llegando incluso hasta un juicio por declararlo obsceno. Este libro se llamaba Howl and Other poems (Aullido y otros poemas).

Este libro, que empieza con un poema del mismo nombre: Aullido, muestra a todo un grupo de muchachos que serían conocidos como La Generación Beat: sobreviviendo, escribiendo, viajando y pasando innumerables aventuras. Este poema es el emblema de esa generación, un poema extenso que mostró la realidad de muchos estadounidenses (y personas en general ) en un país que se recuperaba de las guerras y que no quería saber nada de nada.

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Allen Ginsberg, Gregory Corso y Barney Rosset en Washington Square Park.

Allen Ginsberg, Gregory Corso y Barney Rosset en Washington Square Park.

Howl (Aullido)

Por Carl Solomon

I

He visto los mejores cerebros de mi generación destruidos por la
locura, famélicos, histéricos, desnudos,
arrastrándose de madrugada por las calles de los negros en busca de
un colérico picotazo,
pasotas de cabeza de ángel consumiéndose por la primigenia conexión
celestial con la estrellada dinamo de la maquinaria de la
noche,
que, encarnación de la pobreza envuelta en harapos, drogados y con
vacías miradas, velaban fumando en la sobrenatural
oscuridad de los pisos de agua fría flotando sobre las
crestas de la ciudad en contemplación del jazz,
que desnudaron sus cerebros ante el Cielo bajo el El y vieron
tambalearse iluminados ángeles mahometanos sobre los
tejados de las casas de alquiler,
que atravesaron las universidades con radiantes ojos tranquilos,
alucinando Arkansas y tragedias de luz-Blake entre los
escolásticos de la guerra,
que fueron expulsados de las academias por dementes & por publicar
odas obscenas sobre las ventanas de la calavera.
que se acurrucaban amedrentados en ropa interior en habitaciones sin
afeitar, quemando su dinero en papeleras y escuchando el
sonido del Terror a través de la pared,
que fueron aferrados por sus barbas púbicas al regresar por Laredo
a Nueva York con un cinturón de marihuana,
que devoraron fuego en hoteluchos o bebieron trementina en Paradise
Alley, muerte, o hacían sufrir a sus torsos los tormentos
del purgatorio noche tras noche por medio de sueños,
drogas, pesadillas de la consciencia, alcohol y verga y
juergas continuas,
incomparables callejones sin salida de trémula nube y relámpago en
la mente abalanzándose hacia los polos de Canadá &
Paterson, iluminando todo el inmóvil mundo del
intertiempo,
solideces de salones en Peyote, albas de cementerio de árbol verde en
el patio de detrás, borrachera de vino sobre los tejados,
barrios de escaparates de locuras automovilísticas en
marihuana parpadeo de neón luz de tráfico, vibraciones de
sol y luna y árbol en los rugientes atardeceres de invierno
en Brooklyn, desvarios de lata de basura y bondadosa
soberana luz de la mente,
que se encadenaron a los ferrocarriles subterráneos para el interminable
trayecto entre Battery y el sagrado Bronx colgados
en benzedrina hasta que el ruido de ruedas y niños les
hacía caer temblorosos, con la boca como un erial y
bataneados, yermos mentalmente, despojados de toda
brillantez bajo la lúgubre luz de zoológico,
que se sumergían la noche entera en la submarina luz de Bickford’s,
salían flotando y desgranaban la tarde de cerveza rancia
en el desolado Fugazzi’s, escuchando el estallido del
apocalipsis en el jukebox de hidrógeno,
que hablaban sin interrupción durante setenta horas del parque al
apartamento al bar a Bellevue al museo al Puente de
Brooklyn,
un perdido batallón de conversadores platónicos saltando las barandillas
terminales de las escaleras contra incendios, desde
las ventanas, desde el Empire State, desde la Luna,
desbarrando gritando vomitando susurrando hechos y recuerdos y
anécdotas y excitaciones oculares y conmociones de
hospitales y cárceles y guerras,
intelectos enteros vomitados en deposición integral durante siete días
con sus noches con ojos brillantes, carnaza para la
sinagoga arrojada sobre el pavimento,
que se desvanecieron en la nada de la Nueva Jersey Zen dejando un
rastro de ambiguas postales dibujadas del Ayuntamiento
de Atlantic City,
sufriendo sudores orientales y crujidos de hueso tangerinos y migrañas
de la China bajo el síndrome de abstinencia en la
escuálida habitación amueblada de Newark,
que vagaban sin tino a media noche en el cercado de los ferrocarriles
preguntándose dónde ir, y partían, sin dejar atrás corazones
destrozados,
que encendían cigarrillos en furgones furgones furgones que traqueteaban
a través de la nieve hacia solitarias granjas en la
abuela noche,
que estudiaban a Plotino Poe S. Juan de la Cruz telepatía y la kabala
bop porque el cosmos vibraba instintivamente a sus pies
en Kansas,
que se lo hacían de solitarios por las calles de Idaho en busca de
ángeles indios visionarios que fueran ángeles indios
visionarios,
que pensaron que tan sólo estaban locos cuando Baltimore refulgió
en sobrenatural éxtasis,
que entraban a saco en limusinas con el Chino de Oklahoma
impulsados por la lluvia de invierno de farola de medianoche
de pueblo,
que vagaban perezosos hambrientos y solos a través de Houston en
busca de jazz o de sexo o de sopa, y siguieron al
deslumbrante Español para conversar acerca de América y
la Eternidad, desesperanzadora tarea, y así embarcaron
rumbo a Africa,
que desaparecieron en los volcanes de Méjico dejando tras de
ellos tan sólo la sombra de sus vaqueros y la lava y la
ceniza de la poesía esparcida en la chimenea que es
Chicago,
que reaparecieron en la Costa Oeste investigando al F.B.I. con
barba y en pantalones cortos con grandes ojos pacifistas
eróticos con su piel morena distribuyendo incomprensibles
panfletos,
que se quemaban los brazos con cigarrillos en protesta por la
narcótica neblina de tabaco del capitalismo,
que distribuían panfletos Supercomunistas en la Plaza de la Unión
sollozando y desnudándose mientras las sirenas de Los
Alamos les perseguían con sus aullidos, y aullaban por
la calle Wall, y el ferry de Staten Island aullaba tambien,
que se derrumbaban sollozando en blancos gimnasios desnudos y
trémulos ante la maquinaria de otros esqueletos,
que mordían a los detectives en el cuello y chillaban con deleite
en coches de la policía por no haber cometido más crimen
que su espontánea y salvaje pederastia e intoxicación,
que aullaban de hinojos en el metro y se veían arrastrados de los
tejados enarbolando genitales y manuscritos,
que permitían que los virtuosos motoristas les dieran por culo, y
gritaban de gozo,
que mamaban y fueron mamados por esos serafines humanos,
los marineros, caricias de amor Atlántico y Caribeño,
que follaban por la mañana por las tardes en las rosaledas y el césped
de los parques públicos y los cementerios dispersando
su semen libremente a quien quisiera viniera quien viniera,
que hipaban interminablemente intentando forzar una risita pero
acabaron sollozando tras una partición de unos Baños
Turcos cuando el rubio desnudo ángel apareció para
atravesarles con una espada,
que perdieron sus efebos a manos de las tres viejas arpías del
destino la arpía tuerta del dólar heterosexual, la arpía
tuerta que guiña el ojo desde el interior del útero
y la arpía tuerta que se limita a sentarse sobre su culo
y cortar las áureas hebras intelectuales del telar del
artesano,
que copulaban extáticos e insaciados con una botella de cerveza un
amante un paquete de cigarrillos una vela y caían de la
cama y continuaban por el suelo pasillo adelante y
terminaban desmayándose contra la pared con una visión
del coño supremo y la eyaculación eludiendo el último
hálito de la consciencia
que endulzaron los coños de un millón de muchachas que se.
estremecían en el crepúsculo, y al alba se encontraban con
los ojos enrojecidos, pero dispuestos a endulzarle el coño
a la aurora, exhibiendo relámpagos de culo bajo los
graneros y desnudos en el lago,
que salían de putas por Colorado en miríadas de coches robados para
una noche, N.C., héroe secreto de estos poemas, follador
y Adonis de Denver — regocijémonos en el recuerdo de
sus innumerables jodiendas de muchachas en solares vacíos &
en patios traseros de restaurantes, en rechinantes filas de
cines, en las cimas de las montañas en cuevas o con enjutas
camareras en familiares alzamientos de solitarias enaguas
a un lado de la carretera & especialmente de sus secretos
solipsismos en los servicios de las gasolineras, & también
en las callejuelas de la ciudad natal,
que se desvanecían en vastas y sórdidas películas, eran desplazados en
sueños, despertaban en un súbito Manhattan, y salían a
duras penas de los sótanos con resaca de despiadado Tokay
y horrores de sueños de hierro de la Tercera Avenida &
iban tambaleándose hacia las oficinas de desempleo,
que caminaban toda la noche con los zapatos llenos de sangre sobre
los muelles convertidos en bancos de nieve esperando que
una puerta en el East River se abriera a una habitación
llena de vaporoso calor y opio,
que crearon grandes dramas suicidas sobre los farallones de apartamentos
del Hudson bajo el foco azul de tiempo de guerra
de la luna & serán ceñidas sus cabezas con laurel en el
olvido,
que comieron el estofado de cordero de la imaginación o digirieron
el cangrejo en el cenagoso lecho de los ríos del Bowery,
que lloraban ante el encanto de las calles con sus carritos llenos de
cebollas y mala música,
que se sentaban sobre cajas inspirando la oscuridad bajo el puente, y
se levantaban para construir clavicordios en sus
áticos,
que tosían en el sexto piso de Harlem coronados de llamas bajo el
cielo tubercular rodeados de cajas de naranjas llenas de
teología,
que garrapateaban todas las noches balanceándose y rodando sobre
elevados encantamientos que en la amarilla mañana eran
estrofas de desatinos,
que cocinaban animales podridos pulmón corazón patas rabo borsht
& tortillas soñando con el puro reino vegetal,
que se arrojaban de cabeza bajo camiones de carne en busca de un
huevo,
que tiraron sus relojes desde el tejado para emitir su voto por una
Eternidad fuera del Tiempo, & cayeron despertadores
sobre sus cabezas día tras día durante toda una década,
que se cortaron sin éxito las muñecas tres veces consecutivas
abandonaron y se vieron obligados a abrir tiendas de
antigüedades donde pensaron que se estaban volviendo
viejos y se echaron a llorar,
que fueron quemados vivos en sus inocentes trajes de franela en
Madison Avenue entre salvas de plúmbeos versos & el
enlatado estruendo de los férreos regimientos de la moda
& los chillidos de los maricas de la publicidad & el gas
mostaza de siniestros editores inteligentes, o fueron atropellados
por los ebrios taxis de la Realidad Absoluta,
que saltaron desde el Puente de Brooklyn esto sucedió de hecho y se
alejaron caminando desconocidos y olvidados penetrando
en el aturdimiento fantasmal de las callejuelas de sopa &
coches de bomberos del Barrio Chino, ni siquiera una
cerveza gratis,
que cantaban desesperados desde sus ventanas, se caían por la
ventanilla del metro, se arrojaban al mugriento Passaic,
se abalanzaban sobre los negros, lloraban por toda la
calle, bailaban sobre vasos de vino rotos con los pies
descalzos estrellaban discos de nostálgico jazz europeo
alemán de los años 30 acababan el whisky y vomitaban
gimiendo en el ensangrentado vater, con gemidos y el
estruendo de colosales silbatos de vapor en los oídos,
que se lanzaban a tumba abierta por las autopistas del pasado
viajando a los puestos de observación, Gólgota de soledad
carcelaria de coches preparados de cada uno de ellos o
encarnación de jazz de Birmingham,
que conducían campo a través durante setenta y dos horas para
averiguar si yo había tenido una visión o tú habías tenido
una visión para conocer la Eternidad,
que viajaban a Denver, que morían en Denver, que regresaron a
Denver & esperaron en vano, que velaron a Denver &
cavilaron & se asolaron en Denver y finalmente lo
abandonaron para averiguar el Tiempo, & ahora Denver
siente añoranza por sus héroes,
que se postraban de hinojos en desesperanzadas catedrales rezando
por su mutua salvación y por la luz y los pechos, hasta
que el alma iluminó su cabello durante un segundo,
que se estrellaron a través de sus mentes en la cárcel esperando a
imposibles criminales de áureas cabezas y el encanto de la
realidad en sus corazones que cantaran dulces blues a
Alcatraz,
que se retiraron a México para cultivar un hábito, o a Rocky Mount
al tierno Buda, o a Tánger en busca de muchachos o a la
Southern Pacific a por la negra locomotora o a Harvard
en busca de Narciso a Woodlawn a la guirnalda de
margaritas o la tumba,
que exigieron juicios de cordura acusando a la radio de hipnotismo
& se quedaron colgados con su locura & y sus manos &
un jurado indeciso,
que arrojaban ensalada de patatas a los conferenciantes de la CCNY
sobre el Dadaísmo y subsiguientemente se presentaban
sobre los escalones de granito del manicomio con las
cabezas afeitadas y un arlequinesco discurso sobre el
suicidio, exigiendo una lobotomía al instante,
y recibieron a cambio el concreto vacío de la insulina el metrasol la
electricidad la hidroterapia la psicoterapia, la terapia
ocupacional pingpong amnesia,
que en desolada protesta se limitaron a volcar una única simbólica
mesa de pingpong, descansando brevemente en la catatonia,
regresando años más tarde calvos de verdad a excepción de una peluca
de sangre, y lágrimas y dedos, a la visible condenación del
demente de los pabellones de las ciudades de locos del Este,
los fétidos salones de Pilgrim State, Rockland y Greystone, disputando
con los ecos del alma, balanceándose y rodando en los
bancos de soledad de medianoche reinos-dolmen del amor,
el sueño de la vida una pesadilla, los cuerpos convertidos
en piedra pesada como la luna,
(****** al fin la madre) y arrojado el último libro fantástico por la
ventana del piso de alquiler y cerrada la última puerta a
las 4 a.m. y estrellado el último teléfono contra la pared
a modo de respuesta y despojada la última habitación
amueblada hasta de la última partícula de mobiliario
mental, un papel amarillo se erguía retorcido sobre un
colgador de alambre en el armario, e incluso eso imaginario,
tan sólo una esperanzada pizca de alucinación
ah, Carl, no estaré a salvo mientras no estés a salvo, y ahora estás
realmente sumergido en la absoluta sopa animal del
tiempo —
y quién por lo tanto corrió a través de las heladas calles obsesionado
por una súbita inspiración acerca de la alquimia de la
utilización de la elipse el catálogo, la medida & el plano
vibratorio,
quién soñó y realizó vacíos encarnados en el Tiempo & el Espacio a
través de imágenes yuxtapuestas, y atrapó al arcángel del
alma entre 2 imágenes visuales y unió los verbos elementales
y puso al nombre y pincelada de la consciencia a
brincar juntos con sensación de Pater Omnipotens Aeterna
Deus
para recrear la sintaxis y la métrica de la pobre prosa humana y
quedar ante ti mudo e inteligente y tembloroso de
vergüenza, rechazado y no obstante confesando el alma
para conformarse al ritmo del pensamiento en su desnuda
e inconmensurable cabeza,
el loco vagabundo y el ángel laten en el Tiempo, desconocidos y no
obstante registrando aquí lo que podría quedar por decir
en el tiempo después de la muerte,
y se alzó reencarnado en las fantasmales vestiduras del jazz en la áurea
sombra de las trompas de la banda y sopló el sufrimiento
por amor del desnudo cerebro de América convirtiéndolo
en un grito de saxofón eli eli lamma lamma sabacthani
que hizo estremecerse a las ciudades hasta la última radio
con el corazón absoluto del poema de la vida sanguinariamente
desgarrado de su propio cuerpo, comestible durante mil
años.

II

¿Qué esfinge de cemento y aluminio reventó sus cráneos y devoró sus
cerebros y su imaginación?
¡Moloch! ¡Soledad! ¡Inmundicia! ¡Fealdad! ¡Latas de basura e inalcanzables
dólares! ¡Niños chillando bajo las escaleras!
¡Muchachos sollozando en los ejércitos! ¡Ancianos llorando
quedamente en los parques!
¡Moloch! ¡Moloch! ¡Pesadilla de Moloch! ¡Moloch el sin amor!
¡Moloch mental! ¡Moloch el inmisericorde juez de los
hombres!
¡Moloch prisión incomprensible! ¡Moloch cárcel desalmada de tibias
cruzadas y Congreso de aflicciones! ¡Moloch cuyos edificios
son veredictos! ¡Moloch la vasta piedra de la guerra!
¡Moloch los anonadados gobiernos!
¡Moloch cuya mente es pura maquinaria! ¡Moloch cuya sangre es el
fluir del dinero! ¡Moloch cuyos dedos son diez ejércitos!
¡Moloch cuyo pecho es una dinamo caníbal! ¡Moloch cuyo
oído es una humeante tumba!
¡Moloch cuyos ojos son un millar de ventanas cegadas! ¡Moloch cuyos
rascacielos se yerguen en las largas avenidas como inacabables
Jehovás! ¡Moloch cuyas fábricas sueñan y croan en
la niebla! ¡Moloch cuyas chimeneas y antenas coronan las
ciudades!
¡Moloch cuyo amor es petróleo y piedra sin medida! ¡Moloch cuya
alma es electricidad y bancos! ¡Moloch cuya pobreza es el
espectro del genio! ¡Moloch cuyo sino es una nube de
asexuado hidrógeno! ¡Moloch cuyo nombre es la Mente!
¡Moloch en cuyo seno me aposento en soledad! ¡Moloch en cuyo seno
sueño ángeles! ¡Demente en el seno de Moloch! ¡Chupapollas
en Moloch! ¡Desamado y sin hombre en el seno de
Moloch!
¡Moloch que penetró en mi alma tempranamente! ¡Moloch en cuyo
seno soy una consciencia sin cuerpo! ¡Moloch que me
aterrorizó sacándome de mi éxtasis natural! ¡Moloch a
quien abandono! ¡Despertad en el seno de Moloch! ¡La
Luz cae del cielo en torrentes!
¡Moloch! ¡Moloch! ¡Robóticos apartamentos! ¡suburbios invisibles!
¡tesorerías esqueléticas! ¡capitales ciegos! ¡demoníacas industrias!
¡naciones espectrales! ¡manicomios invencibles!
¡penes de granito! ¡bombas monstruosas!
¡Se quebraron las espaldas elevando a Moloch hasta los Cielos!
¡Pavimentos, árboles, radios, toneladas! ¡elevando la ciudad
al Cielo que existe y está por doquiera en torno nuestro!
¡Visiones! ¡presagios! ¡alucinaciones! ¡milagros! ¡éxtasis! ¡arrastrados
todos por el río americano!
¡Sueños! ¡adoraciones! ¡iluminaciones! ¡religiones! ¡todo el cargamento
de sensiblera bazofia!
¡Adelantaos! ¡sobre el río! ¡flipes y crucifixiones! ¡todo arrastrado por
la corriente! ¡Globos! ¡Epifanías! ¡Desesperaciones! ¡Diez
años de gritos y suicidios de animales! ¡Mentes! ¡Nuevos
amores! ¡Loca generación! ¡abajo sobre las rocas del
Tiempo!
¡Auténtica risa sagrada en el río! ¡Lo vieron todo! ¡los ojos
enloquecidos! ¡los sagrados alaridos! ¡Se despidieron!
¡Saltaron desde el tejado! ¡hacia la soledad! ¡agitando el
brazo! ¡con flores en las manos! ¡Al río! ¡a la calle!

III

Carl Solomon! Estoy contigo en Rockland
donde tú estás más loco que yo
Estoy contigo en Rockland
donde debes sentirte muy extraño
Estoy contigo en Rockland
donde imitas la sombra de mi madre
Estoy contigo en Rockland
donde has asesinado a tus doce secretarias
Estoy contigo en Rockland
donde somos grandes escritores que utilizan la misma
horrible máquina de escribir
Estoy contigo en Rockland
donde te ríes de este invisible humor
Estoy contigo en Rockland
donde tu estado ha llegado a ser crítico y dan partes sobre
él en la radio
Estoy contigo en Rockland
donde las facultades del cráneo no admiten ya a los
gusanos de los sentidos
Estoy contigo en Rockland
donde bebes el té de los pechos de las solteras de
Utica
Estoy contigo en Rockland
donde bromeas acerca de los cuerpos de tus enfermeras las
arpías de Bronx
Estoy contigo en Rockland
donde chillas enfundado en una camisa de fuerza que
estás perdiendo la partida del verdadero pingpong del
abismo
Estoy contigo en Rockland
donde aporreas sobre el catatónico piano el alma es
inocente e inmortal jamás debería morir abandonada de
Dios en un manicomio armado
Estoy contigo en Rockland
donde cincuenta shocks más no devolverán a tu cuerpo
su alma de su peregrinación a una cruz en el
vacío
Estoy contigo en Rockland
donde acusas a tus doctores de locura y planificas la
revolución socialista Hebrea contra el Gólgota nacional
fascista
Estoy contigo en Rockland
donde desgarrarás los cielos de Long Island y resucitarás
a tu Jesús humano y viviente de la tumba sobrehumana
Estoy contigo en Rockland
donde hay veinticinco mil camaradas locos cantando todos
juntos las estrofas finales de la Internacional
Estoy contigo en Rockland
donde abrazamos y besamos a los Estados Unidos bajo las
sábanas los Estados Unidos que tose toda la noche y no
nos deja dormir
Estoy contigo en Rockland
donde nos despertamos del coma electrizados por los
aviones de nuestras propias almas que rugen sobre el
tejado han venido a dejar caer angélicas bombas el
hospital se ilumina a sí mismo se derrumban
paredes imaginarias            Oh escuálidas legiones
salid corriendo de aquí               Oh conmoción de misericordia
salpicada de estrellas la guerra eterna ha llegado      Oh
victoria, olvida tu ropa interior somos libres
Estoy contigo en Rockland
en mis sueños tú caminas chorreando de un viaje por mar
sobre la autopista que atraviesa América anegado en
lágrimas hasta la puerta de mi casa de campo en la noche
de Occidente

San Francisco, 1955-56

Nota a pie de página de Aullido

¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!
¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!
¡El mundo es santo! ¡El alma es santa! ¡La piel es santa! ¡La nariz
es santa! ¡La lengua y la verga y la mano y el agujero del
culo!
¡Todo es santo! ¡todo el mundo es santo! ¡todo lugar es santo! ¡todo
día pertenece a la eternidad! ¡Todo hombre es un ángel!
¡El vagabundo es tan santo como el serafín! ¡el demente es santo como
santa eres tú, alma mía!
¡La máquina de escribir es santa el poema es santo la voz es santa los
oyentes son santos el éxtasis es santo!
¡Santo Peter santo Allen santo Solomon santo Lucien santo Kerouac
santo Huncke santo Burroughs santo Cassady santos los
desconocidos jodidos y sufrientes mendigos santos los
odiosos ángeles humanos!
¡Santa mi madre en su manicomio! ¡Santas las vergas de los abuelos
de Kansas!
¡Santo el quejumbroso saxofón! ¡Santo el apocalipsis bop! ¡Santas las
bandas de jazz los pasotas la marihuana la paz & droga
& batería!
¡Santas las soledades de rascacielos y aceras! ¡Santas las cafeterías
atestadas por los millones! ¡Santos los misteriosos ríos de
lágrimas que corren bajo las calles!
¡Santo el solitario juggernaut! ¡Santo el vasto borrego de la clase
media! ¡Santos los pastores dementes de la rebelión! ¡Aquel
a quien le gustan Los Ángeles ES Los Ángeles!
¡Santo Nueva York Santo San Francisco Santo Peoría & Seattle
Santo París Santo Tánger Santo Moscú Santo Estambul!
¡Santo el tiempo en la eternidad santa la eternidad en el tiempo
santos los relojes en el espacio santa la cuarta dimensión
santa la quinta Internacional santo el Ángel en Moloch!
¡Santo el mar santo el desierto santa la vía férrea santa la locomotora
santas las visiones santas las alucinaciones santos
los milagros santo el globo ocular santo el
abismo!
¡Santo el perdón! ¡misericordia! ¡caridad! ¡fe! ¡Santos! ¡Nuestros!
¡cuerpos! ¡sufriendo! ¡magnanimidad!
¡Santa la sobrenatural extrabrillante inteligente bondad del alma!

Nicanor Parra,Miguel Grinberg y Allen Ginsberg (La Habana - febrero 1965)

Nicanor Parra, Miguel Grinberg y Allen Ginsberg (La Habana – febrero 1965)

Irwin Allen Ginsberg (Newark, 3 de junio de 1926 – New York, 5 de abril de 1997). Ha escrito Kaddish y otros poemas,  Sandwiches de la realidad, Cartas de la Ayahuasca (escrito con William Burroughs: texto que narra sus aventuras por Latinoamérica en busca de esa bebida exótica), Noticias del Planeta, entre otros.

Perteneciente a la famosa Generación Beat (Jack Kerouac, Carl Salomon, William Burroughs, Gregory Corso, entre otros). Su libro Aullido y otros poemas junto a En el Camino de Jack Kerouac, serían los más emblemáticos de esta generación, ya que en ellos nos presentan a los integrantes de la misma, sus aventuras y sus sueños. Una generación de jóvenes escritores y artistas heridos por el mundo, pero con el talento y energía suficiente para levantarse y mostrarnos muchas de las obras más resaltantes de la segunda mitad del siglo XX.

Lee también►Cartas de la Ayahuasca: Viajando con Burroughs y Ginsberg

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Adam Gai dice:

Una enorme escupida de poesía, una música de barro, pero música y una conciencia desesperada del dolor. Ginsberg fue una hipérbole y esta traducción la respeta

Adam Gai dice:

Esa capacidad de escupir poesia a raudales, música de barro pero música y una portentosa conciencia de la locura propia y de la de los otros y una galopante traducción.

Thanks for finally writing about >El más genial poema de Allen Ginsberg: Howl (Aullido) <Liked it!

En las batallas contra los duendes no hay limite de tiempo, así que tienes la posibilidad de tardarse el tiempo que quieras arrasando la aldea y ganar la batalla.